CAPÍTULO 20 — MULTIVERSO 17: EL ALMA DEL MUNDO
La nave cruza la frontera y la realidad cambia por completo. No hay vacío. No hay silencio. No hay frío. Lo que los recibe es una luz suave, cálida, que no quema, que envuelve como el abrazo de alguien que te conoce desde siempre. Las estrellas no son puntos lejanos: parecen luces que respiran. Las galaxias se curvan en formas que parecen sonreír. Y en el centro de todo, de pie, esperándolos, hay una figura.
Es una mujer. Tan hermosa que no se puede describir con palabras, no porque sea perfecta sin vida, sino porque en cada rasgo hay una calidez, una bondad, una comprensión tan profunda que al mirarla uno siente que ya la conocía desde antes de nacer. Su cuerpo humanoide está tejido de luz y de materia estelar, como si el mismo universo hubiera tomado forma para hablarles. Sus ojos tienen el color de todos los soles que alguna vez brillaron, y en ellos no hay juicio, no hay temor, no hay duda. Solo bienvenida.
Texnolollir desciende solo. Siente que no necesita a nadie más. Que este lugar es para él, y para él solo. Al acercarse, nota que en todo este multiverso hay incontables seres que se dicen dioses, que ostentan poderes inmensos, que gobiernan mundos y piden adoración. Pero al ver a esa figura, Texnolollir entiende de golpe: todos esos seres juntos no son ni la sombra de lo que ella es. Son luces de luciérnaga comparadas con el sol.
Ella lo mira y sonríe. No es una sonrisa de cortesía, ni de poder, ni de desafío. Es la sonrisa de alguien que vio cada paso que dio, cada herida que soportó, cada vez que se levantó cuando todo le decía que cayera.
EL SER ABSOLUTO
— Por fin llegaste. Te estuve esperando desde que diste tu primer paso solo.
Texnolollir se detiene, sorprendido de que su corazón, que casi nunca se acelera, lata un poco más rápido.
TEXNOLOLLIR
— ¿Me conocés? Nunca estuve aquí. Nunca crucé esta frontera.
EL SER ABSOLUTO
— Yo soy este multiverso. Yo soy el espacio que te sostiene, el tiempo que te deja avanzar, la materia de la que están hechas tus células y la energía que mueve tus pensamientos. No te vi llegar. Te vi ser concebido. Te vi crecer. Te vi romperte y reconstruirte mil veces. Y te vi decidir que ibas a ser más grande que todo lo que te quería limitar.
Ella da un paso hacia él. No hay amenaza en su movimiento. No hay presión. No hay gravedad que aplaste. Solo una presencia tan suave que uno siente que podría descansar en ella para siempre. Extiende la mano. Un solo dedo se acerca lentamente a su frente. Sin tocarlo todavía, Texnolollir ya siente algo que nunca sintió: la paz absoluta, la certeza de que todo está bien, la comprensión de cada cosa que es y que será.
EL SER ABSOLUTO
— Muchos vienen aquí pidiendo poder. Otros piden sabiduría. Otros piden que les resuelva sus problemas. Vos venís y no pedís nada. Solo venís a ver qué hay aquí. Y eso... eso es lo que te hace diferente.
El dedo lo toca suavemente en su frente. No duele. No hay chispas. No hay explosión. Pero en ese instante, Texnolollir siente como si se abriera una puerta dentro de su cabeza que nunca sabía que existía. De repente entiende cosas que no tienen nombre. Entiende por qué el tiempo fluye como fluye. Entiende por qué algunos seres nacen sufriendo y otros naciendo felices. Entiende el sentido de cada pequeña cosa que parece no tener sentido. Y junto con esa sabiduría, llega algo más: un poder que no se siente como fuerza bruta, sino como autoridad. La autoridad de quien sabe cómo funciona todo. Un poder que no necesita romper nada, porque simplemente entiende cómo hacer que todo se acomode a su voluntad.
Texnolollir respira hondo. Siente que su mente se expandió hasta abarcar estrellas.
TEXNOLOLLIR
— ¿Por qué? ¿Por qué me das esto? No te hice nada. No te gané en batalla. No te demostré nada.
EL SER ABSOLUTO
— No te lo doy porque te lo ganaste. Te lo doy porque te lo merecías desde antes de que supieras que existía. Mirá lo que hiciste sin esto. Mirá todo lo que resolviste, todo lo que construiste, todo lo que defendiste, sin sabiduría completa, sin poder completo. Imaginate lo que vas a hacer ahora que ya no tenés límites.
Ella lo invita a caminar, y juntos empiezan a caminar por un camino hecho de luz y de polvo de estrellas. A su alrededor, los seres poderosos de ese multiverso bajan la cabeza al verlos pasar. Ninguno se atreve a interrumpir. Ninguno se atreve a hablar. Porque saben que algo único está ocurriendo.
EL SER ABSOLUTO
— Sabés por qué te lo doy a vos y no a los que aquí se dicen dioses? Porque ellos quieren el poder para mandar. Vos lo querés para entender. Ellos quieren que el mundo se adapte a ellos. Vos te adaptaste al mundo y luego lo mejoraste. Y eso... eso es lo que hace la diferencia.
TEXNOLOLLIR
— ¿Y sabés qué voy a hacer con todo esto?
EL SER ABSOLUTO
— Sí. Lo sé. Vas a seguir siendo vos. Vas a seguir caminando. Vas a seguir viendo mundos. Vas a seguir ayudando a quienes valen la pena y apartando a quienes no merecen estar. Y vas a cargar con todo este peso sin quejarte, porque es tu naturaleza cargar con lo que otros no pueden.
TEXNOLOLLIR
— A veces me pregunto por qué soy así. Por qué no puedo ser simple. Por qué no puedo descansar. Por qué todo lo tengo que analizar, entender, resolver.
EL SER ABSOLUTO
— Porque naciste para ser el equilibrio. Hay muchos que destruyen. Hay pocos que construyen. Y hay casi nadie que entienda por qué las cosas son como son. Ese eras vos. Y ahora lo vas a ser con todo lo que te falta.
Caminaron durante lo que parecieron horas, y al mismo tiempo pareció que solo habían pasado minutos. Ella le contó secretos del universo que nadie más conoce. Le explicó cómo nacen las leyes de la física, cómo se conectan los multiversos, por qué algunos poderes funcionan y otros son solo apariencia. Y cada cosa que le decía, Texnolollir la entendía al instante, como si siempre lo hubiera sabido y solo se lo estuvieran recordando.
TEXNOLOLLIR
— ¿Y vos? ¿Por qué no vas vos misma a cambiar todo lo que está mal? Podrías hacerlo en un segundo.
EL SER ABSOLUTO
— Porque si yo lo hago todo, nadie aprende. Si yo resuelvo todo, nadie crece. Yo soy la semilla, no el árbol. Yo soy la chispa, no el fuego completo. Y ahora... vos vas a llevar esa chispa a donde yo no puedo llegar. A lugares donde hay tanto dolor que ni yo puedo entrar sin que me odien. A lugares donde hay tanta oscuridad que ni yo brillo. Ahí es donde necesito que vayas vos.
Cuando la conversación terminó, regresaron al lugar donde se habían encontrado. Ella lo miró una vez más, con esa sonrisa que abraza todo.
EL SER ABSOLUTO
— Ya te llevaste lo que vine a darte. La sabiduría no se olvida. El poder no se agota. Pero hay algo más que te dejo: la certeza de que no estás solo. Que aunque camines solo por mundos donde nadie te entiende, yo te veo. Y cuando necesites recordar quién sos... vení. Este lugar siempre te va a esperar.
Texnolollir asintió. Por primera vez en mucho tiempo no sintió la necesidad de decir nada. Solo asintió, con la frente en alto, sabiendo que algo fundamental había cambiado dentro de él.
Ella lo acarició suavemente el brazo, y su contacto dejó una sensación de calidez que no se iría nunca.
EL SER ABSOLUTO
— Andá. Y hacé que valga la pena. No por mí. Por todos los que no pueden hacer lo que vos vas a poder hacer.
Texnolollir regresó a la nave. Perfección lo esperaba en silencio. Al verlo entrar, Perfección notó el cambio. No era que brillara más fuerte, ni que irradiara más poder. Era que había una calma en él que antes no estaba. Como alguien que volvió a casa después de un viaje muy largo.
La nave se alejó del multiverso 17. Y detrás de ellos, la figura de la mujer se quedó de pie, sonriendo, viéndolo ir, sabiendo que acababa de entregarle al mundo algo que este nunca había visto.