CAPÍTULO 46 — MULTIVERSO 41: LA SLIME QUE ABSORBÍA PODERES Y SE SUMÓ AL GRUPO
La nave descendió en un mundo donde el suelo no era tierra ni roca, sino una sustancia suave y vibrante que cambiaba de color al pisarla. Todo estaba cubierto de una bruma luminosa que se movía con vida propia. No había montañas ni ciudades, solo llanuras infinitas donde miles de formas gelatinosas se desplazaban lentamente, rebotando, fluyendo, viviendo en paz. Eran slimes. Pero no eran simples criaturas. Cada uno de ellos poseía una habilidad única, diferente a la de todos los demás: algunos podían volar, otros lanzar fuego, otros hacían crecer plantas, otros podían hacerse invisibles. Cada uno tenía un solo don, y lo usaban con naturalidad, sin hacer daño.
Texnolollir, Terrari y Perfección bajaron a explorar. No vinieron a pelear. Solo querían conocer ese mundo tan particular. Caminaron entre los slimes, observando cómo cada uno mostraba su habilidad. Era fascinante. Cada ser tenía algo especial, y ninguno intentaba quitarle nada al otro.
LA SLIME QUE ABSORBÍA Y USABA TODO
Mientras avanzaban, vieron algo que llamó poderosamente su atención. A lo lejos, una figura se destacaba entre todas. No era redonda ni simple como las demás. Tenía forma definida, elegante, y brillaba con un tono violeta profundo y transparente, como si estuviera hecha de cristal líquido que dejaba ver a través de ella. Su forma era claramente femenina, con curvas suaves y proporciones armoniosas, y su cabello fluía como agua del mismo color púrpura, largo y ondulante, moviéndose como si estuviera sumergida en un líquido que nadie más veía.
Era ella. Una slime diferente a todas las demás. Y no era así por casualidad. Había nacido como cualquier otra, pero tenía una habilidad que la hacía única: podía absorber a otros seres, quedarse con sus poderes para siempre y usarlos como si fueran completamente suyos. No los guardaba simplemente para tenerlos: los dominaba, los perfeccionaba, los hacía parte de su propio ser. Cada poder que absorbía, pasaba a ser suyo.
En su interior llevaba guardado a un ser que había absorbido tiempo atrás: un ser que contenía un poder de nivel cero, algo que no tenía fuerza ofensiva pero que poseía una forma perfecta y una estructura corporal femenina increíblemente definida. Al absorberlo, ella no solo tomó su forma, sino que la adoptó como si siempre hubiera sido así, moviéndose con esa gracia y esa presencia como si le pertenecieran desde su nacimiento.
LA SEDUCCIÓN QUE ERA SOLO BROMA
En cuanto vio a Texnolollir, sus ojos brillaron con una luz juguetona y traviesa. Se deslizó hacia él con esa gracia que ahora era tan suya, moviéndose con pasos suaves y seguros, balanceándose de una manera claramente intencional. Se detuvo justo frente a él, sonriendo con una sonrisa pícara, y apoyó una mano sobre su hombro, inclinándose hacia él para que su voz sonara cerca de su oído.
LA SLIME, con voz dulce y cargada de intención:
— Hola, guapo… ¿Y vos qué hacés tan solo por acá? ¿No te gustaría que te acompañe? Podríamos ir a ver cosas juntos… yo te puedo mostrar todo lo que sé. Y créeme… sé muchas cosas.
Le hizo un gesto con la mano, le guiñó un ojo, se acercó un poco más, dejando ver su cuerpo transparente brillando bajo la luz del mundo. Hizo todo lo posible por parecer irresistible, por provocarlo, por hacerlo sentir nervioso. Pero no era real. No había interés verdadero detrás de nada de eso. Lo hacía solo para molestarlo. Para ver su reacción. Para divertirse un rato a costa de él. Era su forma de jugar, de probarlo, de ver cómo reaccionaba alguien tan poderoso ante sus provocaciones.
Texnolollir no se inmutó. No se sonrojó. No se molestó. Ni siquiera la miró de arriba abajo. Simplemente la miró a los ojos con esa calma suya, infinita, y le respondió con una voz tan tranquila como si le hubiera comentado que hacía sol.
TEXNOLOLLIR
— Gracias. No tengo tiempo para juegos. Y tampoco tengo interés en tus bromas.
Y así de simple, le dio la espalda y siguió caminando. Ni un segundo más. Ni una palabra de más. No le dio ni el más mínimo cuarto de hora. No cayó en la trampa. No se dejó provocar.
SE LA LLEVAN CON ELLOS
La slime se quedó con la mano en el aire, con la sonrisa a medio camino, completamente sorprendida. Nadie le había respondido así nunca. Todos siempre caían. Todos siempre se dejaban llevar por sus palabras, por su apariencia, por su forma de mirar. Pero él… él no le había dado ni la más mínima importancia.
Pero en ese momento, Terrari y Perfección se acercaron y la analizaron en profundidad. Vieron la cantidad de poderes que tenía acumulados, cómo los usaba con facilidad, cómo cada habilidad que había absorbido la dominaba como si hubiera nacido con ella. Vieron su potencial. Era inmenso. Podía aprender cualquier cosa, copiar cualquier capacidad, sumar cualquier poder. Y aunque ahora solo molestaba y bromeaba, esa capacidad era algo que valía la pena tener cerca.
PERFECCIÓN
— Tiene un potencial ilimitado. Cada ser que absorbe le suma todo su poder. Y lo usa perfectamente. No desperdicia nada.
TERRARI
— Es molesta, sí. Pero mirá todo lo que puede hacer. Si la llevamos con nosotros, va a ser de gran ayuda. Además… parece que ya te tiene en la mira a vos.
Texnolollir se detuvo, la miró de nuevo, y vio lo que ellos veían. Más allá de las bromas y las provocaciones, había algo real ahí. Una capacidad de crecer sin límites, de adaptarse a cualquier situación, de aprender todo lo que viera.
TEXNOLOLLIR
— Tienen razón. Tiene potencial. Más del que parece.
Se volvió hacia ella, que seguía parada ahí, con esa sonrisa pícara esperando qué pasaba.
TEXNOLOLLIR
— Venite con nosotros. Vas a ver mundos que ni te imaginás. Y vas a poder usar todo lo que sabés en algo más que bromas.
La slime abrió los ojos sorprendida. No esperaba esa respuesta. Pero enseguida sonrió más fuerte, más brillante, con esa alegría traviesa que la caracterizaba.
LA SLIME
— ¿Vos querés que vaya con vos? ¡Pero si no te caigo bien! ¡Si solo te molesto!
TEXNOLOLLIR
— Por eso mismo. Porque sabés molestar. Y porque tenés más poder del que te das cuenta. Aprovechalo.
LA NUEVA INTEGRANTE Y SUS BROMAS CONSTANTES
Desde ese día, ella viajó con ellos. Se sumó al grupo. Y tal como él había previsto —y tal como ella misma quería— no dejó de molestarlo nunca. En cada multiverso, en cada batalla, en cada momento de silencio, ella aparecía:
— ¿Estás pensando en mí, guapo?
— ¿Necesitás que te proteja? Yo tengo poderes que vos ni conocés…
— No te pongas tan serio, que te voy a robar todos los poderes y te dejo sin nada.
Y así, en cada historia, en cada mundo nuevo, ella encontraba la forma de acercarse, de provocarlo, de decirle algo para ver si lograba sacarlo de su calma. Él casi nunca le respondía. A veces solo le decía una frase seca y seguía su camino. Pero ella no se rendía. Sabía que él la toleraba. Sabía que la valoraba. Y sabía que, aunque nunca se lo dijera, él estaba contento de que ella estuviera ahí.
Mientras la nave se alejaba de ese mundo, ya en el cielo, ella se acercó a él por última vez en ese día.
LA SLIME
— Sabés que lo hago solo para molestarte, ¿verdad?
TEXNOLOLLIR, sin dejar de mirar por la ventana:
— Lo sé. Y lo sé porque te divierte ver si conseguís que me enoje. Pero no lo vas a lograr.
LA SLIME, riendo:
— Ya veremos. Ya veremos si no lo logro.
Y desde ese momento, supo que tenía un nuevo propósito en cada multiverso que visitaran: cumplir su misión, usar sus poderes para ayudar… y no dejar de molestarlo ni un solo día.