CAPÍTULO 40 — MULTIVERSO 35: LA MUERTE QUE NO FUE FINAL
La nave descendió en un mundo donde el cielo era de un color rojo tan profundo que parecía sangre congelada. No había montañas ni ríos. Solo un campo infinito de polvo estelar, y en el centro de todo, Él. El Ser Supremo. Una figura que no tenía forma definida, que cambiaba cada vez que lo mirabas, que irradiaba una presencia que hacía que el espacio mismo se doblara a su alrededor. No era un dios. Era algo anterior a los dioses.
Texnolollir dio un paso adelante. Su voz no dejó lugar a dudas.
TEXNOLOLLIR
— Quédense acá. Yo me ocupo.
TERRARI
— ¿Estás seguro? Este ser… lo siento. Es diferente a todo lo que vimos.
TEXNOLOLLIR
— Lo sé. Pero es mi turno. Esperen acá.
LA BATALLA Y LA CAÍDA
La pelea comenzó antes de que cualquiera de los dos se moviera. El Ser Supremo levantó una mano y todo el multiverso tembló. Texnolollir respondió desplegando todo su poder de ser absoluto: rayos que atravesaban dimensiones, grietas que devoraban estrellas, cada golpe con la fuerza de galaxias chocando. Fueron horas de combate donde el cielo se rompía y se reconstruía una y otra vez. Cada choque de fuerzas hacía que el tiempo se detuviera y luego volviera a correr desbocado.
Pero el Ser Supremo era más antiguo. Más profundo. Con un solo movimiento, rompió las defensas de Texnolollir. Con un solo golpe, atravesó su cuerpo, su armadura, su esencia misma. Y en un instante… Texnolollir se deshizo. No cayó. No sangró. Simplemente se convirtió en polvo. Millones de partículas brillantes que se dispersaron por todo el campo de batalla, perdiéndose en el viento. No quedó nada. Ni rastro. Ni voz.
El Ser Supremo se quedó quieto. Había terminado.
LA VOZ DESDE EL SILENCIO
Y entonces, en ese silencio donde solo quedaba polvo, se escuchó algo. Una voz. Femenina. Suave pero firme. Una voz que él reconoció al instante, aunque no la había escuchado en eones.
LA VOZ
— Levántate. Aún no se acabó toda esa pelea. Tú aún puedes volver. Mientras que tu espíritu siga con vida, tú aún te puedes levantar. Reconstruye-te y sigue peleando.
Nadie la vio. Nadie la reconoció. Solo él. Y en ese instante, cada partícula de polvo que había sido Texnolollir… empezó a brillar. A moverse. A juntarse. Pero aún no estaba de pie. Aún no era él.
LA FURIA DE LOS DOS
Terrari lo vio deshacerse. Vio a su compañero convertido en nada. Y algo dentro de él se rompió. No era miedo. Era una furia antigua, eterna.
TERRARI, con voz que hizo temblar el suelo:
— ¡NO!
Su cuerpo se envolvió en llamas negras. Activó Calamity. Su forma creció hasta tocar los límites del multiverso. Sus ojos eran abismos sin fondo. Su poder, que ya era inmenso, se desató sin freno, sin control, sin cuidado. Porque Terrari es inmortal. Nunca muere. Y cuando pierde a alguien que ama… su furia no tiene fin.
Y al lado de él, Perfección se detuvo. Lo que vio no fue destrucción. Fue la desaparición de su creador. De aquel que le dio origen, propósito, existencia. Y Perfección cambió. No se actualizó como siempre. Se transformó. Su forma se volvió oscura, profunda, sin luz. Su transformación oscura se activó. Y de su cuerpo salió una oscuridad tan inmensa, tan densa, que se extendió en todas direcciones apagando todo. Una por una, las estrellas se apagaron. El sol se fue. Todo el multiverso quedó sumergido en una noche absoluta, creada por la ira de Perfección.
PERFECCIÓN, con voz que resonó en cada rincón:
— Lo borraron. Creyeron que lo borraron. Pero yo puedo volver siempre. Siempre vuelvo. Y ahora… ustedes no van a volver nunca.
EL REGRESO
El Ser Supremo estaba entre dos furias que podían destruir realidades. Pero en ese momento, el polvo en el suelo empezó a girar. Más rápido. Más brillante. Y de entre la oscuridad de Perfección y el fuego de Calamity, una figura se puso de pie.
No era el mismo que se había ido.
Texnolollir estaba ahí. De pie. Entero. Pero su presencia era diferente. Pesaba más. Brillaba con una luz que no era de este mundo. Y cuando habló, su voz hizo que la oscuridad de Perfección se detuviera.
TEXNOLOLLIR
— Basta.
Terrari y Perfección se giraron. Lo vieron. Y no podían creerlo. Estaba ahí. Y era más fuerte. Mucho más fuerte.
TEXNOLOLLIR
— Me deshicieron. Me convirtieron en polvo. Pero olvidaron algo: yo soy un ser absoluto. Y lo que es absoluto… no se destruye. Solo se transforma.
Se levantó por completo. Y cada segundo que pasaba, su poder crecía. Se multiplicaba. Se elevaba. Volvió cien veces más poderoso que antes. Las heridas que nunca se curaron ahora eran cicatrices de fuerza. La experiencia de la muerte le había enseñado lo que la vida nunca le había mostrado.
LA PELEA FINAL
El Ser Supremo lo miró y por primera vez… dudó.
TEXNOLOLLIR
— Me mataste. Pensaste que terminaba. Pero esa voz me recordó algo: mientras yo siga decidiendo que existo… existo. Y yo decido seguir.
La pelea recomenzó. Pero ya no era igual. Texnolollir golpeaba con el peso de todo lo que había vivido y todo lo que había vuelto a vivir. Terrari, con Calamity, cubría cada flanco, atacando con una furia que no conocía descanso, porque sabía que no podía morir y que su enemigo sí. Y Perfección, desde la oscuridad, actualizaba cada segundo, encontrando cada falla, cada punto débil, cada apertura, volviéndose más fuerte cada vez que era golpeado, regenerándose una y otra vez porque no había forma de borrarlo del todo.
Los tres juntos. Y Texnolollir, con ese poder cien veces multiplicado, guiaba cada movimiento, cada golpe, cada decisión. El Ser Supremo retrocedió. No porque fuera débil. Sino porque se enfrentaba a algo que no se podía matar. Algo que volvía más fuerte cada vez que caía.
EL CIERRE
Cuando el último golpe fue lanzado y el Ser Supremo finalmente cayó, Texnolollir se quedó de pie, respirando con calma, aunque todo su cuerpo vibraba con una fuerza que apenas podía contenerse.
Terrari se acercó, aún con la forma de Calamity, poco a poco volviendo a su aspecto normal.
TERRARI
— Pensé que te habíamos perdido. Pensé que esta vez…
TEXNOLOLLIR lo miró, y por primera vez se dio cuenta de algo que no había visto antes.
— Yo también lo creí. Hasta que la voz me habló. No sé quién era. Pero me dio lo que necesitaba para volver. Y ahora… ahora sé algo: no importa cuántas veces me rompan. Siempre voy a volver más fuerte.
Perfección se acercó, su oscuridad se disipó lentamente, dejando ver su forma habitual.
PERFECCIÓN
— Ellos pueden borrarte. Pueden destruirme. Pero hay algo que no pueden borrar: el hecho de que siempre volvemos.
Texnolollir miró hacia el horizonte, donde las estrellas empezaban a encenderse de nuevo, una por una.
TEXNOLOLLIR
— Eso es lo que no entienden los que nos enfrentan. Creen que con destruir el cuerpo terminó todo. Pero no saben que Terrari es inmortal. No saben que Perfección siempre vuelve. Y no saben que yo… yo soy absoluto. Y lo absoluto… nunca se acaba.