Texnolollir

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CAPÍTULO 55 — MULTIVERSO 50: LA DIOSA DE LA NADA Y LA HIJA DE DOMI
La nave descendió no en un mundo, sino en el límite mismo donde la existencia se toca con lo que nunca existió. Todo era de un blanco tan puro que dolía mirarlo, una luz que no venía de ningún sol ni de ninguna estrella, sino que brotaba del propio espacio. No había suelo ni cielo, no había arriba ni abajo. Solo había una inmensidad blanca, infinita, silenciosa. Y en el centro de esa inmensidad, Ella estaba esperándolos.
Brillaba con una luz blanca que no cegaba, sino que abrazaba. Su forma era alta, serena, vestida con telas que parecían tejidas con la nada misma, y su rostro tenía una belleza tan perfecta que hacía que todo lo demás pareciera incompleto al lado suyo. Era la Diosa de la Nada, la que protege todas las realidades, la que sostiene el equilibrio entre lo que es y lo que podría ser.
LA REVELACIÓN
Cuando bajaron: Texnolollir, Terrari, Perfección y la Reina Slime, ella los miró con ojos que habían visto nacer y morir infinitos multiversos. No los atacó. No los desafió. Dio un paso hacia ellos y su voz resonó no en el aire, sino directamente en el corazón de cada uno.
LA DIOSA DE LA NADA
— Por fin llegaron. Los estuve esperando. Sabía que su camino los traería hasta acá, al límite de todo lo que existe.
Texnolollir la miró con esa calma suya, pero con una pregunta que ya venía formándose desde hacía mucho tiempo.
TEXNOLOLLIR
— ¿Quién sos? Ningún registro, ningún ser supremo, ningún dios que hayamos conocido se parece a vos. Tu poder… tu poder está por encima de todo lo que hemos visto.
La Diosa bajó la mirada un instante, como si esas palabras le pesaran, y luego los volvió a mirar con una sinceridad que hizo que el aire mismo se detuviera.
LA DIOSA DE LA NADA
— Yo soy la hija de Domi.
Un silencio profundo cayó sobre todos ellos. Terrari dio un paso atrás, sorprendido. Perfección procesó la información y sus cálculos se detuvieron un instante, incapaces de encontrar lógica más allá de esa verdad. Y la Reina Slime, que siempre tenía una broma lista, se quedó callada, abrazada más fuerte al brazo de Texnolollir, sintiendo la gravedad de lo que acababan de escuchar.
LA DIOSA
— Sí. Domi es mi padre. Y yo soy más poderosa que él. Más poderosa de lo que él mismo imagina. Cuando él creó el primer multiverso, yo ya estaba ahí. Cuando él alcanzó su poder absoluto, yo ya lo había superado. Soy la que sostiene todo lo que él construye. Soy la que repara lo que él rompe. Soy la que evita que su fuerza destruya todo lo que ama.
LA PLEGARIA
Sus ojos se llenaron de una tristeza infinita, una tristeza que pesaba más que mil galaxias colapsando.
LA DIOSA
— Y por eso les pido esto. Por favor… paren a mi padre.
La frase fue dicha con una suavidad que dolía. No era una orden. No era un desafío. Era una súplica. De la ser más poderosa que existía, pidiéndoles ayuda a ellos.
LA DIOSA
— Él no sabe lo que hace. Su poder es tan grande que ya no lo puede controlar. Cada multiverso que toca, cada realidad que mira, la empieza a cambiar sin querer. Su presencia sola desequilibra todo. Y él sigue adelante, creyendo que lo hace bien, creyendo que construye, sin ver que está destruyendo poco a poco todo lo que existe. Yo lo detengo a cada instante. Yo pongo mi cuerpo entre él y la creación. Pero yo no puedo hacerlo sola para siempre. Cada día me cuesta más. Cada día su poder crece más. Y yo… yo ya no quiero ser así.
Hizo una pausa, y la luz blanca que la rodeaba parpadeó, como si una estrella estuviera a punto de apagarse.
LA DIOSA
— No quiero ser la que lo detiene siempre. No quiero vivir escondiéndome de mi propio padre, reparando lo que él rompe, sin que él siquiera se dé cuenta de que estoy acá. Yo no pedí ser más poderosa que él. Yo no pedí cargar con todo esto. Solo quiero que él entienda. Solo quiero que él pare. Que mire lo que hace. Y que juntos… podamos cuidar todo sin que yo tenga que ser la barrera que lo separa de todo lo demás.
LAS PALABRAS DE CADA UNO
Terrari dio un paso adelante, su forma Calamity vibrando dentro de él, pero sin salir, porque frente a ella sabía que incluso su máximo poder era como una chispa frente al sol.
TERRARI
— Si él es tan poderoso… y vos sos aún más poderosa que él… ¿por qué no lo detenés vos misma? ¿Por qué nosotros?
LA DIOSA, con voz quebrada:
— Porque es mi padre. ¿Cómo le pongo un freno a quien me dio la vida? ¿Cómo lo enfrento con todo mi poder sabiendo que cada golpe que le doy le duele a mí el doble? Yo puedo detener su fuerza, pero no puedo detener su corazón. Solo ustedes pueden hablarle como yo no puedo. Solo ustedes pueden mostrarle lo que yo no me atrevo a decirle.
Entonces habló Perfección, su voz serena y precisa, pero con un respeto que rara vez mostraba.
PERFECCIÓN
— Los cálculos indican que tu poder excede el de él por un margen inmenso. Podrías someterlo. Podrías encerrarlo. Pero no lo hacés. No por debilidad. Sino por amor.
LA DIOSA, asintiendo con lágrimas que brillaban como diamantes en la luz blanca:
— El amor es la única fuerza que no se puede medir con poder. Y es la única que me detiene.
La Reina Slime se separó un poco de Texnolollir, pero se quedó a su lado, y lo miró a ella con esos ojos que ahora tenían la sabiduría de siete elementos y el corazón de alguien que siempre estaba observando todo.
LA REINA SLIME
— Yo puedo absorber poderes. Puedo tomar lo que otros tienen y hacerlo mío. Pero yo no quiero tu poder. Yo quiero que estés bien. Que no tengas que cargar con todo esto sola. Porque sé lo que es estar cerca de alguien poderoso y que nadie vea lo que uno hace en silencio.
Y finalmente, Texnolollir dio un paso hacia ella. No con desafío. No con miedo. Con una comprensión profunda.
TEXNOLOLLIR
— Vos nos pedís que paremos a tu padre. Pero lo que en realidad nos estás pidiendo es que lo salvemos. No de él mismo, sino de lo que su poder lo está convirtiendo. Vos no querés derrotarlo. Querés que él vuelva a ser quien era antes. Antes de que el poder lo cegara.
LA DIOSA, con una sonrisa de alivio y de dolor a la vez:
— Vos lo entendiste. Nadie más lo entendió. Yo no quiero que caiga. Yo quiero que despierte. Quiero que vea lo que yo veo. Que sienta lo que yo siento. Y que juntos… dejemos de pelear en contra de todo y empecemos a cuidarlo de verdad.
EL COMPROMISO
Texnolollir extendió la mano, y en ese gesto había algo que no era tecnología ni fuerza bruta. Era voluntad. La misma que había recorrido cincuenta multiversos, que había hablado con dioses y monstruos, que había visto el fin y el comienzo de todo.
TEXNOLOLLIR
— Lo vamos a hacer. Vamos a ir a buscar a Domi. Vamos a hablar con él. Y vamos a hacer que entienda. No vamos a pelear para destruirlo. Vamos a pelear para que vuelva a ser él mismo. Porque vos lo amás. Y porque lo que él construyó vale la pena salvarlo.
La Diosa de la Nada lo miró, y por primera vez en eones, la luz blanca que la rodeaba dejó de ser pesada. Se volvió suave, cálida, como un abrazo que abarca todo lo que existe.
LA DIOSA
— Gracias. No saben lo que significa para mí escuchar eso. Cuando lleguen a él… díganle que yo estoy acá. Díganle que lo espero. Y díganle que no importa cuán lejos llegue… yo siempre voy a ser la luz que lo guíe de vuelta a casa.
La Reina Slime se acercó a ella y le tomó la mano. No había trampa. No había broma. Solo dos seres que entendían lo que era sostener el peso de algo inmenso.
LA REINA SLIME
— No te vamos a fallar. Y cuando todo termine… vas a poder descansar. Te lo prometo.
EL CAMINO HACIA LO MÁS ALTO
Cuando subieron a la nave, la luz blanca de la Diosa de la Nada los acompañó hasta mucho después de salir de ese multiverso. Todos iban callados. Sabían que el viaje ya no era igual. Ya no eran batallas contra dioses o monstruos. Ahora iban hacia algo mucho más grande, mucho más peligroso, mucho más sagrado: iban a hablar con el ser más poderoso que existía, no para derrotarlo, sino para salvarlo de sí mismo.
La Reina Slime volvió a abrazarse al brazo de Texnolollir, apoyó la cabeza suavemente en su hombro, y le susurró bajito, solo para él:
— ¿Sabés qué pienso? Pienso que ella es como vos. Da todo por los demás y nadie se lo agradece. Y ahora… ahora nosotros somos los que tenemos que agradecerle. Y cuidarla.
Texnolollir apretó su mano, mirando hacia adelante, hacia el horizonte donde esperaba Domi.
TEXNOLOLLIR
— Sí. Y lo vamos a hacer. Porque si ella puede cargar con todo ese peso sola… nosotros no vamos a dejar que lo siga haciendo.
Y la nave siguió su curso, hacia multiversos que aún no conocían, hacia la presencia que estaba por encima de todo, llevando consigo la súplica de la hija más poderosa que jamás existió: pararlo antes de que sea demasiado tarde.




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