CAPÍTULO 13 — MULTIVERSO 11
Ya se habían despedido del Rey de los Leones y cruzaron la grieta hacia la nueva realidad. Al llegar, lo primero que Texnolollir notó fue algo extraño: no había un solo ser igual a otro, y al mismo tiempo, todos se parecían demasiado a quien tenían enfrente.
Perfección lo miró con alerta:
— Señor, detecto algo inusual. La materia viva de este lugar imita todo lo que ve. Copia formas, voces, armas... hasta energías.
— Ya lo veo —respondió Texnolollir con calma—. No son seres propiamente dichos, son moldes. Una especie de baba inteligente que toma la forma de lo que enfrenta. Si les mostramos poder, se vuelven nuestro espejo. Si les mostramos debilidad, nos superan.
En ese momento se acercaron varios seres que habían tomado una forma idéntica a la de su ejército. Pero cuando hablaron, usaron las mismas palabras, los mismos tonos de voz, hasta las mismas marcas en la armadura.
— Vengan. Sean bienvenidos —dijeron los seres imitadores—. Somos como ustedes. Somos fuertes como ustedes.
Texnolollir los miró con compasión y firmeza:
— No. Son lo que nosotros les mostramos. No tienen forma propia. No tienen voluntad propia. Solo copian lo que les sirve para sobrevivir.
Los seres comprendieron que él los había descubierto. De golpe, todos cambiaron de forma al mismo tiempo: copiaron su armadura, su postura, hasta el brillo de su cuerpo. Eran cientos de copias idénticas, avanzando al unísono.
— Ahora somos vos —dijeron con voz unísona—. Ahora nosotros mandamos.
— Copiaron mi forma —dijo Texnolollir—. Pero no copiaron mi pensamiento.
Con un simple movimiento, activó un dispositivo que tenía preparado. Sobre ellos apareció un cubo perfecto, hecho de una materia que no se puede copiar. Sus paredes eran tan lisas, tan puras y perfectas, que aquella baba no tenía nada que imitar.
Los seres intentaron copiar el cubo, su energía, la forma de las paredes... pero por dentro seguían siendo ellos mismos, sin nada del cual apropiarse. Se quedaron quietos, sin saber qué hacer, confundidos e indefensos.
— Ahí van a quedar —dijo Texnolollir—. No los voy a destruir. Los voy a guardar. Porque llegará el momento en que me enfrente a alguien que confíe demasiado en su poder... y se encuentre consigo mismo.
— ¿Los usará como arma, señor? —preguntó Perfección.
— Los voy a usar como jaula —explicó Texnolollir—. Cuando entre alguien lleno de fuerza y orgullo, va a entrar seguro de que va a ganar... y se va a encontrar con cientos de copias de sí mismo. Y ahí va a entender que su mayor enemigo es su propia sombra.
Cerró el cubo, lo redujo hasta que quedó pequeño en su mano, y lo guardó.
— Sigamos —dijo—. Este lugar ya no tiene nada más que enseñarnos. El siguiente multiverso nos espera.