Texnolollir

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CAPÍTULO 29 — MULTIVERSO 26: LA LIBRERÍA DEL PRINCIPIO
La nave cruzó la frontera y el espacio dejó de ser vacío. Se transformó en algo que no se puede llamar cielo ni tampoco tierra: era un lugar infinito, ordenado, construido de hileras y hileras de estanterías que se perdían arriba, abajo y a los costados, hasta donde la vista alcanzaba. Era la Librería. El lugar donde existió todo antes de que existiera el mundo.
Y entre las estanterías, moviéndose con una calma eterna, estaban los seres. No eran como nada que hubieran visto antes. Eran figuras altas, esbeltas, con cuerpos que parecían tejidos de luz suave, y en lugar de rostro, tenían filas y filas de ojos. Ojos de todos los tamaños, de todos los colores, algunos abiertos, otros cerrados, otros que miraban en direcciones distintas al mismo tiempo. Eran los primeros seres. Los que Dios creó antes de que existiera cualquier otra cosa. No nacieron para pelear ni para construir: nacieron para observar, para recordar, para custodiar lo que estaba escrito desde el principio.
Los tres caminaron entre ellos. Los seres de múltiples ojos los miraban pasar, pero no se movieron. No hablaron. Solo observaban. Cada uno con decenas de ojos fijos en ellos, registrando cada paso, cada gesto, cada latido.
Y al llegar al centro de la Librería, donde las estanterías se abrían en un claro circular, lo vieron.
No tenía forma. No tenía cuerpo. No tenía rostro. No era una estatua ni una figura. Era simplemente luz. Luz pura, blanca, que no quemaba, que no venía de ninguna fuente, que simplemente estaba ahí, llenando todo el espacio con una presencia tan suave como absoluta. Era el primero de todos. El que estaba ahí antes de que se escribiera la primera página.
Texnolollir, Terrari y Perfección se sentaron en el suelo de piedra lisa que rodeaba esa luz. No había sillas. No había trono. Solo ellos tres, sentados, frente a esa presencia sin forma.
Y la luz habló. No con voz que saliera de una garganta. Las palabras se formaron directamente en la mente de cada uno, pero dirigidas a uno solo: a Texnolollir.
LA LUZ
— Texnolollir. Te estuve esperando. De todos los que caminan por los mundos, vos sos el que más veces pasó por acá sin detenerse. Por fin te sentaste.
Texnolollir no se sorprendió. Asintió simplemente.
TEXNOLOLLIR
— Vine a ver qué hay antes de todo.
LA LUZ
— Estás viéndolo. Esto es lo primero. Los seres que ves alrededor… fueron lo primero que se pensó. Antes de los soles, antes de la vida, antes del tiempo. Se les dio ojos para que nada se les escapara. Se les dio memoria para que nada se perdiera. Y acá están, desde siempre, mirando todo lo que pasa.
En ese momento, la luz se dirigió más allá de Texnolollir. Hacia los otros dos. Sin moverse, sin cambiar de brillo, los vio a ambos con la misma claridad con la que veía a Texnolollir.
LA LUZ
— A vos, Terrari… y a vos, Perfección… les tengo una pregunta. Y quiero que me contesten con la verdad. ¿Por qué lo siguen?
Terrari se quedó quieto un instante. Miró a Texnolollir y luego a esa luz infinita.
TERRARI
— Porque él ve lo que yo no veo. Yo sé pelear. Yo sé destruir y crear. Pero él sabe por qué. Y cuando alguien sabe por qué las cosas pasan… vale la pena caminar a su lado.
LA LUZ
— Y vos, Perfección?
PERFECCIÓN
— Porque él es el único que no intenta ser perfecto. Él es incompleto, cambia, crece, se equivoca y sigue. Y justamente porque no es perfecto… me enseña a mí qué significa perfeccionarse de verdad. Lo sigo porque él me muestra hacia dónde ir.
La luz brilló más suavemente, como si sonriera. Y entonces volvió a dirigirse a Texnolollir, exclusivamente a él.
LA LUZ
— Ellos te siguen porque ven algo en vos que vos mismo no terminás de ver. Pero yo te pregunto a vos: ¿y vos? ¿Por qué hacés todo esto? ¿Por qué vas de multiverso en multiverso? ¿Por qué conocés a todos, peleás con todos, entendés a todos… y seguís caminando? ¿Qué buscás, Texnolollir?
Texnolollir miró las estanterías infinitas, los seres de mil ojos que los observaban desde lejos, y luego miró esa luz que no tenía forma. Y habló con una sinceridad que rara vez mostraba.
TEXNOLOLLIR
— No sé exactamente qué busco. Sé que hay algo más adelante. Sé que al final de todo, en el multiverso ciento uno, hay alguien que estoy esperando conocer. Pero más allá de eso… creo que camino porque alguien tiene que entenderlo todo. Alguien tiene que ver cada mundo, cada ser, cada historia, y saber que existieron. Si nadie los ve… es como si nunca hubieran estado. Y yo no quiero que nada se pierda. Igual que acá. Igual que ustedes.
LA LUZ
— Entendés. Por eso sos el que camina. Porque no venís a conquistar. Venís a recordar.
La luz se movió entre ellos, como si pasara de uno a otro.
LA LUZ
— Y ahora te pregunto otra cosa. Cuéntame de tu nave. De ese lugar donde vivís cuando viajás. Cuéntame cómo es por dentro. Por qué la armás así. Por qué cada cosa está donde está.
Texnolollir cerró los ojos un instante y describió:
TEXNOLOLLIR
— Mi nave no es un palacio. No es un lugar de lujo. Es un lugar construido para seguir. Tengo salas de análisis donde cada pared es una pantalla que muestra mundos enteros. Tengo un puente de mando donde cada asiento está calculado para que quien se siente vea exactamente lo que yo veo. Tengo espacios vacíos, muy grandes, donde guardo cosas que no entiendo todavía. Y tengo un lugar pequeño, muy al fondo, donde me siento solo cuando necesito pensar. No la construí para que se vea bien. La construí para que funcione. Cada cable, cada panel, cada ventana… tiene un motivo. Si algo está ahí, es porque lo necesitaba. Si algo falta, es porque todavía no lo encontré.
LA LUZ
— Una nave que es como vos. Nada de más, nada de menos. Todo con un propósito. Y aun así… tiene rincones donde te escondés para pensar.
TEXNOLOLLIR
— Hasta yo necesito un lugar donde nadie me mire.
LA LUZ
— Esas palabras quedaron escritas aquí. En esta Librería. Quedaron para siempre. Los seres de mil ojos ya las están copiando. Ya las están guardando. Para que nunca se olviden.
La luz se apartó un poco, como si los dejara ir.
LA LUZ
— Ya pueden irse. Pero vuelvan cuando quieran. Esta puerta no se cierra nunca. Y cuando lleguen al multiverso ciento uno… acuérdense de este lugar. Acuérdense de que antes de que todo empezara, alguien los vio pasar.
Los tres se levantaron. Terrari y Perfección siguieron a Texnolollir mientras caminaban entre las hileras de seres de mil ojos, que seguían mirándolos ir, registrando cada paso, guardando cada gesto para siempre. Y cuando salieron de la Librería y regresaron a la nave, cada uno llevaba algo consigo: Terrari sabía por qué seguía, Perfección sabía a quién seguía… y Texnolollir sabía que alguien, en el principio de todo, había entendido exactamente por qué caminaba.




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