CAPÍTULO 72 — MULTIVERSO 65: EL REINO DEL DIOS DE LA FUSIÓN Y EL CUERPO EN LA NADA
La nave descendió en un lugar que no tenía suelo ni cielo. No había horizonte, ni estrellas, ni viento. Era la nada misma: un vacío inmenso, silencioso, de un gris profundo que se extendía sin fin. Y en medio de esa inmensidad flotaba lo que quedaba del Reino del Dios de la Fusión. No era un mundo de piedra y tierra. Era una estructura hecha de energía entrelazada, de formas que se unían y se separaban constantemente, como si todo el reino fuera una sola fusión gigante que respiraba. Pero ya no respiraba. Estaba quieto. Apagado.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca y el Dios Glotón. Y al mirar hacia el centro del reino, todos se detuvieron con el corazón apretado. Allí, flotando en el vacío, sin nada que lo sostuviera, estaba el cuerpo del Dios de la Fusión.
EL DIOS QUE YA NO ESTABA
Era una figura imponente, hecha de luces de muchos colores que se entrelazaban unas con otras, como si en su cuerpo convivieran miles de seres en uno solo. Pero las luces estaban apagadas. Tenía heridas que no sangraban, sino que dejaban huecos vacíos en su forma, como si pedazos de su existencia hubieran sido borrados. No había expresión en su rostro. No había vida en sus ojos. Y lo más terrible de todo: no tenía alma. Su cuerpo seguía ahí, intacto en su forma, pero vacío. Como una casa de la que se llevaron todo lo que la hacía hogar.
FRANCESCA, acercándose despacio, con voz temblorosa:
— Lo destruyó. No lo mató simplemente. Le quitó el alma. Lo dejó vacío. Como si nunca hubiera existido de verdad.
EL DIOS GLOTÓN, apretando los dientes con rabia:
— Domi. Fue él. Nadie más podría hacerle esto. Nadie más tendría el poder para arrancarle el alma a un dios y dejarlo flotando como un cascarón vacío.
PERFECCIÓN, escaneando el cuerpo con seriedad:
— El Dios de la Fusión era uno de los seres más poderosos que existieron. Cada vez que dos seres se fusionaban en cualquier lugar de todos los multiversos, él se hacía más fuerte. Absorbía el poder de esa unión. Cuantas más fusiones había, más inmenso se volvía él. Al final… era prácticamente invencible. Y sin embargo… aquí está. Vencido. Vacío.
Texnolollir miró el cuerpo flotando en la nada, y sintió un frío que le llegó hasta los huesos. Si alguien tan poderoso como él había caído así… ¿qué esperaba a los demás?
LA INVESTIGACIÓN DEL REINO
Se separaron para investigar. Recorrieron cada rincón del reino, examinaron cada estructura, cada rastro de energía que quedaba. El lugar estaba lleno de objetos que el Dios de la Fusión había guardado a lo largo de eones. Artefactos que acumulaban el poder de fusiones antiguas, herramientas para unir energías, mapas de lugares donde dos seres se habían vuelto uno solo. Todo estaba en su lugar. No había caos. No había desorden. Domi no vino a robar. Vino a destruir. Y se fue.
TERRARI, llamándolos hacia una plataforma de luz que seguía brillando débilmente:
— Vengan. Miren esto. Encontré tres objetos que no son como los demás. Están protegidos, como si el Dios de la Fusión hubiera sabido que algo así podía pasar.
Se acercaron todos. Sobre la plataforma, rodeados de una luz que no se apagaba, había tres objetos.
EL OBJETO QUE LO VEÍA TODO
El primero era un cristal pequeño, liso, que no tenía brillo propio, pero que cuando uno lo miraba, sentía que podía ver más allá.
PERFECCIÓN, tomándolo con cuidado:
— Esto es el Ojo de la Unión. Si lo tocas… ves todo. Ves cada fusión que jamás ocurrió. Ves cada lugar donde dos seres se unieron. Ves cada momento en que algo se hizo más grande que la suma de sus partes. Él lo usaba para saber dónde estaba el poder. Para saber cuándo crecer.
LA REINA SLIME, acercándose con curiosidad:
— ¿Y si lo toco? ¿Voy a ver todo lo que él vio?
PERFECCIÓN
— Sí. Todo. Incluso lo que vio antes de que Domi llegara.
LA ESFERA DE LAS ESFERAS
Al lado del cristal había dos esferas. Una era la que ya conocían: brillaba con una luz suave y constante, latía como un corazón. Era una de las ciento un esferas que necesitaban para devolver a Mega. La tomó Francesca y la guardó con cuidado, sabiendo que era una más que se sumaba a su colección.
Pero la segunda esfera era diferente. No brillaba. No latía. Era de un color negro profundo, tan oscuro que parecía tragar la luz que la rodeaba. Y era pesada. Tan pesada que aunque flotaba en el aire, todos sentían su gravedad tirando de ellos.
FRANCESCA, mirándola con asombro:
— Esta no es una esfera cualquiera. Esto… es una prisión. Una jaula hecha de energía pura. Diseñada para encerrar a seres extremadamente poderosos. Seres tan fuertes que ningún otro lugar podría contenerlos.
TEXNOLOLLIR, mirando esa esfera negra con respeto y temor:
— ¿Quién la creó? ¿Y para quién?
FRANCESCA
— El Dios de la Fusión la construyó. Dijo que algún día vendría un ser que nadie podría detener. Y que si llegaba el momento… necesitarían algo que pudiera encerrarlo para siempre. No sabemos si la hizo pensando en Domi. O en alguien más. Pero lo que sí sabemos… es que esta esfera tiene el poder de contenerlo todo. Incluso a seres que rompen las leyes de la realidad. Incluso a seres como Domi.
EL CIERRE
Se quedaron en silencio, mirando el cuerpo vacío del Dios de la Fusión flotando en la nada, y luego miraron los tres objetos que habían encontrado: el cristal que lo veía todo, la esfera de Mega, y la prisión que podía encerrar a los más poderosos.
TEXNOLOLLIR
— Domi lo derrotó. Le quitó el alma. Y sin embargo… no se llevó estos objetos. ¿Por qué?
FRANCESCA
— Porque no sabía que existían. El Dios de la Fusión los escondió tan bien, que ni siquiera Domi pudo verlos. Los guardó para que alguien más los encontrara. Para que alguien los usara cuando hicieran falta.
EL DIOS GLOTÓN, mirando el cuerpo con respeto:
— Él sabía que podía caer. Y aun así dejó todo listo. No se rindió. Preparó el camino para los que vendrían después.
Perfección guardó el cristal con cuidado. Francesca tomó la esfera de Mega. Y la esfera negra, la prisión para seres poderosos, se quedó flotando entre todos ellos, esperando a saber quién la usaría y para quién sería.
Antes de subir a la nave, Texnolollir miró por última vez el cuerpo sin alma del Dios de la Fusión, flotando en medio de la nada.
TEXNOLOLLIR
— Gracias. Gracias por dejarnos todo esto. Gracias por confiar en que vendríamos. No te vamos a fallar.
Y mientras la nave se alejaba, dejando atrás ese reino silencioso, todos sabían algo que antes no sabían: que no estaban solos. Que incluso los que cayeron dejaron algo para ellos. Y que la prisión más poderosa que jamás existió… ahora estaba en sus manos.