Texnolollir

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CAPÍTULO 18 — MULTIVERSO 15: LA TRANSFORMACIÓN CALAMITY
Crucen, crucen, crucen... el espacio se rasga como tela vieja y la nave avanza hacia lo que hay del otro lado. Cuando la realidad se recompone, están en un multiverso donde no hay estrellas brillantes, no hay mundos habitados, no hay civilizaciones. Solo quedan escombros de planetas, polvo de soles muertos y un silencio tan pesado que duele en los oídos.
Texnolollir analiza todo en un instante.
TEXNOLOLLIR
— No hay inteligencia. No hay razas. No hay estructuras. Aquí solo hay... huellas. Huellas de algo que pasó devorando todo.
Terrari lo mira, y por primera vez habla con una seguridad que no admite respuesta.
TERRARI
— Quedate vos aquí. No bajes. No te acerques. Esto es mío.
TEXNOLOLLIR
— ¿Estás seguro? Esto no es simple. Siento presencias que rompen escalas de poder.
TERRARI
— Lo sé. Por eso me toca a mí. Vos ya hiciste demasiado. Ahora mirá.
Terrari da un paso hacia adelante. Su cuerpo empieza a brillar, pero no con la luz suave de antes. Esta luz se contrae, se comprime, se vuelve densa como una estrella de neutrones. Y entonces habla, y su voz ya no suena igual: suena como si hablara el universo mismo.
TERRARI
— Esto que ves ahora... no es todo. Ni siquiera es la décima parte. Siempre me contuve. Siempre respeté. Pero aquí... aquí no hay nada que respetar. Solo hay cosas que devoran.
Se detiene. Cierra los ojos. Y en ese instante todo el espacio alrededor se oscurece como si el sol se hubiera apagado.
TERRARI
— Mi nombre es Terrari. Pero cuando ya no hay reglas... cuando ya no hay límites... me llamo CALAMITY.
LA TRANSFORMACIÓN
Una explosión de luz cegadora estalla sin hacer ruido. Cuando la luz se asienta, Terrari ya no es el mismo: su cuerpo brilla con un resplandor dorado-blanco tan intenso que quema el espacio alrededor, dejando estelas de luz pura con cada movimiento. Sus contornos ya no son fijos: vibran con una energía que desborda, como si su forma estuviera a punto de convertirse en pura energía. Sus ojos arden con un fuego que no tiene color, como si miraran directamente al corazón de una estrella moribunda. Su presencia aplasta la gravedad misma: los escombros de planetas flotan alrededor suyo, girando a su voluntad sin que los toque.
CALAMITY
— Vengan. Devoradores de mundos. Devoradores de dioses. Vengan a ver qué pasa cuando intentan devorar algo que no se puede comer.
LA PRIMERA OLA
Del vacío emergen. No son uno ni dos: son miles. Gusanos colosales, cuerpos segmentados que se extienden por kilómetros, bocas llenas de dientes que muerden la luz misma. Son los Devoradores de Dioses, seres que no piensan, no sienten, solo devoran. Han vaciado este multiverso de vida, de magia, de poder. Y ahora sienten algo más grande que ellos.
El más grande de todos, un gusano tan largo que conecta dos regiones del espacio, abre la boca y ruge. El sonido rompe la realidad. Y se lanza.
Calamity no se mueve. Solo levanta una mano.
El gusano choca contra un muro de luz invisible. Su cuerpo de kilómetros se detiene como si hubiera golpeado contra una estrella. Y con un simple movimiento de dedos, Calamity lo aplasta. El cuerpo del devorador se desintegra en fragmentos que arden al contacto con su aura.
Pero no hay tiempo para descansar. Cientos de ellos salen de la nada, envolviéndolo todo, formando una jaula de cuerpos vivientes.
LA BATALLA — FASE 1: LA LUZ QUE ROMPE
Los devoradores atacan desde todos los ángulos. Lanzan rayos que consumen la existencia, abren portales para morder desde otras dimensiones, se dividen en gusanos más pequeños para rodearlo.
Calamity se mueve entre ellos como un rayo. Cada movimiento suyo es un golpe que desintegra cuerpos que devoraban dioses sin esfuerzo: pasa la mano y una ola de energía corta docenas de cuerpos al mismo tiempo; los segmentos caen al vacío y se desintegran antes de tocar nada. Levanta la palma y la gravedad se invierte: cientos de devoradores salen despedidos hacia afuera como si pesaran menos que nada. Chasquea los dedos y rayos de luz pura caen del cielo, cada rayo atraviesa cuerpos uno tras otro, dejando agujeros que se cierran solos detrás de ellos.
Pero los devoradores no se rinden. No saben rendirse. Cuantos más matan, más salen. De las sombras emergen los más grandes: los Devoradores Primordiales, seres que comieron dioses enteros y crecieron con su poder. Estos no miden kilómetros: miden sistemas solares.
LA BATALLA — FASE 2: EL DEVORADOR MÁS GRANDE
El más grande de todos emerge. Su cuerpo segmentado se extiende tan lejos que no se ve el final. Es el Devorador de Dioses Supremo, el que vació este multiverso por sí solo. Su boca se abre y traga estrellas enteras como si fueran granos de arena. Se lanza contra Calamity, y su solo paso rompe el tejido del espacio-tiempo.
Calamity lo mira venir y no retrocede ni un paso.
El choque es tan inmenso que hace temblar el multiverso entero. Los escombros de planetas se pulverizan. Las grietas en la realidad se abren por todas partes. Y cuando el polvo se asienta...
Calamity está de pie. Y el Devorador Supremo está herido.
CALAMITY
— Comiste mundos. Comiste dioses. Y creíste que eso te hacía fuerte. Pero nunca te enfrentaste a algo que no se puede devorar.
El Devorador ruge y se divide en mil cuerpos, cada uno con su propia boca, cada uno lanzando rayos que borran la existencia. Lo rodean todo, lo muerden desde todos los lados al mismo tiempo.
Por primera vez, Calamity cierra los ojos y respira hondo.
CALAMITY
— Ya basta de contenerme.
LA BATALLA — FASE 3: EL RESPLANDOR MÁXIMO
Su cuerpo explota en luz. No es un brillo cualquiera: es la energía acumulada de dioses, mundos, y todo lo que Terrari fue en toda su existencia. La luz es tan intensa que los cuerpos de los devoradores empiezan a quemarse solo con estar cerca. No los toca: su aura los quema. Cada paso que da deja una estela de fuego que no se apaga. Levanta ambos brazos y todo el espacio se detiene: los miles de devoradores quedan congelados en el aire, incapaces de moverse.
CALAMITY
— Ustedes viven para devorar. Yo existo para ser más grande que todo lo que existe.
Con un movimiento lento, Calamity cierra la mano.
Los cuerpos de los miles de devoradores se desintegran al mismo tiempo. No hay sangre, no hay ruido: simplemente dejan de existir. Pero el Devorador Supremo no muere. Se recompone, más grande, más furioso, su cuerpo ahora ardiendo con un fuego oscuro que consume incluso la luz de Calamity.
El Devorador ataca con todo lo que tiene: rayos que borran de la existencia, mandíbulas que muerden el tiempo mismo, cuerpos que se multiplican sin fin.
Calamity recibe el impacto de frente. No retrocede. Su armadura se quema, su cuerpo se rasga... y se repara solo más rápido de lo que se rompe.
CALAMITY
— ¿Eso es todo? ¿Lo que comiste de todos esos dioses fue suficiente para lastimarme?
EL FINAL
Calamity se concentra. Todo el poder del multiverso parece fluir hacia él. Su luz se vuelve tan brillante que Texnolollir, desde la nave, tiene que apartar la vista.
CALAMITY
— Devoraste mundos. Devoraste dioses. Pero hay algo que nunca vas a poder devorar... mi voluntad.
Extiende una mano y de su palma nace una lanza hecha de luz absoluta, tan brillante que parece un sol entero comprimido en forma de arma. Y con un movimiento que rompe el aire de todo el multiverso...
La lanza atraviesa al Devorador Supremo de parte a parte.
El gusano colosal se detiene. Su cuerpo de sistemas solares se empieza a desmoronar, fragmento por fragmento, hasta que no queda nada más que polvo estelar que se dispersa en el vacío.
SILENCIO.
No quedan devoradores. No quedan enemigos. Solo queda Calamity, de pie en medio de la nada, su luz empezando a bajar de intensidad poco a poco.
DESPUÉS DE LA BATALLA
Texnolollir se acerca. Lo ve caer de rodillas un instante, respirando hondo, todavía temblando con energía sobrante. La transformación empieza a desvanecerse: Calamity se apaga y vuelve a ser Terrari, cansado, pero de pie.
TERRARI
— Ya está. Se acabó.
TEXNOLOLLIR
— Ese poder... no tiene medida.
TERRARI
— Por eso casi nunca lo uso. Porque cuando soy Calamity... ya no hay reglas. Ya no hay límites. Y si no me cuido, puedo romper hasta el multiverso que estoy defendiendo.
Se levanta. Mira el vacío donde antes había miles de devoradores.
TERRARI
— Vamos. Este multiverso está limpio. No queda nada que devorar. Y no queda nada que temer.




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