CAPÍTULO 17 — MULTIVERSO 14: EL GUARDIÁN DE TERRARI — PARTE 2
El choque fue tan fuerte que las estrellas se apagaron a su alrededor. Texnolollir retrocedió, pero no cayó. El Guardián no dio respiro: en un parpadeo cambió de arma. Ya no era espada: invocó lanzas que atravesaban el tiempo, arcos que disparaban lluvias de estrellas, magia que hacía llover fuego sagrado y sombras puras. Cada golpe era un poder distinto, cada segundo una amenaza nueva. No había un patrón que calcular, no había debilidad que explotar.
EL GUARDIÁN
— ¡Esto es solo el comienzo! ¡Vi cómo se mueve tu cuerpo, vi cómo se rompe tu campo! ¡Ahora probá esto!
Se envolvió en una armadura de luz tan brillante que cegaba, y al instante siguiente se cubrió con una coraza hecha de sombras que devoraban la energía. Se movió más rápido que la vista, golpeó desde arriba, desde abajo, desde el pasado y desde el futuro. Texnolollir bloqueaba, esquivaba, contraatacaba... y cada golpe que conectaba era absorbido, devuelto, o simplemente no hacía efecto. El Guardián sanaba al instante. No había herida que le durara.
Texnolollir lanzó su ataque más potente: una descarga que habría borrado continentes en un segundo. El Guardián simplemente alzó un escudo que brilló con siete colores, y el rayo se desvió como agua sobre piedra.
EL GUARDIÁN
— He sobrevivido a la destrucción de mi propio mundo. He vencido a señores de la luna y a dioses que devoran existencias. Tu poder es imponente... pero acá, en mi multiverso, YO SOY EL QUE PONE LAS REGLAS.
Texnolollir lo miró, respiró hondo, y por primera vez en eones dejó de calcular y empezó a pelear de verdad. Dejó de usar tecnología y se lanzó al combate cuerpo a cuerpo, con la velocidad y fuerza que su cuerpo mejorado podía dar. Golpe tras golpe, choque tras choque. El suelo se hizo polvo, el cielo se rasgó, el tiempo se detuvo y volvió a arrancar. Pelearon así durante horas, días... ninguno cedió ni un paso.
Al final, ambos se detuvieron al mismo tiempo, jadeando, con el campo de batalla reducido a la nada.
EL GUARDIÁN
— ...Por fin.
Bajó su espada. No se rindió. Simplemente... dejó de pelear.
EL GUARDIÁN
— Nadie me había durado tanto. Nadie me había empujado a usar TODO lo que tengo. Ni dioses, ni reyes, ni nadie. Me quedé solo porque todos se rompían antes de poder hablarme. Tú... tú no te rompiste.
TEXNOLOLLIR
— Tú tampoco te rompiste. Calculé mil formas de vencerte y ninguna sirvió. Eres inmortal, tienes todo el poder de este mundo, y encima... peleas con honor. No peleabas para destruirme. Peleabas porque estabas solo y necesitabas a alguien que te aguantara.
EL GUARDIÁN
— No quiero pelear más. Quiero saber tu nombre.
TEXNOLOLLIR
— Soy Texnolollir.
EL GUARDIÁN
— Yo... no tengo nombre. Hace tanto tiempo que nadie me llama por ninguno. Pero si quieres... puedes llamarme Terrari.
Texnolollir guardó sus armas. Terrari hizo lo mismo. Por primera vez en su vida eterna, el Guardián tenía a alguien de su mismo nivel. Alguien que no se asustaba, que no se rompía, que lo entendía.
TEXNOLOLLIR
— Terrari... este multiverso está en paz. Y está solo. Si quieres venir conmigo... verás mundos que ni imaginaste. Tendrás peleas, tendrás amigos. Y nadie te va a superar.
TERRARI
— ¿Tendré a alguien con quien pelear así todos los días?
TEXNOLOLLIR
— Algún día. Pero por ahora... tendrás a mí.
Terrari sonrió. Por primera vez en la eternidad, no estaba solo.
TERRARI
— Entonces vamos. Si alguien se atreve a ponerse en tu camino... que se enfrente a mí.
Y así, el Guardián más poderoso de todos los multiversos dejó su mundo y subió a la nave. No como prisionero. No como enemigo. Como el primer igual que Texnolollir encontró en toda su existencia.
PERFECCIÓN
— Señor... ¿se confía en él?
TEXNOLOLLIR
— Perfección. Hay seres que se vuelven poderosos por lo que consiguen. Y hay seres que son poderosos por lo que SON. Él es de los segundos. Y jamás nos traicionaría. Porque... finalmente tiene amigos.