Texnolollir

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CAPÍTULO 36 — MULTIVERSO 31: LA COPIA DE LA JUVENTUD DE DOMI
La nave descendió en un mundo donde el cielo no tenía nubes, sino capas y capas de luz que se desplazaban lentamente, como si el propio espacio estuviera respirando. Al pisar la superficie, el silencio fue inmediato. No había viento. No había ruido de animales. Solo había una presencia. Una presencia tan pesada que hacía que cada paso costara, como si el aire mismo estuviera empujándolos hacia atrás.
En el centro de ese claro infinito, estaba él.
No era el Domi que habían intuido, el ser absoluto que con solo estar borraba multiversos. Era más joven. Parecía tener unos veinte años. Tenía la misma mirada profunda, la misma postura que hacía que las montañas parecieran pequeñas, pero aún no tenía ese peso infinito que aplastaba todo a su paso. Era la copia de la juventud de Domi. Una creación hecha por el propio Domi, una sombra de lo que fue antes de alcanzar su poder absoluto. Y aun así… esa copia ni siquiera llegaba a los talones del poder que Domi tiene hoy.
Pero eso no significaba que fuera débil. Ni mucho menos.
EL ENFRENTAMIENTO
La copia de Domi los miró a los tres con una calma que heló la sangre de todos. No tenía armas. No tenía armadura. Llevaba ropas sencillas, como si hubiera bajado a descansar antes de seguir su camino.
LA COPIA DE DOMI
— Sé por qué vinieron. Y sé quiénes son. Pero no importa. Si quieren pasar… van a tener que demostrarme que valen la pena. Y les aviso: yo no soy nada comparado con lo que él es ahora. Pero aun así… ustedes tres juntos no me llegan.
TERRARI
— No seas tan seguro. Hemos visto mucho. Hemos peleado mucho.
LA COPIA DE DOMI
— Han visto mucho… pero no han visto nada. Yo, cuando tenía esta edad, ya derrotaba a seres absolutos como si fueran niños frágiles que apenas aprenden a caminar. Y nada cambió. Ustedes no son la excepción.
Dio un paso adelante. Y ese solo paso hizo que el suelo se hundiera kilómetros a la redonda.
LA PELEA QUE NO TENÍA FIN
Texnolollir fue el primero en atacar. Desplegó todo su poder, todo lo que había ganado al convertirse en un ser absoluto. Su cuerpo brilló con una luz que podía romper dimensiones. Lanzó rayos de energía pura, abrió grietas en el espacio-tiempo, usó cada técnica, cada arma, cada recurso que tenía. Hizo temblar los cimientos del multiverso.
La copia de Domi levantó una mano. Y todo se detuvo. Todos los rayos, todas las explosiones, toda la energía… se quedaron flotando en el aire, como si de repente hubieran olvidado cómo moverse.
LA COPIA DE DOMI
— ¿Eso es todo lo que tenés? Ser absoluto y eso es todo?
Terrari no esperó. Se transformó. Su cuerpo se envolvió en una energía oscura y devastadora, su forma se expandió, su poder creció hasta tocar los límites de la existencia. Activó Calamity. El suelo se derritió bajo sus pies. El aire se incendió. Lanzó todo su poder, todo lo que podía destruir dioses, todo lo que podía borrar mundos.
La copia de Domi simplemente miró hacia él. Y con un movimiento de la cabeza, mandó a Terrari a volar kilómetros y kilómetros, atravesando montañas, quebrándolas todas, hasta que desapareció de la vista.
LA COPIA DE DOMI
— Muy impresionante. Mucho ruido. Mucha furia. Y nada que me toque.
Entonces fue Perfección. No atacó con fuerza bruta. Se reconfiguró a sí mismo, actualizó cada sistema, cada cálculo, cada límite de su ser. Se perfeccionó constantemente, evolucionando segundo a segundo, haciéndose más fuerte, más rápido, más preciso cada instante. Atacó con una precisión que no tenía errores, golpeando en cada punto débil, en cada falla, en cada mínima apertura.
La copia de Domi lo miró como si estuviera viendo a un niño intentar contar el infinito. Con dos dedos, detuvo cada ataque. Con una sola mirada, hizo que Perfección se detuviera en seco, sin poder avanzar, sin poder entender qué estaba pasando.
LA COPIA DE DOMI
— Te perfeccionás a vos mismo cada segundo. Y aun así… cada segundo yo soy más que vos. Porque vos te estás construyendo. Yo ya estoy construido.
EL SUFRIMIENTO DE LOS TRES
Pasaron horas. Horas de pelea donde los tres lo dieron todo. Texnolollir usó cada truco, cada tecnología, cada conocimiento que había acumulado en cientos de multiversos. Terrari cambió de forma, usó cada aspecto de su poder, cada transformación, cada habilidad que tenía. Perfección se rehízo a sí mismo miles de veces, buscando la forma, la frecuencia, la estructura que pudiera hacerle daño.
Y nada funcionaba.
Cada golpe que lanzaban era bloqueado con un gesto. Cada explosión era disipada con un suspiro. Cada estrategia era vista antes de que se ejecutara. Estaban siendo vencidos sin que él siquiera se esforzara. Sangraban, se cansaban, se rompían y se volvían a levantar, solo para ser derribados de nuevo.
TERRARI, con la voz rota:
— ¡No puedo más! ¡Le doy todo y no le hago ni un rasguño!
PERFECCIÓN
— Calculo probabilidades de victoria: 0.0000%. No hay combinación de movimientos, no hay estrategia, no hay poder que pueda con él.
TEXNOLOLLIR, con el cuerpo destrozado:
— No importa. Seguimos. No nos rendimos.
Y fue entonces cuando, con un esfuerzo que hizo temblar todo lo que existía, los tres coordinaron un ataque. No fue uno tras otro. Fue al mismo tiempo. Toda la energía de Texnolollir, todo el poder de Calamity de Terrari, toda la perfección de Perfección… convergieron en un solo punto, en un solo golpe, dirigido al mismo lugar.
El impacto fue ensordecedor. El multiverso entero se quebró. Cuando el polvo y la luz se disiparon, vieron algo que no podían creer: en el pecho de la copia de Domi había una pequeña marca de sangre. Le habían hecho daño. Por primera vez.
La copia de Domi miró la gota de sangre en su mano. Se la llevó a los labios y sonrió.
LA COPIA DE DOMI
— Ahí está. Ahí está lo que buscaba. No fue uno. Fueron tres juntos. Y aun así… fue casi nada. Pero fue suficiente para demostrarme que lo merecen.
LOS BRAZALETES Y LA FUSIÓN
Texnolollir, tambaleándose, sacó de su interior tres brazaletes. Eran creaciones suyas. Él los había diseñado, construido y perfeccionado durante mucho tiempo, sin saber exactamente cuándo llegaría el momento de usarlos. Estaban hechos de un material que él mismo había sintetizado, grabados con runas y circuitos que solo él entendía. Eran suyos. Su creación. Su obra.
La copia de Domi los vio y asintió, reconociendo lo que eran.
LA COPIA DE DOMI
— Ahí lo tenés. Lo que vos creaste. Lo que preparaste sin saber para qué. Ahora sabés para qué sirve. Pónganselo. Y escúchenme bien: hasta ahora pelearon como tres seres separados. Cada uno con su poder, su camino, su límite. Pero hay algo más allá de eso. Algo que ninguno de ustedes puede hacer solo. Es hora de la fusión.
TEXNOLOLLIR
— ¿Fusión? Yo los construí pensando en eso, pero no sabía si funcionaría.
LA COPIA DE DOMI
— No se trata de juntar fuerzas. Se trata de volverse uno. Que tu inteligencia, Terrari tu poder, y Perfección tu precisión… dejen de ser tres cosas diferentes y se conviertan en una sola. Donde no haya yo, ni vos, ni él. Solo hay nosotros. Únanse. Y recién ahí van a poder terminar conmigo.
Los tres se miraron. No sabían si funcionaría. No sabían si sobrevivirían. Pero no tenían otra opción. Se pusieron los brazaletes al mismo tiempo. Y en ese instante… todo cambió.
No fue una explosión. Fue como si el universo mismo se contrajera y luego se expandiera de nuevo. Sus cuerpos se fundieron. Sus mentes se convirtieron en una sola. Sus poderes, sus recuerdos, sus voluntades… todo se entrelazó en un solo ser. Un ser que no era Texnolollir, ni Terrari, ni Perfección. Era la suma de los tres. Algo nuevo. Algo que nunca antes había existido.
Se levantaron. Y su presencia hizo que la copia de Domi, por primera vez, diera un paso atrás.
EL ATAQUE FINAL: SPIRIT GUN
El ser fusionado levantó la mano. No formó un arma común. No era un cañón de energía ni una espada. Era algo más profundo. Algo que iba más allá de la materia.
— SPIRIT GUN —
La voz resonó en todo el multiverso. Y cuando disparó, no salió rayo ni explosión. Salió algo más suave, más hermoso, más terrible. Una luz que no quemaba, que no golpeaba, que simplemente… transformaba.
La copia de Domi lo vio venir. No lo esquivó. Sabía que no podía esquivar algo que iba más allá del cuerpo.
LA COPIA DE DOMI
— Así debía ser. Así tiene que terminar.
La luz lo envolvió. Y entonces sucedió lo que esa técnica hacía: no destruía. No mataba. Simplemente descomponía. El cuerpo de la copia de Domi empezó a deshacerse, no en cenizas, no en polvo, sino en pétalos. Pétalos de energía pura, brillantes, hermosos, que caían lentamente como en una primavera eterna. Cada pétalo era una parte de su existencia. Cada pétalo era un recuerdo, un poder, un momento de su vida. Y a medida que caían… se desvanecían. No iban a ningún lado. Simplemente dejaban de estar. Desaparecían de toda existencia. Sin rastro. Sin memoria. Sin huella.
LA COPIA DE DOMI, mientras se convertía en pétalos:
— Bien hecho. Bien ejecutado. Vos creaste la llave, Texnolollir. Vos pensaste en todo. Ahora saben lo que pueden ser cuando dejan de ser tres. Y recuerden… lo que hoy ven aquí… no es nada comparado con lo que él es ahora.
Y con la última palabra, el último pétalo se desvaneció. La copia de Domi ya no estaba. No quedó cuerpo. No quedó espíritu. No quedó ni el más mínimo rastro de que alguna vez había estado ahí.
EL DESPUÉS
La fusión se disolvió. Texnolollir, Terrari y Perfección cayeron al suelo, cada uno en su cuerpo, exhaustos, apenas capaces de respirar, pero vivos.
Se miraron los brazaletes. Seguían puestos. Creaciones de Texnolollir, hechas realidad en el momento exacto. No sabían cuándo tendrían que usarlos de nuevo. Pero sabían una cosa: solos, no podrían haberlo logrado. Ni con todo su poder, ni con toda su evolución, ni con toda su perfección.
Texnolollir se levantó con dificultad y miró el lugar donde había estado la copia de Domi.
TEXNOLOLLIR
— Era joven. Era una copia. Ni siquiera llegaba a los talones del verdadero Domi. Y aun así… casi nos destruye.
TERRARI
— Si eso es lo que era cuando tenía veinte años… ¿qué nos espera cuando lo veamos de verdad?
PERFECCIÓN
— No lo sé. Pero ahora sé algo: no vamos a ir solos. Y no vamos a ir separados. Porque lo que acabamos de hacer… es la única forma en que vamos a poder sobrevivir a lo que viene. Y esos brazaletes… fueron idea tuya, Texnolollir. Vos los creaste. Y hoy nos salvaron la vida.
Se ayudaron a subir a la nave. Y mientras se alejaban de ese mundo, cada uno llevaba puesto ese brazalete en silencio. Sabían que la pelea de hoy había sido difícil, casi imposible. Pero también sabían que no era nada comparado con lo que les esperaba al final del camino, en el multiverso ciento uno, donde el verdadero Domi los estaba esperando.




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