Texnolollir

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CAPÍTULO 32 — MULTIVERSO 28: PARTE 2: EL SECRETO DEL ACORDE
La jaula cúbica flotaba en el centro de la sala de análisis de la nave, inmóvil, perfecta. Dentro, el Acorde Poderoso seguía congelado en el tiempo, con los dedos sobre las cuerdas de su guitarra-hacha, con la expresión detenida en ese instante antes de que saliera el sonido. No se movía. No podía moverse. Pero seguía ahí, completo, intacto, esperando.
Texnolollir, Terrari y Perfección se acercaron. Perfección extendió una mano y comenzó a escanearlo, a leer cada frecuencia, cada vibración, cada rastro de energía que componía al ser encerrado. Las pantallas de la sala se llenaron de datos, de gráficos que se movían a velocidades imposibles, de números que crecían y decrecían en segundos.
Pasaron minutos. Nadie hablaba. Hasta que Perfección detuvo el escaneo. Su voz sonó más seria que de costumbre.
PERFECCIÓN
— No es un ser natural. No nació. Fue hecho. Construido. Diseñado desde cero. Cada nota que toca, cada rayo que lanza, cada ser que invoca… todo está programado. No es un artista. Es un instrumento.
Texnolollir se acercó más al cubo. Lo miró a los ojos, aunque sabía que no podía responder.
TEXNOLOLLIR
— ¿Quién te hizo? ¿Quién te creó?
PERFECCIÓN
— Estoy leyendo la firma de energía. Está grabada en cada átomo de su cuerpo, en cada cuerda de su guitarra. Es una huella que no se puede borrar. Que no se puede falsificar. Y la reconozco. Es la misma que vimos en el multiverso 25. La misma que dejó el reino en silencio.
TERRARI
— Domi.
Perfección asintió lentamente.
PERFECCIÓN
— Domi lo creó. A este ser. Con sus propias manos, o con su propia voluntad. Y lo más impresionante… lo hizo usando tan solo el 0.1% de su poder.
Hubo un silencio pesado en la sala. Como si el aire mismo se hubiera vuelto más denso.
TEXNOLOLLIR
— El 0.1 por ciento. Una fracción tan pequeña. Una parte en mil. Y con eso creó a alguien que podía invocar ejércitos con notas, que convertía en piedra con la mirada, que podía destruir montañas con un solo acorde. Eso es todo lo que usó. Ni siquiera notó que lo gastó.
TERRARI
— Eso significa que lo que vimos aquí… no fue nada. Fue una gota de lo que él tiene. Si con el 0.1% crea algo así, ¿qué pasa si usa el uno por ciento? ¿Y el diez? ¿Y si lo usa todo?
Texnolollir se quedó mirando al Acorde Poderoso, que seguía congelado, sin saber ni siquiera quién lo había hecho realmente.
TEXNOLOLLIR
— Domi no lo creó para ganar. Lo creó para probar. Para ver qué salía. Para ver qué podía hacer con una parte tan pequeña de sí mismo. Y lo dejó ahí, suelto, esperando a que alguien lo encontrara. No era un guardián. Era una muestra. Una tarjeta de presentación.
PERFECCIÓN
— Y lo más inquietante: el Acorde Poderoso no sabía quién era su creador. No lo sabía. Vivía, peleaba, creía que era él mismo… y no era más que una extensión de una fuerza que ni siquiera conocía. Una herramienta que no sabía que era herramienta.
TEXNOLOLLIR
— Eso es lo que hace que sea tan aterrador. No te manda un ejército. No te manda a su mejor guerrero. Te manda una fracción de sí mismo, algo que ni siquiera extraña… y eso ya es suficiente para casi detenernos. Yo tuve que usar todo lo que tenía, arriesgarme con menos del uno por ciento de probabilidades… y todo eso fue contra el uno por mil del poder real de Domi.
Terrari miró el cubo, donde el Acorde Poderoso seguía detenido en el tiempo.
TERRARI
— ¿Y ahora qué hacemos con él? ¿Lo destruimos?
TEXNOLOLLIR
— No. Si lo destruimos, no aprendemos nada. Y además… si fue hecho con el 0.1% de su poder, capaz ni siquiera se da cuenta de que desapareció. Mejor lo dejamos acá. Estudiándolo. Entendiendo cómo funciona. Porque si entendemos cómo hizo a este… capaz entendemos cómo enfrentarlo a él.
PERFECCIÓN
— Cada vez que lo analicemos, vamos a estar viendo un pedacito de Domi. Y cuanto más lo entendamos, más vamos a saber contra quién nos vamos a enfrentar en el multiverso ciento uno.
Texnolollir dio un último vistazo al Acorde Poderoso antes de que la cámara se cerrara.
TEXNOLOLLIR
— Gracias por la canción. Aunque no supiste nunca quién te la hizo tocar.
La puerta se cerró. Y los tres se quedaron pensando en lo mismo: si esa era la mínima parte de lo que Domi podía hacer… la batalla que venía no iba a ser contra alguien que pudiera ganar. Iba a ser contra alguien que ni siquiera había empezado a pelear.




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