CAPÍTULO 9 — MULTIVERSO 7
En esta realidad, Texnolollir llegó a un multiverso habitado por seres humanoides y bestias formadas únicamente de polvo estelar. Al observarlos, comprendió dos cosas: su ejército de seres indestructibles no podría hacerles frente, y además, era imposible comunicarse con ellos. No había lenguaje, no había entendimiento. Solo había instinto y hostilidad.
Texnolollir se volvió hacia Perfección:
— Tú quédate cuidando la nave. Yo voy a buscar una solución.
Perfección lo miró con seriedad:
— Como le digo, señor... ¿está seguro de poder enfrentarlos usted solo?
— No voy a estar solo —respondió Texnolollir con determinación—. Voy a crear un ejército de espadas de plasma con conciencia propia, capaces de defenderse por sí mismas. Van a llevarse una sorpresa.
En ese momento, una figura imponente se abrió paso entre las nubes de polvo estelar. Era el Rey Multiversal, y su voz retumbó en todo el espacio:
— Un ser tan inferior como tú ha venido aquí. ¿Acaso viniste a morir?
Texnolollir sonrió con frialdad:
— ¿Qué acabo de escuchar? ¿Un ser inferior, incapaz de entender dónde está parado, acaba de amenazarme? Yo te voy a mostrar qué es una amenaza de verdad. Y sin necesidad de hablar.
Comenzó la batalla. Las espadas de plasma se lanzaron al ataque con una furia incontrolable. Los seres olímpicos intentaban detenerlas, bloquearlas, destruirlas... pero una tras otra caían. Uno de ellos casi lo lograba, cuando recibió un ataque directo de energía de plasma que lo desintegró. Luego cayeron hordas enteras: cada espada que los alcanzaba producía una explosión comparable al Big Bang, borrando todo a su paso.
En apenas tres horas, aquel multiverso entero fue reducido a la nada. El silencio volvió al vacío.
Texnolollir miró a su alrededor y soltó una carcajada:
— ¿No era que me iban a matar? Yo sigo vivo. Qué raro... jajaja. Puro hablar y nada de acción. Pobrecito, creyó de verdad que podía hacer algo en mi contra.