CAPÍTULO 16 — MULTIVERSO 14: EL GUARDIÁN DE TERRARI
Al cruzar la grieta, Texnolollir y Perfección aparecieron en un mundo que parecía no tener fin, sin límites de ninguna clase. No había ciudades, ni reinos, ni ejércitos. Había solo una persona. Un ser que llevaba en su cuerpo todo el poder de aquel mundo. Había nacido allí, había vencido a cada enemigo, a cada jefe, a cada dios que alguna vez existió. Y al final... se quedó solo. Inmortal. Eterno. Nadie más podía hacerle frente. Hacía eones que esperaba a alguien que no se rompiera al primer golpe.
EL GUARDIÁN
— Por fin. Llegó alguien que no se desvanece con solo mirarlo. Estuve solo demasiado tiempo. Recorrí cada rincón, vencí cada sombra, cada bestia, cada estrella que se atrevió a desafiarme. No me quedó nada que conquistar. Nada que temer. Hasta que sentí tu presencia.
TEXNOLOLLIR
— Un solo ser en todo un multiverso... y su poder pesa más que todos los ejércitos que enfrenté. No eres un dios. Eres algo que superó a los dioses.
EL GUARDIÁN
— Tengo espadas que cortan el tiempo. Tengo magia que invoca estrellas. Tengo armaduras que me hacen intocable. He bebido de lo que otorga poder sin límite. Y soy inmortal. No puedo morir. Hoy... por primera vez en la eternidad... voy a pelear de verdad.
Sin advertencia, el cielo se tiñó de todos los colores al mismo tiempo. El Guardián alzó una espada que brillaba con la luz de todo un universo: la Espada de Terrari. Y con un solo golpe, lanzó un corte que atravesó montañas, nubes, estrellas y el espacio mismo.
Texnolollir lo esquivó por un instante, pero la onda de choque lo empujó kilómetros atrás. No era fuerza común. Era el poder de todo un mundo concentrado en un solo ser.
TEXNOLOLLIR
— Una espada que contiene el poder de todas las demás... interesante.
El Guardián no se detuvo. Cambió de arma en un parpadeo: lanzó estrellas mágicas que llovían sin descanso, invocó criaturas hechas de luz y sombra, bebió pociones que lo hacían moverse más rápido de lo que la vista podía seguir, y su armadura brillaba con tal fuerza que cualquier ataque se desviaba antes de tocarlo. Era como pelear contra un ejército entero, contra todos los jefes, contra todo el mundo al mismo tiempo.
Texnolollir activó su campo de defensa. Sus espadas de plasma salieron al encuentro... y fueron hechas pedazos. Los rayos que disparó fueron absorbidos. Las barreras que levantó fueron cortadas como si fueran tela. El Guardián peleaba con el conocimiento de quien ha vencido a todo lo existente. Sabía cómo se mueve todo. Sabía cómo se rompe todo.
EL GUARDIÁN
— ¡Más fuerte! ¡No te rompas todavía! ¡Por fin tengo a alguien que aguanta!
Texnolollir retrocedió, calculando a velocidad vertiginosa. Cada golpe, cada cambio de arma, cada hechizo... ese ser no tiene un solo poder: los tiene TODOS. Puede cambiar de habilidad en el mismo instante. Y encima... no se cansa. No muere.
En un instante, el Guardián cambió su espada por la más terrible de todas: la que corta la realidad misma. La hoja brilló con un resplandor cegador. Al golpear, el espacio se rompió como cristal alrededor de Texnolollir. Por primera vez, su cuerpo casi intangible fue alcanzado. Se vio obligado a materializarse por completo para resistir el impacto.
TEXNOLOLLIR
— Corta lo intangible... corta lo que no existe. Esa espada no respeta reglas.
EL GUARDIÁN
— Nada se interpone en mi camino. Ni tiempo, ni espacio, ni dioses. ¿Y tú? ¿Vas a quedarte ahí mirando o vas a pelear de verdad?
Texnolollir sonrió. Por primera vez en incontables multiversos, alguien lo había empujado al límite. Alguien que no se rompía, que no caía, que cambiaba de poder más rápido de lo que él podía calcular.
TEXNOLOLLIR
— Perfección. Quédate ahí. Esta pelea es mía.
PERFECCIÓN
— Pero señor... su poder crece con cada golpe. No tiene límite.
TEXNOLOLLIR
— Lo sé. Es la primera vez que me encuentro con alguien que tiene más trucos que yo. Y eso... me gusta.
El Guardián cargó de nuevo: todas sus armas, toda su magia, todo su poder convergiendo en un solo golpe que habría borrado cualquier estrella. Texnolollir no lo esquivó. Lo recibió de frente. Y en ese choque, todo el multiverso alrededor dejó de existir por un instante.