Texnolollir

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CAPÍTULO 71 — MULTIVERSO 64: LA DIOSA DE LA BELLEZA Y LA SOMBRA DE DOMI
La nave descendió en un mundo que no parecía real. Todo en ese lugar había sido esculpido con una perfección que dolía mirar: montañas de formas imposibles, curvas suaves que se repetían en cada colina, ríos que fluían dibujando espirales perfectas, árboles cuyas hojas tenían cada una un color distinto y sin embargo todas combinaban a la perfección. El cielo no era de un solo tono, sino una mezcla de azules, rosas y dorados que se mezclaban como si alguien los estuviera pintando en tiempo real. Cada flor, cada piedra, cada detalle parecía haber sido diseñado para ser lo más hermoso posible. Era una belleza tan extrema que casi resultaba abrumadora.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca y el Dios Glotón. Y apenas pusieron un pie en el suelo, Francesca se detuvo de golpe, con la mirada fija al frente, y les habló con urgencia, sin apartar la vista de lo que veían a lo lejos.
FRANCESCA
— No la miren. No se detengan. Sigan derecho hacia adelante. No se dejen atrapar por lo que ven.
La Reina Slime frunció el ceño, confundida.
LA REINA SLIME
— ¿Por qué? Es hermoso acá… ¿qué tiene de malo?
FRANCESCA, con voz firme:
— Esa belleza no es inocente. Es una trampa. Si la miran demasiado, si se dejan llevar, no van a poder irse. Sigan caminando. No levanten la vista.
Todos obedecieron. Bajaron la mirada, avanzaron despacio, intentando no fijarse en la perfección de todo lo que los rodeaba. Pero justo cuando estaban por cruzar el límite de ese mundo, una voz suave, cálida y melodiosa los envolvió por completo. No venía de un lugar específico. Estaba en el aire, en el viento, en el brillo de las flores.
— Paren. No hace falta que huyan. Yo no vine para lastimarlos. Vine para hablar.
Al escuchar esa voz, ninguno pudo dar un paso más. Sus pies se quedaron pegados al suelo. No era un hechizo que los forzaba con violencia. Era algo mucho más sutil: era la convicción de que no había razón para desobedecer. Era un encanto tan suave que ni siquiera se sentía como una atadura. Simplemente… dejaron de caminar. Se dieron vuelta. Y la vieron.
LA DIOSA DE LA BELLEZA
Estaba de pie frente a ellos, en el centro de un claro donde la luz caía formando un halo a su alrededor. Era la mujer más hermosa que cualquiera de ellos hubiera visto jamás. No había un solo rasgo en ella que estuviera fuera de lugar. Su rostro era tan perfecto que costaba respirar al mirarlo. Su cabello se movía como si tuviera vida propia, brillando con colores que no existían en ningún otro lugar. Sus ojos eran profundos y dulces, y cuando los miró uno por uno, cada uno sintió que ella lo estaba viendo a él, que lo entendía, que sabía todo lo que pensaba.
FRANCESCA, con voz tensa pero serena:
— Sabía que iba a pasar. Sabía que nos encontraría.
La Diosa de la Belleza les sonrió, una sonrisa que parecía contener toda la bondad del mundo, y dio un paso hacia ellos. Su voz seguía siendo suave, pero ahora tenía una tristeza inmensa escondida detrás.
LA DIOSA DE LA BELLEZA
— Gracias por detenerse. Sé que Francesca les dijo que no me miraran. Y tiene razón. Mi belleza… mi encanto… es peligroso. Muchos lo confunden con bondad. Muchos se quedan mirándome para siempre, olvidando quiénes son, porque creen que estar cerca de lo hermoso es suficiente. Pero yo no quiero eso con ustedes. Solo quiero que me escuchen.
Texnolollir la miró con atención, sintiendo algo extraño en el aire. Una presencia que no se veía pero que se sentía como una sombra muy larga.
TEXNOLOLLIR
— ¿Quién sos? ¿Por qué nos llamaste? ¿Por qué querías hablar con nosotros?
La Diosa bajó la mirada por un instante, como si le costara decir lo que iba a decir. Luego los miró de nuevo, y en sus ojos brilló una verdad que hizo que todos contuvieran el aliento.
LA DIOSA DE LA BELLEZA
— Mi nombre es Lirael. Y soy… la esposa de Domi.
LA VERDAD QUE NADIE SABÍA
El silencio que siguió fue absoluto. Terrari dio un paso atrás, asombrado. El Dios Glotón se puso rígido, su cuerpo de goma tensándose por primera vez. La Reina Slime abrió los ojos de par en par, sin poder creer lo que acababa de escuchar.
LA REINA SLIME
— ¿La esposa… de Domi? ¿Cómo puede ser? El ser que mató a Mega, el que destruye multiversos… ¿tiene esposa?
Lirael asintió lentamente, y una lágrima brilló en sus ojos antes de desaparecer sin siquiera caer por su mejilla.
LIRAEL
— Lo sé. Nadie lo sabe. Nadie se lo imagina. Cuando lo conocí… él no era así. Era poderoso, sí. Pero era diferente. Era brillante, curioso, quería entenderlo todo. Lo amé porque veía en él algo que nadie más veía: un ser que quería conocer el mundo para cuidarlo. Y me amó a mí. Me dijo que yo era lo más hermoso que había visto jamás. Me dijo que yo era su equilibrio. Que mientras estuviera conmigo, nunca se perdería.
Hizo una pausa, y el aire se volvió más pesado, como si el recuerdo de lo que pasó doliera solo de nombrarlo.
LIRAEL
— Pero algo cambió. No sé exactamente cuándo. Ni cómo. Poco a poco empezó a endurecerse. Empezó a creer que el poder lo era todo. Que si podías hacer algo, tenías que hacerlo. Que si algo existía, era porque estaba destinado a ser gobernado. Y cuando Mega apareció… todo empeoró. Veía en Mega algo que le hacía sombra. Veía que todos lo miraban a él. Y eso lo consumió. Los celos. El miedo. La necesidad de ser el único, el más grande, el que nadie podía superar. Y un día… se fue. Y cuando volvió… ya no era él.
Texnolollir la escuchaba con el corazón apretado. Pensó en todo lo que habían visto, en todo lo que habían sufrido por culpa de Domi, y ahora escuchaba esto: que hubo un tiempo en que él también amó. Que hubo alguien que lo amó. Que hubo un momento en que no era el destructor que todos conocían.
TEXNOLOLLIR
— ¿Y vos? ¿Por qué seguís acá? ¿Por qué no te fuiste?
LIRAEL lo miró, y en su mirada había una tristeza tan profunda que parecía no tener fondo.
LIRAEL
— Porque todavía espero. Porque de alguna manera, en algún lugar dentro de ese ser que se convirtió en un monstruo… sigue estando el hombre que yo conocí. Y porque sé algo que él todavía no entiende: el poder no llena los vacíos. No importa cuántos multiversos destruya, cuántos seres derrote, cuánto poder acumule… nunca va a ser suficiente para reemplazar lo que perdió. Y lo que perdió… fui yo. No porque me fui. Sino porque cuando se convirtió en lo que es… me perdió a mí. Y se perdió a sí mismo.
LO QUE ELLA SABÍA
Francesca dio un paso adelante, dejando de lado la precaución, mirando a Lirael con una compasión que nadie esperaba.
FRANCESCA
— Vos sabés por qué estamos acá. Sabés que buscamos las esferas. Sabés que queremos devolver a Mega.
LIRAEL asintió.
LIRAEL
— Lo sé. Y por eso los detuve. No para detenerlos. Sino para advertirles. Domi los está esperando. Sabe que vienen. Sabe que juntan las esferas. Y cada vez que ustedes avanzan, él se vuelve más peligroso. Porque tiene miedo. Y cuando Domi tiene miedo… destruye todo lo que toca.
Miró a todos, uno por uno, con una seriedad que hizo que cada palabra quedara grabada en sus mentes.
LIRAEL
— Pero también les digo algo: no lo subestimen. Y no lo odien tanto que dejen de ver lo que fue. Porque si lo odian sin entenderlo… se van a parecer a él. Y él lo sabe. Eso es lo que más teme: que ustedes se vuelvan como él. Que para vencerlo… terminen siendo iguales a él.
Se acercó un poco más, y su voz se volvió casi un susurro.
LIRAEL
— Y si algún día llegan a enfrentarlo… díganle que yo lo sigo esperando. Díganle que la belleza que él amaba no se fue. Que sigo acá. Y que si alguna vez decide dejar de destruir para empezar a construir de nuevo… su lugar está listo. Y que lo voy a estar esperando. Porque el amor que le tuve no se apagó. Solo… se quedó esperando a que él vuelva.
LA DESPEDIDA
Lirael dio un paso atrás, y la luz que la rodeaba empezó a suavizarse, como si supiera que ya era hora de dejarlos ir.
LIRAEL
— Ya pueden seguir. El encanto se terminó. No los voy a detener. Solo les pido una cosa: cuídense. Porque él no va a tener piedad. Y recuerden lo que les dije: la mayor fuerza no es la que destruye. Es la que sabe esperar. Y la que sabe perdonar.
Antes de que pudieran decirle nada más, ella comenzó a desvanecerse, no como alguien que se va, sino como alguien que se mezclaba con la belleza de ese mundo, volviéndose parte de las flores, de los ríos, de la luz que caía sobre las montañas. Y su voz quedó flotando en el aire:
— Y si lo ven… díganle que lo sigo amando. Aún. A pesar de todo.
Se quedaron en silencio mucho tiempo después de que ella desapareció. Nadie se atrevía a hablar. Porque la historia que acababan de escuchar cambiaba todo. Cambiaba a Domi. Cambiaba lo que pensaban de él. Y cambiaba también lo que estaban dispuestos a hacer cuando lo enfrentaran.
Finalmente, Texnolollir habló, con la voz baja y seria:
— Vamos. Tenemos que seguir. Pero ahora sabemos algo más que nadie más sabe. Sabemos que antes de ser el destructor… él era amado. Y que todavía hay alguien esperándolo.
Y mientras subían a la nave, dejando atrás ese mundo de belleza perfecta y triste, todos llevaban consigo la misma certeza: la batalla que se acercaba no iba a ser solo de poder contra poder. Iba a ser también de corazón contra corazón. Y nadie sabía aún quién iba a ganar.




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