Texnolollir

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CAPÍTULO 61 — MULTIVERSO 55: LA DIOSA DEL CAOS Y LA REINA QUE LO DOMINÓ
El cielo de ese multiverso no era de un solo color. Cambiaba constantemente: rojo de sangre un instante, negro de vacío al siguiente, verde de veneno después. Y en medio de ese cielo descontrolado, Ella volaba. La Diosa del Caos. Tenía la apariencia de una mujer hermosa, etérea, con una risa que sonaba como campanillas rotas. Pero lo que la hacía aterradora eran sus alas: enormes, hermosas, de mariposa, con patrones que cambiaban cada vez que se movía. Y cada aleteo… cada simple movimiento de sus alas… traía caos.
Un aleteo y una montaña se derrumbaba. Otro y un río cambiaba de curso. Otro más y una civilización entera desaparecía en un instante. Se divertía con eso. No lo hacía por maldad, sino porque para ella, el orden era aburrido. Destruir razas enteras, borrar tecnologías que habían tardado milenios en construirse, ver cómo todo se desmoronaba… eso era su juego. Y nadie la había podido detener jamás.
QUIÉN SE ENCARGA
Cuando la vieron, Texnolollir dio un paso adelante, con la mano en el pomo de su espada, serio como siempre, listo para enfrentarla.
TEXNOLOLLIR
— Yo me voy a encargar de ella.
Pero antes de que pudiera moverse, alguien lo detuvo. La Reina Slime se paró justo frente a él, mirándolo a los ojos con esa determinación que rara vez mostraba.
LA REINA SLIME
— No. Mejor yo me ocupo.
Texnolollir la miró sorprendido.
TEXNOLOLLIR
— Ella es peligrosa. Cada movimiento suyo puede destruir todo lo que está cerca. ¿Estás segura?
LA REINA SLIME
— Más segura que nunca. Vos descansá. Esta vez déjame a mí.
En ese momento, Perfección, que había estado analizando cada movimiento de la Diosa del Caos desde que llegaron, se acercó a ellos con sus cálculos listos.
PERFECCIÓN
— Estoy ejecutando las proyecciones. La probabilidad de que la Reina Slime salga victoriosa… es del sesenta por ciento.
Texnolollir frunció el ceño.
TEXNOLOLLIR
— ¿Sesenta por ciento? Es casi una moneda al aire. No es suficiente. Déjame ir a mí.
Pero antes de que pudiera dar un paso, Perfección lo detuvo con una mano en el brazo.
PERFECCIÓN
— Déjala que lo haga, Texnolollir. Esos sesenta por ciento son suficientes para ella. Y además… hay algo que mis cálculos no pueden medir. Lo que ella siente cuando se trata de protegerte. Eso… eso no tiene probabilidad. Y eso es lo que la va a hacer ganar.
LA REINA SLIME CONTRA LA DIOSA DEL CAOS
La Reina Slime se volvió hacia la Diosa del Caos. No tenía espada. No tenía armadura. Solo tenía su cuerpo gelatinoso, brillante, y los siete elementos que había absorbido girando en su interior.
La Diosa del Caos la miró y soltó una risa burlona.
LA DIOSA DEL CAOS
— ¿Vos? ¿Una gelatina? ¿Y creés que podés contra mí? Mirá esto.
Aleteó sus alas con fuerza. El suelo se abrió. El cielo se partió. Rayos de energía caían por todas partes. Pero la Reina Slime no se movió. No retrocedió. Dejó que el caos la rodeara, que la tocara, que intentara deshacerla. Y no pudo. Porque ella no era orden ni caos. Ella era cambio puro. Era fluir. Era lo que se adapta a todo.
LA REINA SLIME
— Tu caos destruye todo lo que es rígido. Todo lo que tiene forma fija. Pero yo no tengo forma fija. Yo soy lo que cambia. Y tu caos… a mí no me rompe. Me alimenta.
La Diosa del Caos frunció el ceño. Aleteó más fuerte. Más rápido. Cientos de cambios terribles intentaron aplastar a la Reina Slime. Pero cada vez que una ola de caos la golpeaba, ella simplemente lo absorbía. Lo tomaba dentro de su cuerpo. Y lo hacía suyo.
— ¿Te gusta destruir? —le dijo la Reina Slime, empezando a brillar con una luz que mezclaba todos los colores del caos—. Bueno, yo me llevo todo lo que vos rompés. Y lo armo de nuevo.
La Diosa del Caos aleteó con toda su fuerza, un golpe final que habría borrado un continente entero. Pero la Reina Slime se lanzó hacia adelante, envolvió a la Diosa con su cuerpo gelatinoso, y la abrazó. No para lastimarla. Para contenerla. Las alas de mariposa golpeaban por todos lados, intentando romperla, pero la Reina Slime era demasiado elástica, demasiado fluida. Cada aleteo se debilitaba al tocarla. Cada movimiento caótico perdía su fuerza al ser absorbido.
Y poco a poco, las alas dejaron de aletear. La risa de la Diosa del Caos se apagó. Quedó quieta, contenida, sin poder hacer caos, sin poder destruir nada. Porque frente a alguien que puede absorber todo lo que ella lanza, el caos pierde su poder. Si nada se rompe… el caos no existe.
EL RESULTADO
La Reina Slime la soltó despacio. La Diosa del Caos cayó de rodillas, confundida, sin entender cómo había sido vencida por alguien que parecía tan simple.
LA DIOSA DEL CAOS
— ¿Cómo… cómo lo hiciste? Nadie jamás pudo detener mis alas.
LA REINA SLIME, con una sonrisa tranquila:
— Porque vos destruís todo lo que se resiste. Pero yo no me resistí. Yo te recibí. Y cuando nadie te devuelve el golpe… el caos se cansa.
Se dio vuelta y caminó hacia donde estaban Texnolollir y Perfección. No saltó de alegría como otras veces. No hizo porras. Simplemente llegó, se abrazó al brazo de Texnolollir como siempre hacía, y le dijo bajito:
— Te dije que yo me ocupaba. ¿Viste? Sesenta por ciento fue suficiente.
Texnolollir la miró, asombrado, y le apretó la mano.
TEXNOLOLLIR
— Sesenta por ciento de probabilidad… y vos lograste el cien por ciento de victoria. Perfección se equivocó. Porque no contó con que vos sos más fuerte que cualquier número.
Perfección asintió, mirando los datos que aún seguían fluyendo.
PERFECCIÓN
— Los cálculos dicen sesenta por ciento. Pero la realidad… la realidad dice cien por ciento. Y la realidad siempre tiene la razón.
Y mientras la Diosa del Caos se alejaba, vencida y confundida, la Reina Slime se quedó pegada al brazo de Texnolollir, sabiendo que esta vez no solo había ganado una batalla. Había demostrado que no necesitaba que él la protegiera. Que ella también podía protegerlo a él. Y que cuando algo valía la pena… sesenta por ciento de probabilidad era más que suficiente.




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