CAPÍTULO 47 — MULTIVERSO 42: EL MUNDO DE LOS SUEÑOS Y EL TERROR QUE NO SE PUDO QUEDAR
La nave descendió en un espacio donde no había cielo ni suelo, sino que todo parecía flotar entre nubes de colores suaves y sombras que se movían solas. Era un lugar donde la realidad se mezclaba con lo que uno imaginaba, donde cada pensamiento tomaba forma antes de que terminara de formarse. En el centro de ese mundo, dos figuras esperaban. La Diosa de los Sueños, vestida con telas que brillaban como la luz de la luna, y la Diosa de las Pesadillas, envuelta en una oscuridad que cambiaba de forma cada vez que la mirabas.
Texnolollir, Terrari y Perfección bajaron. Y detrás de ellos, como siempre, la Slime púrpura transparente, moviéndose con esa gracia suya, esperando el momento justo para hacer de las suyas.
EL ROBO Y EL VACÍO
Las dos diosas no atacaron. Simplemente se pararon frente a ellos, y la Diosa de las Pesadillas habló con una voz que sonaba como mil susurros al mismo tiempo.
LA DIOSA DE LAS PESADILLAS
— Sí, te lo robó. Todo lo que construiste, todo lo que pensaste, todo lo que eras… se quedó acá.
En ese instante, algo sucedió. No fue un golpe. No fue un hechizo. Fue algo más silencioso y más profundo. La mente de todos se quedó en blanco. Terrari miró sus manos y no supo qué eran. Perfección procesaba datos pero no entendía qué significaban. Texnolollir sintió cómo sus pensamientos se desvanecían uno por uno, como arena que se escapa entre los dedos. Sabía quién era, pero no sabía por qué estaba ahí. No sabía cómo había llegado. No sabía qué iba a hacer. Todo se vació.
Y en ese vacío, apareció algo extraño: una presencia que estaba y no estaba. No era las diosas. No era nadie que conocieran. Era algo que se filtraba entre los pensamientos, algo que ocupaba el espacio que ellos habían dejado vacío. Esa presencia no tenía forma definida, pero se sentía en todas partes. Cutenology… estaba ahí, pero a la vez no estaba. Nadie lo veía. Nadie lo tocaba. Pero todos sentían que algo más estaba en ese lugar, observando, esperando.
ELLA NO SE VIO AFECTADA
Pero entre todos, hubo una que no perdió nada. La Slime. Mientras los demás estaban con la mente en blanco, parados sin saber qué hacer, ella seguía igual. Sus ojos brillaban con esa luz traviesa. Su sonrisa no se borró ni un segundo. No porque fuera más fuerte ni más poderosa. Sino porque su mente funcionaba de otra manera. No tenía pensamientos complejos que se pudieran vaciar. No tenía planes que pudieran robarse. Ella simplemente era. Y por eso… nada le pasó.
Miró a Terrari, que estaba parado como una estatua sin saber quién era. Miró a Perfección, que calculaba todo sin entender nada. Y finalmente miró a Texnolollir, que estaba ahí, de pie, pero con la mirada perdida, sin pensamientos, sin palabras, sin movimiento.
La Slime sonrió. Y esa sonrisa dijo todo: "Qué suerte que yo no me quedé en blanco. Ahora tengo todo el campo libre."
LA BROMA QUE LO DESPERTÓ
Se acercó a él despacio, moviéndose con esa suavidad que solo ella tenía. Se paró justo frente a él. Lo miró de arriba abajo, viéndolo tan serio, tan quieto, tan vacío. Y pensó que era la oportunidad perfecta. La mejor broma que se le había ocurrido.
Sin hacer ruido, sin avisar, se acercó más. Y con una sonrisa que casi se le sale de la cara, le puso sus pechos en la cara a Texnolollir. Se quedó ahí, pegadita a él, mirándolo con ojos brillantes y traviesos, disfrutando cada segundo de lo que había hecho.
— ¿Holaaa? —le dijo con voz dulce y burlona—. ¿Alguien está ahí? ¿O te quedaste vacío por dentro? Bueno… si no pensás nada, al menos vas a sentir algo, ¿no?
EL TERROR Y EL REGRESO
En ese instante, algo se rompió. No fue la broma. Fue lo que vino después. Porque justo cuando ella lo estaba molestando, justo cuando él estaba sin pensamientos, el terror apareció. No venía de las diosas. Venía de ese algo que estaba y no estaba. Venía de la nada misma que había llenado el vacío de sus mentes. Un terror tan profundo, tan antiguo, tan absoluto, que hizo que el aire se pusiera pesado. Algo que no tenía nombre, que no tenía forma, que solo era puro miedo, empezó a llenar todo el espacio.
Y entonces, en medio de ese terror, Texnolollir reaccionó. No porque pensó. No porque calculó. Sino porque sintió. Sintió la broma. Sintió la presencia de ella pegada a su cara. Y sintió el terror que venía por todos lados. Y de golpe… recuperó el control.
No fue poco a poco. Fue de golpe. Como alguien que abre los ojos de par en par. Todos los pensamientos que le habían robado volvieron. Todos los recuerdos. Todas las decisiones. Y con ellos, volvió su fuerza. Volvió su claridad. Volvió él.
Se apartó suavemente de ella, le pasó una mano por la cara como si se sacara algo que no esperaba ver, y la miró con esa calma que lo caracterizaba, aunque en sus ojos se veía que había vuelto de un lugar muy oscuro.
TEXNOLOLLIR
— Gracias. Creo. Por despertarme. Aunque… podrías haber encontrado otra forma.
La Slime se rió, contenta de haber logrado lo que quería.
— ¿Viste? —le dijo—. Cuando no tenías pensamientos, yo te hice sentir algo. Y eso te trajo de vuelta. ¿No me vas a agradecer?
LA BATALLA CONTRA LO QUE NO ESTABA
Pero no hubo tiempo para bromas. El terror crecía. Las dos diosas miraban asustadas. Esa presencia que estaba y no estaba se hacía más fuerte cada segundo. No se podía golpear. No se podía destruir. Porque no era algo que existiera de verdad. Era lo que quedaba cuando la mente se vaciaba. Era el vacío mismo cobrando vida.
Texnolollir miró a su alrededor. Terrari y Perfección empezaban a moverse de nuevo. Recuperaban poco a poco lo que les habían robado. Pero esa presencia seguía ahí.
TEXNOLOLLIR
— No podemos pelear contra ella. Porque no es real. Es lo que pasa cuando dejamos de pensar. Es el vacío que se llena de miedo.
Entonces hizo algo que nadie esperaba. Se sentó. Cerró los ojos. Y empezó a pensar. No pensó en pelear. No pensó en destruir. Empezó a pensar en todo lo que era. En quién era. En por qué estaba ahí. En cada multiverso que había recorrido. En cada pelea que había ganado. En cada caída de la que se había levantado. Y a medida que él pensaba, el vacío se hacía más chico. El terror se debilitaba. Porque el miedo solo crece donde no hay pensamientos. Donde hay ideas, donde hay recuerdos, donde hay voluntad… el vacío no puede quedarse.
Terrari abrió los ojos. Lo recordó todo. Y con su recuerdo volvió su fuerza. Perfección procesó todo de nuevo. Y con sus cálculos volvió su claridad. Y las dos diosas, al ver que alguien podía llenar su propia mente con algo más que miedo, entendieron que no podían robarle nada a alguien que sabía tan bien quién era.
Poco a poco, esa presencia que estaba y no estaba se desvaneció. No la destruyeron. Simplemente… dejaron de darle espacio. Y cuando no hay lugar donde quedarse, lo que no es real… se va.
EL CIERRE
Cuando todo terminó, cuando el mundo volvió a tener colores y las sombras dejaron de asustar, Texnolollir se levantó. Estaba bien. Estaba entero. Pero se dio vuelta hacia la Slime, que lo miraba con esa sonrisa inocente como si no hubiera hecho nada.
TEXNOLOLLIR
— Vos. Vos fuiste la causa de que volviera. Pero la forma en que lo hiciste… no la vuelvas a repetir.
LA SLIME, riendo:
— ¿Por qué? ¿Te molestó? ¿O te gustó?
Texnolollir la miró, no supo qué responder, y simplemente negó con la cabeza, dándose vuelta para caminar hacia la nave.
TEXNOLOLLIR
— Lo que sea. Gracias por despertarme. Pero la próxima vez… despertame de otra forma.
LA SLIME, corriendo tras él:
— ¿Otra forma? ¿Como cuál? ¿Me das ideas? ¡Eso sí que me gusta!
Y mientras subían a la nave, Terrari y Perfección, que ya lo habían recuperado todo, se miraban entre ellos sin entender bien qué había pasado, pero sabiendo una cosa: de todas las formas de despertar que existían… esa había sido la más extraña de todas. Y también la más efectiva.