CAPÍTULO 33 — MULTIVERSO 29: LA ACTUALIZACIÓN DE TEXNOLOLLIR
La nave descendió en un lugar donde el cielo no tenía horizonte, donde las estrellas no se movían y el tiempo parecía fluir en todas direcciones al mismo tiempo. Al pisar la superficie, Texnolollir, Terrari y Perfección se detuvieron. No había ruido de batalla. No había amenaza. Había presencia. Una presencia tan inmensa que llenaba cada rincón de ese multiverso entero.
Y entonces los vieron. Aparecieron de la nada, no caminando, simplemente estando ahí. Decenas, cientos de seres. No tenían forma única: algunos eran de luz, otros de sombra, otros de formas que cambiaban cada vez que los mirabas. Eran seres absolutos. Seres que habían llegado al límite de todo lo que se podía ser, que habían dominado cada ley, cada fuerza, cada posibilidad de existencia. Y todos lo estaban mirando a él. Lo estaban esperando.
Uno de ellos, el que estaba al frente, se acercó. Su voz no sonó, simplemente se entendió.
EL SER ABSOLUTO
— Te estuvimos esperando, Texnolollir. Sabíamos que ibas a llegar. Sabíamos que ibas a caminar todos los mundos, todos los multiversos, hasta encontrarnos.
Texnolollir no retrocedió. Lo miró a los ojos, o donde hubiera ojos.
TEXNOLOLLIR
— ¿Quiénes son? ¿Y por qué me esperan a mí?
EL SER ABSOLUTO
— Somos lo que vos vas a ser. Somos el final del camino que vos empezaste. Y no vinimos a pelear contigo. Vinimos a darte lo que te falta.
Terrari dio un paso adelante, con la mano lista para su espada.
TERRARI
— ¿Darle qué? ¿Por qué harían algo así?
EL SER ABSOLUTO
— Porque lo vemos en él. Vemos cómo piensa. Vemos cómo construye. Vemos cómo pelea sin destruir todo. Tiene la inteligencia. Tiene la voluntad. Tiene el camino recorrido. Pero le falta el último paso. La última transformación.
PERFECCIÓN
— ¿Una actualización?
EL SER ABSOLUTO
— Exactamente. No es magia. No es regalo. Es lo que él mismo construyó, llevado a su punto máximo. Todo lo que fusionó en su cuerpo, toda la tecnología que integró a su ser, todo lo que aprendió en cada mundo… nosotros lo vamos a perfeccionar. Vamos a llevarlo al nivel donde él también sea un ser absoluto. En cuerpo y en alma.
LA TRANSFORMACIÓN
Texnolollir sintió algo que nunca había sentido. No era miedo. Era la sensación de que algo muy grande estaba por cambiar.
EL SER ABSOLUTO
— Acostate. No duele. Es como terminar de escribir algo que venías escribiendo toda tu vida.
Texnolollir se recostó sobre el suelo de ese mundo que brillaba suavemente. Y en ese instante, todos los seres absolutos extendieron sus manos. No lanzaron rayos ni explosiones. Lo que hicieron fue más sutil y más poderoso: conectaron con cada parte de él.
Vieron la tecnología que había fusionado con su cuerpo. Vieron la armadura viva que dormía en su interior. Vieron cada mejora, cada modificación, cada cambio que se había hecho a sí mismo desde que empezó su camino. Y empezaron a ajustarlo.
Corrigieron lo que estaba mal alineado. Completaron lo que estaba incompleto. Fusionaron lo que estaba separado. Su cuerpo, que ya no era del todo humano, que era mitad carne, mitad máquina, empezó a cambiar. No se rompió. Se perfeccionó. Cada línea de código, cada circuito, cada estructura de su ser se entrelazó con su esencia misma. Ya no había diferencia entre su cuerpo y su tecnología. Ya no había diferencia entre lo que era y lo que hacía. Todo era uno.
Pero no fue solo el cuerpo. Fue más profundo. Fue el alma.
Mientras su forma física se reconfiguraba, algo estaba cambiando adentro también. Su conciencia se expandió. De repente entendió cosas que antes le habían llevado años comprender. Vio conexiones que antes estaban ocultas. Su voluntad, su propósito, todo se alineó con una claridad que lo dejó sin palabras. Ya no era un ser que usaba tecnología. Era tecnología hecha ser. Y ya no era solo inteligencia. Era inteligencia absoluta, integrada a cada parte de su existencia.
Pasaron horas. O tal vez siglos. En ese lugar el tiempo no importaba. Y cuando terminó, Texnolollir se levantó.
EL NUEVO ESTADO
Se puso de pie y todo se sintió diferente. El aire, la luz, la forma en que percibía el mundo. Todo era más claro, más nítido, más suyo.
EL SER ABSOLUTO
— Ya está. La actualización está completa. Ahora sos como nosotros. Un ser absoluto. Lo que pensás, lo que creás, lo que hacés… ya no tiene límites como antes. Tu cuerpo responde a tu voluntad al instante. Tu alma conoce todo lo que vos sos. Ya no hay separación entre vos y tu poder.
Texnolollir levantó una mano. Sin esfuerzo, sin cálculos largos, simplemente lo pensó. Y una espada de luz pura apareció en su mano. No tuvo que construirla. No tuvo que buscar materiales. Simplemente… estaba ahí.
TEXNOLOLLIR
— Es como si siempre hubiera sido así. Como si yo ya supiera todo esto, pero me faltaba recordarlo.
EL SER ABSOLUTO
— Porque lo construiste vos mismo. Nosotros solo terminamos lo que vos empezaste. Vos te hiciste a vos mismo paso a paso, mundo a mundo, batalla a batalla. Nosotros solo le dimos la forma final.
Terrari lo miró y sintió la diferencia. No era que brillara más o que tuviera más aura. Era que su presencia ya no pesaba: simplemente era. Como una montaña que siempre estuvo ahí.
TERRARI
— Cambiaste. Pero seguís siendo vos.
TEXNOLOLLIR
— Exactamente. No me transformé en otra cosa. Me transformé en lo que siempre debí ser.
PERFECCIÓN
— Y ahora… ¿qué sigue?
EL SER ABSOLUTO
— Ahora sigue lo que él vino a hacer. Ya tiene el poder que necesita. Ya es absoluto en cuerpo y alma. Ahora puede enfrentar lo que viene. Ahora puede llegar al multiverso ciento uno.
Texnolollir miró a todos esos seres que lo habían esperado, que lo habían ayudado sin pedirle nada a cambio.
TEXNOLOLLIR
— ¿Y ustedes? ¿Por qué hicieron esto?
EL SER ABSOLUTO
— Porque alguien tiene que estar del lado de quien no quiere destruir. Alguien tiene que ayudar al que construye. Y vos sos ese alguien. Ahora andá. Ya estás listo.
LA PARTIDA
Texnolollir asintió. Se dio vuelta y caminó hacia la nave. Terrari y Perfección lo siguieron. Y mientras se alejaban, los seres absolutos se quedaron atrás, quietos, observando, sabiendo que habían cumplido su propósito.
Ya en la nave, cuando las puertas se cerraron, Texnolollir miró sus manos. Las sentía diferentes. Más suyas que nunca.
TEXNOLOLLIR
— Sabía que faltaba algo. No sabía qué era. Pero ahora lo sé. No era más poder. Era ser completo.
TERRARI
— ¿Y ahora qué?
Texnolollir sonrió.
TEXNOLOLLIR
— Ahora seguimos. Porque lo que viene… ahora sí me está esperando de verdad.
Y la nave despegó, dejando atrás ese multiverso donde lo absoluto lo había convertido en uno de ellos. Y algo era seguro: Texnolollir ya no era el mismo que bajó. Y el mundo que lo esperaba en el final del camino no estaba listo para lo que acababa de convertirse.