Texnolollir

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CAPÍTULO 62 — MULTIVERSO 55: PARTE 2 — LA ABSORCIÓN DE LA DIOSA DEL CAOS
La Diosa del Caos, confundida y vencida, dio un paso atrás con la intención de irse. Pensó que al no poder destruirlos, simplemente se alejaría para llevar su caos a otro lado. Pero la Reina Slime no la dejó ir. En cuanto vio que daba la espalda, se lanzó hacia ella con una velocidad que nadie esperaba.
Antes de que la Diosa pudiera aletear sus alas una sola vez, la Reina Slime la envolvió por completo. Su cuerpo gelatinoso se expandió, se hizo grande y suave, y rodeó a la Diosa del Caos de tal forma que no le quedó ni un solo espacio para moverse. Las alas de mariposa golpeaban desesperadamente por dentro, intentando romper esa prisión transparente, pero cuanto más se movían, más se hundían en la sustancia elástica de la Reina Slime. Y entonces… la absorbió.
No fue violento. No fue sangriento. Fue como cuando uno se sumerge en agua: la Diosa desapareció poco a poco dentro del cuerpo brillante de la Reina Slime, hasta que no quedó nada visible. Solo ella, de pie, con una forma que ahora brillaba con colores nuevos, con patrones de alas de mariposa que aparecían y desaparecían por su piel gelatinosa.
Texnolollir, Terrari y Perfección se acercaron sorprendidos. Terrari fue el primero en hablar.
TERRARI
— La absorbiste. ¿Por qué? Podía irse. Ya no nos iba a molestar.
La Reina Slime los miró, y en sus ojos había una seriedad que rara vez mostraba. Se apoyó en el brazo de Texnolollir como siempre hacía, pero su voz fue firme, sin bromas, sin juegos.
LA REINA SLIME
— Porque si la dejaba ir… iba a destruir otros mundos. Otros que no pueden defenderse como nosotros. Ella no sabe hacer otra cosa. Su naturaleza es romper, cambiar, borrar. Y si la dejaba ir, iba a seguir rompiendo hasta que nadie quedara. No podía dejar que siguiera suelto algo que no puede dejar de lastimar.
Hizo una pausa, y una pequeña sonrisa apareció en sus labios, mientras una luz caótica parpadeaba suavemente a través de su cuerpo.
LA REINA SLIME
— Y además… su poder no es malo. Solo estaba malgastado. Ahora su caos es mío. Y yo sé qué hacer con él. Yo sé cómo usarlo para proteger en lugar de destruir. De ahora en adelante, cada vez que alguien quiera romper el orden para hacer daño… va a encontrarse con su propio caos devuelto. Porque ahora yo soy la que lo sostiene.
Perfección revisó sus datos y asintió con respeto.
PERFECCIÓN
— Mis cálculos cambiaron. La probabilidad de victoria ya no es del sesenta por ciento. Ahora es del cien por ciento. Porque absorbió la fuente misma del poder del enemigo. Ya no hay nada que temer.
Texnolollir la miró, y entendió que había hecho lo correcto, aunque fuera difícil. No lo hizo por crueldad. Lo hizo porque sabía que alguien tenía que cargar con ese peso para que los demás pudieran estar a salvo. Y ella eligió cargarlo.
LA REINA SLIME, susurrándole al oído a Texnolollir:
— No te preocupes. Ella está bien. No la lastimé. Está descansando adentro mío. Y algún día… tal vez la deje salir. Cuando aprenda que el caos también puede ser hermoso si no lastima a nadie. Pero por ahora… se queda acá. Conmigo.
Y mientras la nave se alejaba, la Reina Slime brillaba con una luz nueva, mezcla de su propia esencia y la de la Diosa del Caos, sabiendo que había tomado una decisión que nadie más se había atrevido a tomar: contener la fuerza más destructiva que existía, no para dominarla, sino para cuidarla.




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