Texnolollir

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CAPÍTULO 48 — MULTIVERSO 43: EL FÉNIX Y EL AVE MULTIVERSAL
La nave descendió en un espacio que no tenía suelo ni cielo, sino que se abría en dos mitades perfectas, separadas por una línea de luz que recorría todo el multiverso. A la izquierda, todo era fuego: llamas que no consumían nada, ríos de llama que fluían con calma, un resplandor dorado y rojo que iluminaba cada rincón. A la derecha, todo era creación: galaxias que nacían al instante, estrellas que se encendían una tras otra, un flujo constante de mundos que aparecían y tomaban forma. Y en cada mitad, ocupándola por completo, estaban ellos.
LAS DOS BESTIAS
El Fénix ocupaba la mitad de fuego. Era tan grande que sus alas abarcaban desde el borde del multiverso hasta el centro. Sus plumas eran llamas vivientes que cambiaban de color: del rojo más intenso al dorado más brillante. Cada vez que movía una sola ala, una ola de calor recorría miles de mundos y todo lo que tocaba se convertía en cenizas. No lo hacía con maldad. Era su naturaleza. Donde él pasaba, todo terminaba. Era el fin de todo. La destrucción hecha ser vivo.
El Ave Multiversal ocupaba la otra mitad. Su cuerpo estaba tejido de nebulosas y polvo estelar. Sus alas eran tan inmensas que cada pluma era una galaxia completa. Cuando aleteaba, no destruía nada: creaba. Cada movimiento suyo hacía que nacieran mundos, que se formaran sistemas solares, que la vida brotara donde antes no había nada. Era el comienzo de todo. La creación hecha carne.
Y ambos, tan diferentes, tan opuestos, eran en realidad la misma cosa. Dos mitades de una sola representación perfecta. El fin y el principio. Lo que destruye y lo que construye. Ninguno era mejor que el otro. Ninguno podía existir sin el otro. Juntos eran el equilibrio de todo lo que existe.
LA EXPLORACIÓN Y LA CONVERSACIÓN
Texnolollir, Terrari y Perfección caminaban por esa línea que separaba los dos mundos, observando con asombro cómo dos seres tan inmensos podían convivir sin tocarse, sin pelearse, sin estorbarse.
TERRARI, mirando al Fénix:
— Miralo. Con solo aletear una vez puede borrar todo lo que vemos. Y sin embargo… no lo hace. Simplemente está ahí. Siendo él mismo.
PERFECCIÓN, analizando cada movimiento del Ave Multiversal:
— Y el otro. Cada pluma que suelta es un universo nuevo. No hay lógica más perfecta que esta: uno destruye para que el otro pueda crear. Si nada se destruye, no hay espacio para lo nuevo. Si nada se crea, no hay nada que destruir. Son dos mitades de una sola verdad.
Texnolollir miraba a ambos con una calma profunda. Veía más allá del fuego y de las estrellas. Veía lo que representaban.
TEXNOLOLLIR
— Ellos son como el tiempo. Lo que se va y lo que viene. Nadie les manda. Nadie los controla. Simplemente cumplen su función. Y lo hacen sin enojarse, sin competir, sin intentar cambiar al otro. El fuego respeta la creación. Y la creación respeta el fuego. Ojalá más seres entendieran eso.
LA SLIME Y SU CELOSO JUEGO
Mientras ellos hablaban y analizaban, la Slime púrpura transparente estaba ahí, cerca, escuchando todo, pero con la mirada fija en algo más. Cada vez que Terrari o Perfección se acercaban un poco más a Texnolollir para hablarle, ella fruncía el ceño. No le gustaba. No le gustaba nada que nadie estuviera tan cerca de él. Era su persona a la que molestaba, su compañero al que le hacía bromas, su objetivo favorito. Y sentía que nadie más tenía derecho a estar tan cerca.
Así que, sin decir una palabra, se deslizó hacia él. Y cuando estuvo justo a su lado, se pegó a su cuerpo y empezó a frotarse contra él. Su cuerpo transparente y gelatinoso se deslizaba suavemente sobre el suyo, rodeándolo, pegándose a su brazo, a su costado, moviéndose con una gracia traviesa y posesiva. Lo hacía de forma juguetona, como si fuera un juego, pero con un mensaje claro: "está ocupado, es mío para molestarlo, aléjense."
Lo hizo despacio, con una sonrisa pícara en los labios, disfrutando cada segundo, sabiendo que él no la iba a empujar, sabiendo que tenía esa libertad que nadie más tenía.
LA IGNORANCIA DE TEXNOLOLLIR
Y Texnolollir… simplemente la ignoró. No se detuvo. No se apartó. No le cambió la expresión. Siguió mirando a las dos bestias, siguió hablando con Terrari y Perfección, siguió analizando todo lo que tenía enfrente, como si ella no estuviera pegada a su cuerpo frotándose contra él. Como si fuera una prenda más que llevaba puesta. Como si fuera parte del paisaje.
TERRARI, que lo vio y no pudo evitar sonreír:
— ¿No vas a decirle nada? Está ahí, pegada a vos, como si te reclamara.
TEXNOLOLLIR, sin bajar la mirada, sin dejar de mirar al Fénix:
— Sé que está ahí. Y sé por qué lo hace. Quiere que le preste atención. Quiere que la mire a ella en lugar de mirar todo lo demás. Pero si le hablo… gana. Si le presto atención… va a hacerlo diez veces más fuerte. Así que no digo nada. No la veo. Y cuando se canse… se va a ir.
PERFECCIÓN, calculando:
— Estrategia interesante. Ignorar el estímulo para que el comportamiento se extinga. Pero dudo que funcione con ella. Ella no se cansa fácilmente.
Y tenía razón. La Slime no se fue. Siguió pegada a él, frotándose, moviéndose, esperando que él reaccionara. Esperando que se molestara, que la mirara, que le dijera algo. Pero él seguía hablando de fuego y de creación, de aleteos que destruían multiversos y alas que hacían nacer mundos. Y ella seguía ahí, invisible para él, pero imposible de ignorar para todos los demás.
EL DIÁLOGO DE LAS DOS BESTIAS
En ese momento, el Fénix y el Ave Multiversal giraron la cabeza al mismo tiempo. Dos seres inmensos, cada uno llenando la mitad de todo lo que existe. Y hablaron con voces que resonaron en cada rincón de la creación.
EL FÉNIX, con voz como rugido de llamas:
— Vinieron a ver el fin. Vinieron a ver cómo todo se convierte en cenizas.
EL AVE MULTIVERSAL, con voz como el viento entre estrellas:
— Y también el comienzo. Vinieron a ver cómo todo nace de la nada.
EL FÉNIX
— Somos dos mitades de lo mismo. Yo borro lo que está viejo.
EL AVE MULTIVERSAL
— Y yo pongo lo que es nuevo.
EL FÉNIX
— Nadie nos ordena nada. Nadie nos dice cuándo aletear. Simplemente somos.
EL AVE MULTIVERSAL
— Y el equilibrio se mantiene. Porque si yo creo demasiado, todo se llena y no cabe nada más. Y si él destruye demasiado, no queda nada donde construir. Juntos… somos perfectos.
Texnolollir los miró a los dos, con esa Slime todavía pegada a su costado, sin soltarlo.
TEXNOLOLLIR
— Eso es lo que pocos entienden. Que la destrucción no es mala. Y la creación no es la única cosa buena. Necesitamos ambas. Y ustedes lo entendieron sin que nadie se los enseñara.
EL CIERRE
Cuando se prepararon para volver a la nave, la Slime seguía ahí. Seguía pegada a él, frotándose de vez en cuando, esperando una reacción que nunca llegaba. Pero cuando ya estaban por subir, Texnolollir se detuvo un instante, sin mirarla, y le dijo muy bajito, solo para que ella lo escuchara:
TEXNOLOLLIR
— Lo hiciste bien. Nadie se acercó más de lo debido. Pero la próxima vez… buscá otra forma de decirlo.
La Slime abrió los ojos sorprendida. Él sí la había visto todo el tiempo. Sabía exactamente lo que estaba haciendo. Y con una sonrisa más brillante que nunca, se separó de él un momento, dio un saltito alegre, y le susurró al oído:
— Sabía que te dabas cuenta. Y la próxima vez… voy a encontrar algo más divertido todavía.
Texnolollir negó con la cabeza, subió a la nave, y mientras las alas del Fénix y del Ave Multiversal se movían suavemente detrás de ellos, creando y destruyendo mundos en un equilibrio perfecto, él sabía que había encontrado algo que no se podía destruir ni crear: la perseverancia de una Slime que nunca se cansaba de molestarlo.




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