Texnolollir

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CAPÍTULO 50 — MULTIVERSO 45: LA DIOSA DEL BAILE Y EL RITMO QUE NO SE PODÍA SEGUIR
La nave descendió en un mundo donde el suelo no era tierra, sino que era un escenario infinito hecho de luz que cambiaba de color al compás de un ritmo que nadie escuchaba pero todos sentían. El aire vibraba, como si el propio espacio estuviera latiendo, y en el centro de ese escenario, moviéndose con una gracia que parecía imposible de seguir, estaba Ella. La Diosa del Baile.
No tenía armas ni armadura. No tenía cetro ni guadaña. Vestía una túnica que fluía como agua, y cada movimiento suyo era tan perfecto, tan lleno de poder, que el espacio mismo se curvaba a su paso. Era una diosa suprema. Y se decía que ella sola, sin esfuerzo alguno, había destruido a otros seres supremos que intentaron arrasar con todo. No los había vencido con fuerza bruta. Los había vencido bailando.
EL INICIO DE LA PELEA
Cuando Texnolollir dio un paso adelante, ella lo miró y sonrió. No era una sonrisa de burla, era la sonrisa de alguien que ya sabía cómo terminaba todo.
LA DIOSA
— Vinieron a desafiarme. Qué lindo. Me encanta tener compañía. Pero aviso: yo no peleo como ustedes. Yo bailo. Y quien intente seguir mi ritmo… se rompe.
Sin previo aviso, dio un giro. Y ese giro lanzó ondas de energía divina que cortaban la realidad como cuchillas. No eran golpes al azar. Cada paso, cada movimiento, cada giro era una técnica de poder divino. Una danza que destruía todo lo que tocaba.
Texnolollir no se quedó quieto. Desplegó todo su poder. Y más que nunca: en su espíritu sentía la presencia del dragón, esa fuerza que había vuelto a él, esa unión que lo hacía más fuerte que nunca. Lanzó rayos que atravesaban dimensiones, abrió grietas en el tiempo, usó cada habilidad, cada técnica que había aprendido en cuarenta y cuatro multiversos. Y con la fuerza del dragón fluyendo en sus venas, creyó que podía detenerla.
Pero no pudo. Cada vez que él lanzaba un ataque, ella simplemente hacía un paso más. Se movía entre los rayos como si estos fueran parte de la coreografía. Lo esquivaba todo. No porque fuera rápida. Sino porque su ritmo era superior. Antes de que él lanzara el golpe, ella ya sabía hacia dónde iba a moverse. Y cuando él terminaba de atacar, ella ya estaba en otro lugar, esperándolo con una sonrisa.
Texnolollir sentía la fuerza del dragón pujando dentro de él, queriendo salir, queriendo ayudarlo. Pero ni siquiera eso fue suficiente. El dragón era poderoso, pero su ritmo… su ritmo no podía seguirla.
TERRARI Y LA TRANSFORMACIÓN CALAMITY
Terrari vio que Texnolollir no podía contra ella. No dudó ni un segundo. Avanzó, y su cuerpo comenzó a cambiar. La luz se volvió oscura, su presencia se multiplicó mil veces, y en un instante, la forma Calamity se manifestó por completo. Su poder era tal que hizo temblar los cimientos de ese mundo. Lanzó ataques que podían borrar multiversos, olas de energía que lo consumían todo, técnicas que habían destruido dioses antiguos.
Pero la Diosa del Baile simplemente giró. Y esquivó todo.
Esquivó los rayos más potentes de Calamity con la misma facilidad con la que uno esquiva una hoja que cae. Se movió entre los ataques más devastadores como si estuviera bailando entre flores. Nadie podía creerlo. Nadie podía entender cómo era posible que alguien esquivara el poder de Calamity con tanta ligereza.
LA DIOSA, riendo mientras se movía:
— ¡Qué poder tan inmenso! ¡Qué fuerza tan grande! Pero… ¿saben qué le falta? Ritmo. No tienen ritmo. Y sin ritmo… no pueden tocarme.
Terrari siguió atacando, lanzando todo lo que tenía, pero cada golpe pasaba rozándola sin tocarla. Ella siempre estaba un paso más adelante. Siempre moviéndose. Siempre bailando. Y Terrari, con toda su potencia, no podía hacerle absolutamente nada.
LA AYUDA TRAMPOSA DE LA SLIME
En ese momento, mientras Texnolollir y Terrari retrocedían, agotados, viendo que nada funcionaba, alguien más se movió. La Slime. Se quedó observando un momento, analizando cada movimiento de la Diosa, cada giro, cada paso. Y sonrió. No era una sonrisa traviesa como siempre. Era una sonrisa de trampa.
Se deslizó despacio, sin hacer ruido, aprovechando que todos los ojos estaban puestos en la pelea. Y cuando la Diosa dio un giro amplio, de espaldas a ella, la Slime hizo algo simple: dejó caer una pequeña parte de su cuerpo gelatinoso justo sobre el hombro de la Diosa. Una gota diminuta, transparente, que se pegó a la túnica sin que nadie la notara. Ni la Diosa misma.
Una vez pegada, la Slime se alejó sigilosamente y volvió con Texnolollir y Terrari.
LA DIOSA, deteniéndose un instante, mirando a todos lados:
— ¿Dónde se fue la pequeña gelatina? ¿Tuvo miedo y se escondió?
LA SLIME, poniendo cara de inocencia desde lejos:
— No me fui a ningún lado. Simplemente estaba admirando lo bien que bailás. Eso es todo.
La Diosa soltó una risa y volvió a su danza. No se dio cuenta de nada. No sintió nada. Pero esa pequeña parte de la Slime que estaba pegada en su hombro… empezó a hacer su trabajo.
LA ABSORCIÓN SILENCIOSA
Esa parte diminuta, invisible, comenzó a absorber la energía de la Diosa. De a poco. Muy despacio. Para que no se diera cuenta. Con cada giro, con cada paso, con cada movimiento lleno de poder divino, esa pequeña mancha transparente iba tomando un poco más de su fuerza. La Diosa seguía bailando, seguía esquivando todo, seguía creyendo que todo estaba bajo control. Pero poco a poco… algo cambiaba.
Sus movimientos seguían siendo hermosos, pero ya no tenían la misma fuerza. Sus giros seguían siendo rápidos, pero no tan rápidos como antes. Y cada vez que lanzaba una técnica divina, esta era un poco más débil que la anterior. Horas pasaron. Y esa parte diminuta había crecido. Se había extendido por su espalda, por sus brazos, pegándose más, absorbiendo más.
Hasta que un día, la Diosa dio un giro y… se tambaleó.
Se detuvo. Se llevó una mano al pecho, confundida. Sintió que su poder se le escapaba. Que su fuerza se iba. Miró su hombro y vio esa mancha púrpura transparente que ya no era tan pequeña. Y en ese instante, entendió.
LA DIOSA, con voz quebrada:
— ¿Qué es esto? ¿Qué me hiciste?
La Slime, que estaba lejos, sonrió y le respondió con voz clara:
— No fue mucho. Solo te fui tomando un poquito de energía. Un poquito cada vez. Y ahora… ya no te queda nada.
La Diosa intentó atacar. Intentó bailar. Pero su cuerpo ya no respondía. Estaba débil. Vacía. Y en ese momento, la parte que estaba pegada a ella comenzó a tirar de ella. Y la Slime, desde lejos, abrió su cuerpo, se estiró, y absorbió a la Diosa por completo. No fue violento. Fue inevitable. La Diosa, que había vencido a seres supremos sin esfuerzo, que había esquivado el poder de Calamity como si nada… fue vencida por una gota que no sintió llegar.
EL CIERRE
Cuando todo terminó, la Slime volvió a su forma normal. Se veía igual que siempre, pero dentro de ella llevaba el poder de la Diosa del Baile. Y se acercó a Texnolollir con esa sonrisa pícara de siempre.
LA SLIME
— ¿Viste? Ustedes querían pelear con fuerza. Y yo… yo solo le dejé un regalo en el hombro. A veces lo más chico es lo que más duele.
Texnolollir la miró, asombrado de que hubiera logrado lo que él con el dragón y Terrari con Calamity no habían podido hacer.
TEXNOLOLLIR
— No la vimos venir. Ni ella tampoco. Fue una trampa perfecta.
LA SLIME, acercándose más, con ojos brillantes:
— Y ahora… tengo su poder. ¿Sabés lo que significa? Que ahora puedo bailar mejor que vos. Y también… puedo molestarte con más técnicas que nadie.
Texnolollir negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír. Porque sabía que a partir de ese momento, tener a la Slime cerca iba a ser mucho más peligroso… y mucho más divertido.




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