Texnolollir

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CAPÍTULO 21 — MULTIVERSO 18: LAS COPIAS BIZARRAS
La nave cruza la frontera y la realidad se deforma como una imagen reflejada en agua sucia. Cuando la vista se aclara, lo que ven no es vacío, ni es belleza, ni es orden. Es un mundo que parece copiado a mano por alguien que nunca vio lo que estaba copiando. Los cielos están torcidos, las montañas tienen formas imposibles que no se sostienen, los ríos corren hacia arriba. Todo es una copia, pero una copia mal hecha, deformada, grotesca. Una imitación tan mala que da vergüenza verla.
Texnolollir analiza todo en un instante.
TEXNOLOLLIR
— No es original. Nada aquí es original. Todo son copias. Copias de mundos que ya visitamos, copias de seres que ya enfrentamos, copias de nosotros mismos. Pero están mal hechas. Deformadas. Rotas. Como si alguien hubiera visto lo que somos e intentara hacerlo sin entender cómo funciona nada.
PERFECCIÓN
— Detecto presencias. Tres presencias principales. Y no son ellos. Son versiones deformadas de nosotros. Copias bizarras.
TERRARI
— Una copia de mí. Y si es como el resto de este lugar... va a ser algo que no quiero ver.
TEXNOLOLLIR
— Y una copia de mí. Y una copia de Perfección. Los tres juntos, pero mal hechos. Alguien nos copió y se equivocó en todo.
TERRARI
— Entonces vamos a tener que enfrentarnos a nosotros mismos. Pero versiones que no nos merecen.
PERFECCIÓN
— Trabajaremos en equipo. Como siempre. Cada uno contra su copia. Y después veremos qué hay detrás de todo esto.
LAS COPIAS APARECEN
Del paisaje deformado salen. No aparecen, se arrastran. Y al verlos, los tres sienten algo que casi nunca sienten: asco.
La copia de Texnolollir era una figura que intentaba tener su forma, pero las proporciones estaban todas mal: cabeza demasiado grande, extremidades demasiado largas, que se doblaban en direcciones que no deberían doblarse. Sus ojos no eran ojos: eran manchas vacías que miraban sin ver. Y hablaba con una voz que intentaba sonar calculadora y fría, pero salía quebrada, arrastrada, como si no supiera formar las palabras.
LA COPIA DE TEXNOLOLLIR
— Yo... soy... el más... inteligente... yo calculo... todo... yo soy... el mejor...
TEXNOLOLLIR
— No. No lo sos. Ni siquiera sabés hablar como yo.
La copia de Perfección era una estructura geométrica intentando parecerse a ella, pero los ángulos estaban torcidos, las pirámides estaban desniveladas, la luz que emitía parpadeaba como una lámpara que se va a quemar. No tenía forma estable: se derretía y se reconstruía constantemente, sin control, sin orden.
LA COPIA DE PERFECCIÓN
— Yo... me... actualizo... yo soy... perfecta... yo... no... fallo...
PERFECCIÓN
— Fallás en todo. Incluso en intentar ser yo.
Y la copia de Terrari. Esa fue la peor. Una figura que intentaba brillar, pero su luz era sucia, amarillenta, intermitente. Su cuerpo tenía bultos donde no debía haberlos, faltaban partes, sobraban otras. Y cuando habló, su voz sonó como mil voces mal grabadas hablando al mismo tiempo.
LA COPIA DE TERRARI
— Yo soy... Terrari... yo soy... Calamity... yo soy... el más fuerte... todos me temen...
Terrari lo miró y sintió vergüenza ajena.
TERRARI
— Vos no sos yo. Yo nunca fui así. Y menos así de roto.
LA COPIA DE TERRARI
— Yo... soy... más fuerte... que vos... voy a usar... Calamity... voy a... destruirte...
LA PELEA — LOS TRES CONTRA LOS TRES
Las copias se lanzaron al mismo tiempo. No tenían estrategia. No tenían inteligencia. Solo imitaban movimientos que habían visto hacer a los verdaderos, pero los hacían mal, torcidos, sin sentido.
Texnolollir se quedó quieto frente a su copia deformada. La copia intentó hacer un cálculo, intentó predecir su movimiento, pero se equivocó desde el primer paso. Se movió hacia la izquierda cuando Texnolollir estaba a la derecha. Levantó la mano para detener algo que no venía.
TEXNOLOLLIR
— Creés que porque tenés mi forma tenés mi mente. Pero tu mente es una copia mal hecha. No sabés calcular. No sabés pensar. Solo repetís lo que escuchaste.
La copia gritó y lanzó una descarga de energía que se desarmó antes de llegar a tocarlo. Texnolollir la miró con lástima.
TEXNOLOLLIR
— Yo no necesito pelear contra vos. Solo necesito pensar. Y eso es algo que vos no podés copiar.
Con un solo gesto, desarmó la lógica de la copia. No la rompió con fuerza: simplemente le mostró que cada uno de sus cálculos estaba equivocado, que cada uno de sus razonamientos era falso. Y la copia se quedó quieta, confundida, sin saber qué hacer, porque nadie le había enseñado qué hacer cuando se equivoca.
Perfección enfrentó a su versión deformada. La copia intentó actualizarse, intentó reconfigurarse, pero cada vez que lo hacía se ponía peor: más torcida, más inestable.
LA COPIA DE PERFECCIÓN
— Yo... me... hago... mejor... cada vez... soy... más... perfecta...
PERFECCIÓN
— Vos no te perfeccionás. Vos te deformás. Porque no entendés para qué sirve la perfección. No es ser más raro. Es ser más correcto.
La copia lanzó fragmentos de cristal que se rompían antes de llegar. Perfección los esquivó sin moverse casi. Y entonces habló con una calma que hizo temblar al mundo entero.
PERFECCIÓN
— Cada vez que te intentás parecer a mí, te alejás más. Porque yo no soy la forma. Soy la razón por la que la forma existe.
Y con un movimiento ordenó cada parte de la copia. La alineó. La enderezó. Y al estar bien formada, la copia dejó de ser lo que era. Se volvió simple, quieta, y se desvaneció porque ya no tenía nada que imitar.
TERRARI Y LA FALSA CALAMITY
Pero la pelea más difícil fue la de Terrari. Porque la copia, al ver que no podía ganar, intentó hacer lo que más temía: invocar la transformación.
LA COPIA DE TERRARI
— Mirá... yo puedo... ser... Calamity... yo puedo... brillar... yo puedo... destruir...
La copia intentó transformarse. Su cuerpo se deformó más, creció, se rompió y volvió a armarse, emitió una luz sucia que hizo que todo el alrededor se pusiera más feo, más roto. Pero no fue Calamity. Fue una parodia. Una burla de algo sagrado.
TERRARI
— Pará. Pará ahora mismo. Eso no es lo que vos creés que es. Eso no se finge. Eso no se imita.
LA COPIA DE TERRARI
— Yo soy... Calamity... yo soy... el poder...
TERRARI
— No. Calamity no es solo fuerza. No es solo luz. Es contenido. Es respeto. Es saber que cuando lo usás, algo se rompe de verdad. Y vos... vos solo sos una mala imitación de algo que no entendés.
La copia se lanzó, llena de poder falso, de luz que no quemaba, de fuerza que no pesaba. Terrari la recibió sin retroceder.
TERRARI
— Me mostraste tu versión de Calamity. Ahora mirá la de verdad.
Terrari cerró los ojos. Y cuando los abrió, no hubo ruido. No hubo deformidad. Hubo luz. Una luz tan pura, tan intensa, tan perfecta, que donde tocaba la copia falsa, la falsedad se derretía como cera al sol.
TERRARI
— Mi nombre es Terrari. Y esto... esto es CALAMITY.
La verdadera transformación no rompió el mundo: lo reveló. Y al lado de esa luz, la copia falsa se dio cuenta de que no era nada. Que su poder era humo, que su brillo era sombra, que nunca fue nada más que una burla mal hecha.
LA COPIA DE TERRARI
— Yo... no soy... nada...
TERRARI
— No. No lo sos. Y ahora dejá de intentarlo.
Con un solo movimiento, Terrari atravesó la copia. No con violencia. Con lástima. Y la copia se deshizo en polvo que se llevó el viento deformado de ese mundo.
EL FINAL
Los tres se reunieron en el centro de ese mundo torcido. Las copias habían desaparecido. Y sin ellas, todo el multiverso empezó a desmoronarse poco a poco. Porque todo ese lugar no era más que una imitación sostenida por algo que ya no estaba.
TEXNOLOLLIR
— Alguien nos quiso copiar. Alguien vio lo que somos y pensó que era solo forma. Que era solo apariencia. Y se equivocó en todo.
PERFECCIÓN
— Copiaron el cuerpo. Pero no pudieron copiar lo que hay adentro.
TERRARI
— Copiaron el nombre. Pero no entendieron el peso.
Miraron cómo el mundo se iba desvaneciendo, volviéndose cada vez más borroso hasta desaparecer por completo.
TEXNOLOLLIR
— Qué triste. Pasó toda su existencia intentando copiar lo que somos. Y nunca entendió que lo que nos hace diferentes no se puede copiar.
TERRARI
— Porque la copia siempre es mala. La copia nunca llega al nivel del original. Porque el original tiene algo que la copia nunca va a tener: el motivo por el que se hizo.
Subieron a la nave. Y detrás de ellos, el multiverso de las copias bizarras dejó de existir. Porque donde hay originales, las copias no tienen lugar para quedarse.




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