Texnolollir

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CAPÍTULO 15 — MULTIVERSO 13
Llegaron a un multiverso que a simple vista parecía completamente desolado, sin rastro de vida en ninguna parte. Sin embargo, en medio de aquel vacío, descubrieron un único punto de existencia: un ser de vida artificial, una armadura con conciencia propia, que poseía una tecnología completamente diferente a cualquier cosa que Texnolollir hubiera conocido. Aquella tecnología no se basaba en circuitos ni energía convencional: todo funcionaba a través de la música. Con sonidos y ondas sonoras, esa armadura podía manipular la realidad, crear y destruir absolutamente todo. Y aunque no lo pareciera a primera vista, era un ser de un poder inmenso.
— Ya lo veo —dijo Texnolollir—. Quédense todos acá. Voy a intentar tomar esa tecnología y fusionarla con la mía.
— Pero señor... eso sería un poder demasiado grande —advirtió Perfección—. Exclusivamente para usted.
— No lo sé —respondió Texnolollir con calma—. Pero eso no quiere decir que no pueda con él.
Se acercó al ser. En cuanto llegó a cierta distancia, la armadura atacó: emitió un ruido sonoro tan potente que fue capaz de romper la realidad misma. Pero Texnolollir simplemente desapareció de ese lugar y reapareció detrás de ella. La armadura, sin inmutarse, lanzó entonces una serie de sonidos diseñados para hacer dormir a su enemigo... pero no funcionaron. Texnolollir no era un ser vivo de carne y hueso: era completamente una máquina.
La armadura cambió de estrategia: lanzó un ataque para distraerlo y, en su lugar, invocó una horda de bestias hechas para devorar dioses. Al verlas, Texnolollir calculó las probabilidades: tenía menos del 1% de posibilidades de ganar. Aun así, no retrocedió. Se puso en posición de batalla e invocó sus espadas de plasma... pero para su sorpresa, resultaron ser completamente inútiles contra aquellas criaturas.
Entonces recordó. Tenía consigo un arma que le habían entregado: un dispositivo capaz de apagar cualquier tecnología. La usó al instante. La armadura se apagó y quedó inmóvil... pero las bestias seguían peleando. Esas criaturas no dependían de la tecnología de la armadura.
Texnolollir comenzó a esquivar los ataques de un lado a otro, buscando una apertura, un punto débil. Hasta que lo encontró. Hizo que las bestias se tragaran las espadas de plasma, y les dio la orden: actívense con la fuerza de un Big Bang desde adentro. Las explosiones sucedieron una tras otra, destruyendo a casi todas las bestias. Pero una de ellas se puso de pie una vez más, resistente y furiosa.
Texnolollir, sin saber qué más hacer, sacó el cubo que había guardado en el Multiverso 11, lo lanzó sobre ella y la encerró para siempre.




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