CAPÍTULO 35 — LA CERTEZA DEL ABSOLUTO
Texnolollir subió a la nave con paso tranquilo, pero con una satisfacción que no intentaba ocultar. Terrari lo esperaba en el puente, mirándolo como si estuviera viendo algo que todavía no terminaba de comprender.
TERRARI
— Lo vi todo. Vi cómo te moviste en ese dominio. Vi cómo rompiste cada regla que él puso. Nadie jamás había logrado eso. Ni siquiera los más poderosos seres que yo conozco podían hacer algo así dentro del dominio de otro.
Texnolollir se detuvo frente a él. Lo miró directo a los ojos, con una sonrisa que tenía algo de desafío, algo de provocación.
TEXNOLOLLIR
— ¿Sabés por qué gané? ¿Sabés cómo pude hacer todo eso? No fue por mi inteligencia. No fue por las armas que tengo. No fue por todo lo que aprendí en cada multiverso. Gané por la actualización. Por lo que los seres absolutos hicieron conmigo. Si no hubiera sido por eso… hoy no habría vuelto. Hoy me hubiera quedado congelado en ese espacio blanco, quieto, sin poder mover un dedo, tal como él quería.
TERRARI
— ¿Tanto marcó la diferencia?
Texnolollir dio un paso más cerca, su voz bajó un tono, cargada de esa nueva seguridad que antes no tenía.
TEXNOLOLLIR
— Marcó toda la diferencia. Antes yo podía entender cómo funcionaban las cosas. Ahora no solo las entiendo: yo las defino. Antes yo tenía que buscar la grieta, encontrar el error, calcular cada paso. Ahora… simplemente decido que es así. Y es así. Porque ahora soy un ser absoluto. Y cuando sos absoluto, no necesitás explicar por qué ganás. Simplemente ganás. Porque tu voluntad pesa más que la de cualquier otro.
Terrari lo miró en silencio. Vio el cambio. No era arrogancia simple. Era la certeza de alguien que ahora conoce su propio peso.
TEXNOLOLLIR
— No te confundas. No me quejo. Me alegra que sea así. Pero quiero que lo sepas: lo que viste hoy… no lo hubiera podido hacer ayer. Lo hice porque ahora soy más. Más completo. Más real. Y si no hubiera tenido esa actualización, el Mago Solitario me habría vencido. Sin dudas. Sin remedio.
TERRARI
— Entonces ahora… ¿qué te puede detener?
Texnolollir sonrió, con esa mezcla de confianza y desafío que ahora venía con su nueva forma.
TEXNOLOLLIR
— Esa es la pregunta que todos deberían hacerse. Incluso vos. Porque ahora las reglas cambiaron. Y el último que decide… soy yo.