CAPÍTULO 41 — MULTIVERSO 36: EL CREADOR DE LOS DRAGONES DE DESEOS
La nave descendió en un mundo donde el cielo no era de un solo color, sino que cambiaba con cada pensamiento: se tornaba dorado cuando se hablaba de esperanza, de plata cuando se hablaba de sabiduría, de fuego cuando se hablaba de poder. En el centro de ese mundo, sobre una montaña que tocaba el límite entre el multiverso y lo que estaba por nacer, estaba Él. El Creador de los Dragones. No era un ser imponente ni aterrador. Parecía un anciano con ropas de tela tejida con luz, y en sus ojos se reflejaban escamas de todos los colores que jamás existieron.
Cuando Texnolollir, Terrari y Perfección se acercaron, él no se levantó. Solo los miró y sonrió, como si los hubiera estado esperando desde antes de que nacieran.
EL CREADOR
— Sé por qué viniste. No viniste a pelear. Viniste a aprender. Y yo estuve esperando a alguien que supiera ver más allá del poder para destruir, para enseñarle cómo crear.
TEXNOLOLLIR
— He visto dragones en muchos mundos. Algunos queman. Otros destruyen. Pero los tuyos… conceden deseos. Eso no es magia cualquiera. Eso es tocar la realidad misma.
EL CREADOR
— Exacto. Y eso es lo que te voy a enseñar. Pero primero tenés que entender el porqué. Después el cómo. Y solo después… el momento en que les das vida.
EL PORQUÉ: EL SECRETO DE SU EXISTENCIA
El Creador se levantó y señaló hacia el cielo, donde un dragón de luz plateada surcaba suavemente, dejando tras de sí un rastro de estrellas nuevas.
EL CREADOR
— La gente cree que los dragones de deseos son máquinas que pides algo y te lo dan. No es así. Cada dragón que creo nace con un propósito. No son esclavos. No son herramientas. Son seres vivos que eligen cumplir deseos. Y lo hacen porque entienden algo que pocos entienden: que un deseo no es pedir. Es creer. Y cuando creés con toda tu alma, la realidad se mueve para encontrarte.
Hizo una pausa, mirando a Texnolollir a los ojos.
EL CREADOR
— Yo los creo porque el mundo necesita más que fuerza para romper cosas. Necesita fuerza para hacerlas nacer. Cualquiera puede destruir una montaña. Pero crear un dragón que pueda darle a alguien lo que su alma necesita… eso requiere algo más. Requiere que vos mismo entiendas lo que es desear. Si vos no sabés querer de verdad, no podés crear algo que cumpla los deseos de los demás.
TEXNOLOLLIR
— Entonces no se trata de poder. Se trata de entender lo que significa pedir algo con el alma.
EL CREADOR
— Exactamente. Muchos me piden que les enseñe porque quieren poder para ellos. Quieren dragones que les den riqueza, dominio, gloria. Y yo no se los enseño. Porque un dragón creado con ego se convierte en un monstruo. Un dragón creado con amor… se convierte en milagro.
EL CÓMO: LA ESTRUCTURA DE LA CREACIÓN
El Creador se sentó sobre una roca plana y le hizo señas para que se sentara con él. Sacó de su interior un trozo de materia que no era sólida ni líquida ni gaseosa: era pura posibilidad.
EL CREADOR
— Ahora te voy a enseñar cómo se hace. Paso a paso. No es un hechizo. No es una fórmula. Es un proceso de construcción. Como cuando vos armás una tecnología, pero en lugar de metal y circuitos… usás alma y voluntad.
PASO 1: LA ESENCIA
— Primero necesitás encontrar la esencia del dragón. No la sacás de la nada. La tomás de todo lo que existe: del viento que no se cansa, del fuego que no se consume, de la tierra que siempre renace, del agua que fluye sin detenerse. Mezclás esas fuerzas naturales con algo más: con lo que vos mismo aprendiste en tu vida. Cada golpe que recibiste, cada caída de la que te levantaste, cada verdad que descubriste… todo eso va adentro. El dragón lleva tu experiencia. Por eso cada uno es diferente. Por eso cada uno tiene su propia personalidad.
PASO 2: LA FORMA
— Después le das forma. No porque necesite tener cuerpo, sino porque la mente necesita algo para reconocer. Le das escamas, alas, ojos, voz. Pero lo importante no es cómo se ve. Es lo que representa. Las escamas son su protección. Las alas son su capacidad de elevarse por encima de los problemas. El fuego que respira no quema: purifica. Y cuando lo hace, transforma lo viejo en nuevo. Eso es lo que permite que los deseos se cumplan: hay que soltar lo que ya no sirve para que entre lo nuevo.
PASO 3: EL LAZO
— Después viene lo más delicado. Tenés que conectar su corazón con el corazón de la realidad. No con la realidad de un solo mundo. Con la realidad de todos los mundos. Ahí es donde nace el poder de conceder deseos. Porque cuando alguien le pide algo al dragón, no es el dragón quien lo hace todo solo. Es el dragón quien abre la puerta para que el universo mismo lo cumpla. El dragón no fuerza las cosas. Las alinea. Hace que todo lo que tiene que pasar… pase. En el momento justo. De la forma correcta.
PASO 4: LA VOLUNTAD
— Y por último, lo más importante: le das libertad. Le decís: "Vos sos quien sos. Elegí a quién ayudás. Elegí cómo hacerlo. Y si algún día querés dejar de hacerlo… podés volver a ser luz." Si le quitás la libertad, el dragón se convierte en un arma. Si se la das… se convierte en un milagro.
EL MOMENTO DE LA CREACIÓN
El Creador miró a Texnolollir y le entregó esa materia de posibilidad.
EL CREADOR
— Ahora probá. Pero te aviso: el primer dragón que crees te va a enseñar más de lo que vos le vas a enseñar a él.
Texnolollir tomó la materia. Era ligera, como sostener un sueño en las manos. Cerró los ojos. Pensó en todo lo que había vivido. En cada multiverso, en cada pelea, en cada vez que vio a gente que necesitaba algo y no podía conseguirlo. Pensó en Terrari, que peleaba sin descanso. En Perfección, que siempre buscaba mejorar. En esa voz que le dijo que se levantara cuando se convirtió en polvo. Y mezcló todo eso.
La materia empezó a brillar. Tomó forma. Escamas de color azul eléctrico, alas que parecían hechas de cielo nocturno, ojos que brillaban con la luz de estrellas que aún no habían nacido. Y cuando abrió los ojos, el dragón lo miró y le habló con una voz que resonó en todo su ser.
EL DRAGÓN
— Gracias por darme vida. Ahora sé qué voy a hacer. Voy a buscar a quienes creen que no tienen esperanza. Y les voy a mostrar que sí la tienen.
El dragón levantó vuelo, desplegó sus alas y desapareció en el horizonte, dejando un rastro donde las flores brotaban por donde pasaba.
EL CREADOR, con una sonrisa llena de satisfacción:
— Lo hiciste bien. No porque sea poderoso. Sino porque le diste corazón. Ese dragón va a hacer más bien que cualquier ejército que vos pudieras enviar.
LA DESPEDIDA Y EL LEGADO
Antes de que se fueran, el Creador le dio una última enseñanza.
EL CREADOR
— Recordá siempre esto: el deseo más grande que podés concederle a alguien no es darle lo que pide. Es darle lo que necesita. Y muchas veces lo que necesita es creer en sí mismo. Los dragones no hacen el trabajo por la gente. Solo les abren la puerta. Y la gente tiene que caminar a través de ella. Si se lo das todo hecho, no aprenden nada. Si les mostrás el camino… pueden caminar para siempre.
Texnolollir asintió, guardando cada palabra en lo más profundo de su ser.
TEXNOLOLLIR
— Ahora entiendo por qué te llaman el Creador. No porque hagas dragones. Sino porque enseñás a crear esperanza.
EL CREADOR
— Y ahora vos también sabés. Andá. Y cuando lo necesites… creá uno. Pero hacelo con el corazón. No con la fuerza.
La nave despegó dejando atrás esa montaña donde nacían dragones. Y mientras se alejaban, Terrari y Perfección vieron cómo desde ese mundo salían luces volando hacia todos los rincones del multiverso: dragones nuevos, creados por Texnolollir, yendo a lugares donde alguien necesitaba que se le cumpliera un deseo. No porque se lo merecieran. No porque fueran poderosos. Sino porque simplemente… alguien les había enseñado a creer.