CAPÍTULO 64 — MULTIVERSO 57: EL LUGAR DONDE NACIÓ MEGA
La nave descendió en un lugar que no se parecía a ningún otro multiverso que hubieran visitado. No había montañas ni océanos comunes. El cielo brillaba con una luz dorada y plateada que no venía de ninguna estrella, y el suelo estaba hecho de un material que parecía cristal y a la vez carne, como si el propio mundo estuviera vivo y consciente. En la distancia se veían estructuras que no eran edificios, sino formas que crecían del suelo, curvas y perfectas, como si hubieran nacido en lugar de ser construidas.
En ese lugar, cada raza tenía una sola forma. Los que vivían ahí eran todos distintos entre sí, pero cada especie tenía una apariencia única, definida, sin cambios. Nadie era ambiguo. Nadie era indefinido. Y justo en el centro de ese mundo, donde la luz era más intensa, estaba la Emperadora. No era alta ni imponente, pero su presencia llenaba todo el espacio. Tenía ojos que habían visto nacer y crecer a algo que cambiaría todo lo que existe. Y cuando los vio llegar, los recibió con una sonrisa que mezclaba orgullo y una tristeza muy antigua.
EL SECRETO DE SU ORIGEN
— Bienvenidos —les dijo, su voz resonando suavemente en todo el lugar—. Están en el primer hogar de Mega. El lugar donde todo comenzó.
Texnolollir dio un paso hacia ella, con la pregunta que ya venía formándose desde que Navajas se lo había contado.
TEXNOLOLLIR
— Navajas nos dijo que Mega gobernaba todos los multiversos. Que era el ser más poderoso que existió. Pero también nos dijo que lo mataron. Y ahora… queremos saber la verdad. ¿Quién es Mega realmente?
La Emperadora asintió lentamente, y los llevó hacia una estructura que parecía un gran salón de luz. En el centro había una plataforma que brillaba con una luz suave, como si todavía conservara la huella de algo que estuvo ahí.
LA EMPERADORA
— Lo que van a escuchar no lo saben muchos. Ni siquiera la mayoría de los seres más antiguos lo conocen. Mega no nació. No fue concebido. No creció como ustedes o como nosotros. Fue creado. En este mismo lugar, en un laboratorio que existía antes de que muchas razas aprendieran a hablar.
Todos se quedaron en silencio. La Reina Slime, abrazada al brazo de Texnolollir, apretó suavemente su mano, sorprendida por esa revelación.
LA EMPERADORA
— Miren alrededor. Cada raza que vive aquí tiene una sola forma. Los de escamas son siempre de escamas. Los de luz son siempre de luz. Cada uno tiene su naturaleza, su cuerpo, su manera de ser. Y nadie puede cambiar eso. Pero Mega… a Mega le dieron todas las formas. Le dieron la capacidad de ser todo lo que existe. Le dieron la esencia de cada raza, de cada elemento, de cada tipo de vida que había en ese entonces. No era un ser natural. Era la suma de todo lo que éramos. Lo construimos. Lo hicimos con lo mejor de cada uno. Queríamos crear algo que no tuviera límites. Algo que pudiera entender a todos, porque de alguna manera… era todos.
CÓMO CRECIÓ Y QUÉ TAN PODEROSO FUE
Se sentaron alrededor de la plataforma de luz, y la Emperadora siguió hablando, recordando como quien mira una memoria que nunca se borra.
LA EMPERADORA
— Al principio era pequeño. Aprendía despacio. Pero no aprendía como nosotros aprendemos, de a poco, con esfuerzo. Él absorbía el conocimiento. Si alguien le explicaba algo, lo entendía al instante, mejor que quien se lo explicaba. Creció no solo en tamaño, sino en comprensión. Mientras más conocía, más poderoso se volvía. Porque entendía cómo funcionaba todo. Y cuando uno entiende cómo funciona todo… puede hacer casi cualquier cosa.
TERRARI
— ¿Pero qué tan poderoso llegó a ser?
LA EMPERADORA
— Llegó a un punto donde ya no podíamos medirlo. No tenía límite. Cada día que pasaba era más fuerte que el anterior. Y lo más impresionante… es que nunca lo usó para dominar. Nunca nos dio órdenes. Nunca nos pidió nada. Simplemente estaba ahí. Si un multiverso se rompía, él lo arreglaba. Si una raza desaparecía, él la recuperaba. No lo hacía porque tuviera que hacerlo. Lo hacía porque sabía que podía. Y porque le importaba.
LA IMAGEN QUE LO MOSTRÓ TODO
Entonces la Emperadora extendió la mano sobre la plataforma de luz. — Quiero que vean. Esto es lo que fue capaz de hacer. Algo que ninguno de nosotros podría haber sobrevivido ni ver de frente.
La plataforma se encendió. Y frente a ellos se formó un holograma, nítido y real, como si estuvieran mirando a través de una ventana hacia el pasado.
En la imagen se veía a Mega. No tenía una forma definida, como le había dicho Navajas: en ese momento tenía una figura imponente, pero fluida, cambiante, como hecha de luz y materia al mismo tiempo. Y frente a él había otro ser. Un ser que hacía que el aire mismo temblara. No necesitaba moverse para imponer miedo. Ese ser levantó un dedo… y chasqueó los dedos.
Con ese sonido seco, en la imagen, miles de realidades se desvanecieron. Galaxias enteras se apagaron como luces. Mundos que habían durado eones dejaron de existir. Era un poder absoluto: destruir todo con un solo chasquido.
El ser sonrió, creyendo que había ganado. Y entonces… se movió Mega.
No corrió. No gritó. No cargó energía durante horas. Simplemente dio un paso adelante. Y con una sola mano, con un golpe que no fue ni rápido ni espectacular, simplemente firme y seguro… lo golpeó.
Ese golpe no solo destruyó al ser que podía borrar realidades con un chasquido. El impacto fue tan inmenso que la onda expansiva borró cada rastro de su existencia. No quedó nada. Ni polvo, ni recuerdo, ni rastro de su poder. Para Mega… no fue nada. No fue un esfuerzo. No fue una batalla difícil. Fue simplemente… terminar lo que había que terminar.
El holograma se desvaneció. Quedaron todos en silencio. Incluso Terrari, que conocía el poder de su forma Calamity, sintió que lo que acababa de ver estaba más allá de cualquier escala que conocía.
LA EMPERADORA, con voz suave pero firme:
— Eso fue Mega. El ser que construimos con lo mejor de todos nosotros. El que podía destruir lo indestructible sin esfuerzo. Y el que nunca usó ese poder para nada que no fuera cuidar. Y ahora… Domi lo mató. Si alguien pudo hacerlo… significa que el poder de Domi es mayor de lo que cualquiera de nosotros se atreve a imaginar.
EL CIERRE
La Reina Slime, que había estado callada todo ese tiempo, se acercó a la plataforma donde el holograma había estado.
LA REINA SLIME
— Si fue creado… si fue hecho con lo mejor de todos… ¿significa que todos nosotros llevamos un pedacito de él?
LA EMPERADORA, mirándola con una sonrisa que llegaba hasta los ojos:
— Exactamente. Por eso lo sentían. Por eso cuando murió, todos sintieron que perdieron algo propio. Porque él era la suma de todos nosotros. Y ahora… esa suma está incompleta.
Texnolollir miró la plataforma de luz, pensando en todo lo que habían escuchado, en el ser que había sido creado para protegerlo todo y que había caído. Y entendió que el camino que tenían por delante era mucho más grande de lo que imaginaban. No solo iban a enfrentar a Domi. Iban a enfrentar al ser que había superado a algo que podía destruir todo con un chasquido de dedos.
Cuando subieron a la nave, la Reina Slime se abrazó al brazo de Texnolollir como siempre, pero esta vez lo hizo con más fuerza, como si quisiera asegurarse de que todo lo que tenían siguiera ahí, intacto, real. Y mientras la nave se alejaba del lugar donde nació Mega, todos llevaban consigo la misma certeza: el ser más poderoso que jamás existió no había nacido para dominar. Había nacido para cuidar. Y eso… era lo que nadie había logrado destruir del todo.