Texnolollir

25

CAPÍTULO 25 — MULTIVERSO 22: EL CAMINO DE LAS ESPADAS SIN DUEÑO
La nave descendió suavemente en un mundo donde el cielo no tenía nubes, sino que estaba cruzado por luces que parecían rastrojos de batallas antiguas. Al pisar la superficie, lo primero que vieron fue eso: espadas. Miles, decenas de miles, esparcidas hasta donde alcanzaba la vista. No estaban tiradas al azar. Algunas descansaban sobre piedras lisas, otras estaban clavadas en el suelo hasta la empuñadura, otras yacían rotas, con la hoja partida en dos, pero aún irradiando una luz que no se apagaba con los siglos.
Texnolollir caminó adelante, observando cada una. Terrari iba a su lado, y Perfección seguía detrás, analizando cada objeto con una precisión infinita.
PERFECCIÓN
— Cada una de estas armas fue forjada en un tiempo distinto, en un mundo distinto, por manos diferentes. Algunas tienen miles de años. Otras tienen más antigüedad que las estrellas mismas. Y todas... todas fueron legendarias.
Texnolollir se detuvo frente a una espada cuya hoja brillaba con un fuego azul que no consumía nada. Al tocarla, sintió un calor que no quemaba, sino que hablaba.
TEXNOLOLLIR
— Esta mató a un dragón que devoraba soles. Lo dice la vibración del metal. Se siente el peso de lo que hizo.
TERRARI
— Y mirá esta. Terrari se acercó a una espada negra, sin brillo, que parecía absorber la luz alrededor. — Esta fue usada para encerrar un dios. No para matarlo, para encerrarlo. Tiene un silencio especial. Un silencio que pesa.
Siguieron caminando. A los costados no solo había espadas. Había armaduras que aún conservaban la forma de quienes las usaron, yelmos que conservaban la huella de una frente que ya no existe, escudos con marcas de golpes que habrían destrozado montañas, amuletos que latían con una energía que nadie había podido explicar. Cada objeto tenía una historia. Cada uno había sido el centro de leyendas que se contaban en mil mundos diferentes. Y ahora estaban ahí, abandonados, como si nadie hubiera podido volver a levantarlos después de sus dueños originales.
Pasaron horas. Días parecían. Y cuanto más avanzaban, más extraños se volvían los objetos. Encontraron una espada que no tenía hoja, solo luz, pero que al pasar al lado suyo, el aire se cortaba solo. Encontraron una armadura tan pesada que habría hundido un continente, pero que al tocarla se sentía como pluma. Encontraron un escudo que mostraba el futuro de quien lo miraba, pero solo el futuro más triste. Y todos estaban ahí, esperando. Esperando a alguien que pudiera volver a usarlos. O esperando a que alguien entendiera por qué estaban ahí.
PERFECCIÓN
— No fueron abandonadas porque dejaron de servir. Fueron dejadas aquí porque cumplieron su propósito. Cada una hizo lo que fue creada para hacer. Y ahora descansan. Hasta que se necesiten de nuevo.
TEXNOLOLLIR
— Pero hay algo más. Siento algo más fuerte adelante. Algo que no descansa. Algo que espera.
Caminaron más. Y al llegar al centro de todo ese campo infinito de armas legendarias, lo vieron.
En medio de un claro donde no había ninguna otra espada, ninguna otra armadura, había una piedra. No era grande ni imponente, era una piedra gris, de forma irregular, como si hubiera estado ahí desde antes de que se formara el mundo. Y clavada en ella, hasta la guarda, había una espada.
No brillaba con fuego. No irradiaba oscuridad. No tenía colores llamativos. Su hoja era de un acero simple, casi sin adornos. Pero en cuanto la vieron, los tres entendieron que todas las demás espadas que habían visto eran solo sombras al lado de esta.
Y la piedra estaba cubierta de runas. Runas que no se parecían a ninguna escritura que hubieran visto antes, pero que se podían leer con solo mirarlas, como si se grabaran solas en la mente de quien las miraba.
Texnolollir se acercó y leyó en voz alta:
— "Fui forjada con un solo propósito. No para reyes, no para guerras, no para conquistar. Fui creada para un solo ser. Un ser que aún no llega, que espera en el final de todos los caminos, en el multiverso número ciento uno. Un solo toque de mi filo, y su vida termina. No importa su poder. No importa su inmortalidad. No importa qué dioses lo protejan. Si yo lo toco, se acaba."
Terrari dio un paso hacia la espada. La miró de arriba abajo, como si pudiera ver el alma que había dentro del metal.
TERRARI
— Ese ser... el que está esperando en el multiverso ciento uno. Ese es el que vamos a encontrar. Y esta espada fue hecha para él. Hecha por alguien que sabía que íbamos a llegar. Que sabía que lo íbamos a enfrentar.
PERFECCIÓN
— Y dice que un solo toque basta. No importa qué tan fuerte sea. No importa qué defensas tenga. Esta espada rompe todo eso. Porque fue creada específicamente para él. No hay escudo que valga. No hay poder que lo detenga. Si lo toca, se acaba.
Texnolollir extendió la mano. Agarró la empuñadura. Se sentía bien. Hecha para manos que saben sostener algo pesado. Algo importante. Tiró.
La espada no se movió. Ni un milímetro.
Tiró con más fuerza. Su cuerpo se tensó. Todo su poder fluyó a sus brazos. La piedra no se quebró. La espada no se deslizó. No hizo ni un solo ruido. Siguió clavada, firme, como si fuera parte de la roca misma.
TERRARI
— ¿No sale?
TEXNOLOLLIR
— No. No es que no pueda. Es que todavía no es el momento. Las runas no mienten. Fue hecha para él. Pero también fue hecha para nosotros. Y todavía no llegamos a donde está él.
PERFECCIÓN
— Solo se va a soltar cuando estemos parados frente a ese ser. Cuando sea el momento exacto. Hasta entonces... espera. Igual que nosotros.
Texnolollir soltó la empuñadura. Se quedó mirando la espada, quieta, clavada en la piedra, con todas esas runas diciendo su destino, esperando el día en que cumpliría su única función en la existencia.
TEXNOLOLLIR
— Está bien. Quedate ahí. Nosotros vamos a ir a buscarlo. Y cuando llegue el momento... volveremos por vos.
Se dieron vuelta. Caminaron de regreso entre miles de espadas legendarias, armas que habían cambiado la historia de mil mundos. Pero ninguna de ellas se comparaba con la que habían dejado clavada en la piedra. Porque todas las demás fueron hechas para batallas que ya terminaron. Esa fue hecha para la batalla que todavía no empezó.
Y mientras se alejaban, la espada no se movió. Pero si alguien hubiera estado muy cerca, habría visto que su hoja tembló levemente. Como si supiera que ya venían por ella. Y que faltaba menos de lo que parecía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.