CAPÍTULO 49 — MULTIVERSO 44: LA PARCA Y LO QUE NO SE PUEDE ABSORBER
La nave descendió en un mundo donde no había luz ni sombra, sino un gris eterno que lo envolvía todo. El suelo parecía hecho de polvo de recuerdos olvidados, y el aire estaba tan silencioso que se podía escuchar el paso del tiempo como un susurro lejano. En el centro de ese vacío, sobre un trono formado por cientos de manos esqueléticas que se entrelazaban unas con otras, estaba Ella. La Parca.
No era la figura simple de la muerte que muchos conocían. Era más alta, más imponente, envuelta en una túnica que parecía tejida con los últimos suspiros de mil mundos. En su mano sostenía una guadaña que no cortaba carne ni hueso: cortaba la existencia misma. Y su presencia era tal que hacía sentir a cualquiera que estaba de más, que su tiempo se había acabado.
EL PODER DE ABSORBER
Cuando bajaron, la Parca no se levantó. Solo los miró, y con esa mirada, Texnolollir entendió de inmediato qué clase de ser tenía enfrente.
LA PARCA
— Sé quiénes son. Sé de dónde vienen. Y sé qué llevan dentro. Todo lo que tiene vida… tiene un final. Y ese final… soy yo.
Se inclinó un poco hacia adelante, y su voz resonó como el eco de mil voces que ya no estaban.
LA PARCA
— Mi poder no es solo llevarse el cuerpo. Yo puedo absorber cualquier técnica, cualquier habilidad, cualquier ataque que me lancen. Lo tomo, lo hago mío, y lo uso contra quien me lo envió. Y si decido absorber a un ser vivo… no me quedo con su carne. Me llevo todo. Su cuerpo, su espíritu, sus recuerdos, su esencia completa. Lo que esa persona fue, lo que pensó, lo que amó, lo que odió… todo se convierte en parte de mí. Y cuanto más absorbo… más poderosa me vuelvo. Nadie ha podido quedarse conmigo. Nadie ha podido evitar ser absorbido. Porque todo lo que tiene alma… tiene un lugar donde ir. Y ese lugar soy yo.
LA DISCUSIÓN QUE NO LLEGÓ A BATALLA
Texnolollir dio un paso adelante. No se mostró desafiante, pero tampoco retrocedió.
TEXNOLOLLIR
— Entiendo tu poder. Pero nosotros no vinimos a pelear. Vinimos a ver. Y a entender.
LA PARCA, con voz que se volvió fría y cortante:
— No hay nada que entender. Hay que irse. Todo lo que vive debe marcharse. Y ustedes viven. Tienen poder, tienen espíritu, tienen almas que brillan demasiado. Y eso… eso me molesta. Porque lo brillante se apaga. Y yo soy quien lo apaga.
La tensión creció. La Parca se levantó. La guadaña empezó a brillar con una luz oscura que hacía que el aire mismo se volviera pesado. Terrari dio un paso al lado, listo para transformarse. Perfección comenzó a calcular defensas, actualizando su poder cada segundo. La pelea parecía inevitable. La Parca estaba enojada. Sentía que su dominio estaba siendo desafiado. Y cuando se enojaba… absorbía todo lo que tenía enfrente.
LA PARCA
— Ya me cansé de hablar. Tienen almas hermosas. Brillan con una luz que no debería existir acá. Y yo las voy a tomar. Las voy a absorber. Y cuando las tenga… seré más poderosa que nunca.
LA SLIME INTERVIENE
En ese momento, justo cuando la Parca estaba por lanzarse, alguien se interpuso en su camino. No fue Texnolollir. No fue Terrari. Fue la Slime. Se deslizó despacio, se paró justo entre ellos y la Parca, y la miró con esa sonrisa pícara y tranquila que siempre tenía. No tenía miedo. No se veía amenazada. Simplemente estaba ahí, bloqueando el paso.
LA PARCA, deteniéndose sorprendida:
— ¿Tú? ¿Te querés interponer? ¿Sabés quién soy? Yo absorbo todo. Yo tomo todo. ¿Y vos te parás enfrente de mí como si nada?
LA SLIME, con voz ligera y juguetona:
— Sí, yo me paro. ¿Y sabés qué? No me vas a absorber. No podés.
La Parca soltó una risa seca, como huesos chocando entre sí:
— ¿Que no puedo? Yo absorbí dioses. Yo absorbí seres que creaban mundos. ¿Y vos creés que una gelatina brillante me va a detener?
LA SLIME
— No soy como los demás. Ellos tienen alma. Tienen espíritu. Tienen algo que podés agarrar y llevarte. Pero yo… yo no tengo eso. No tengo conciencia como ustedes la entienden. No tengo un espíritu que se pueda separar. Soy simplemente… yo. Soy como el agua, como el fuego, como el viento. Soy sustancia que vive, pero que no tiene un ser interno que se pueda arrancar. Si me intentás absorber… ¿qué vas a tomar? ¿Mi cuerpo? Lo podés tomar. Pero no hay nada adentro que sea tuyo. Y peor aún… hay una posibilidad, chiquita, casi nada… de que en lugar de que vos me absorbas a mí… yo te absorba a vos.
EL MOMENTO DE LA VERDAD
La Parca se quedó quieta. Esas palabras la detuvieron. Empezó a analizarla. A escudriñar cada rincón de su ser. Y cuanto más la miraba, más extrañaba. No encontraba alma. No encontraba espíritu. No encontraba nada que pudiera tomar y agregar a su colección. Era como intentar agarrar una sombra con las manos. Como intentar beber el viento.
Y entonces sintió algo más. Una presencia extraña, una probabilidad tan pequeña que casi no se podía medir, pero que existía: la posibilidad de que ella, la Parca, la devoradora de almas, fuera devorada. No era seguro. No era probable. Pero estaba ahí. Y la Parca, que nunca temblaba ante nadie, sintió que por primera vez no tenía todo el control.
LA PARCA, bajando la guadaña lentamente:
— Es verdad. No te encuentro. No sé qué sos. No sé cómo tomarte. Y si te intento absorber… podría perder. Podría ser yo quien termine siendo parte de vos. Esa probabilidad… por más chica que sea… no la puedo ignorar.
LA CONVERSACIÓN FINAL
La ira se le fue de a poco. La guadaña dejó de brillar. Y volvió a sentarse en su trono de manos esqueléticas, mirando a la Slime con una mezcla de asombro y respeto.
LA PARCA
— Nunca me había pasado esto. Todos tienen algo que perder. Vos no tenés nada. Y por eso… no te puedo tocar.
Texnolollir dio un paso adelante, asombrado de que la Slime hubiera logrado lo que ninguno de los otros dos: detener a la Parca sin pegar un solo golpe.
TEXNOLOLLIR
— Entonces, ¿podemos hablar ahora? Sin peleas. Sin absorciones.
La Parca lo miró a él, y luego volvió a mirar a la Slime, que seguía parada ahí, sonriendo como si nada hubiera pasado.
LA PARCA
— Sí. Podemos hablar. Porque ella me demostró algo: que hay cosas que incluso yo no puedo tomar. Que hay seres que no se rigen por las reglas de la vida y la muerte que yo conozco. Y si hay seres así… tal vez el mundo es más grande de lo que yo creía.
Y así, la que estaba lista para absorberlos a todos, se quedó hablando con ellos. No como enemiga. Como alguien que acababa de descubrir que no era la dueña de todo. Y la Slime, contenta de haber ganado esa batalla sin siquiera pelear, se acercó a Texnolollir, le dio un empujoncito suave con el hombro, y le susurró:
— ¿Viste? Yo te salvé. ¿Ahora me debés una, no?
Texnolollir la miró, negó con la cabeza, pero esta vez no la ignoró. Le dedicó una sonrisa pequeña, casi imperceptible, y siguió hablando con la Parca. Sabía que había algo especial en ella. Y ahora… también sabía que incluso la muerte misma tenía motivos para tenerle respeto.