Texnolollir

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CAPÍTULO 73 — MULTIVERSO 66: JAGUAR, EL APRENDIZ DE MEGA
La nave descendió en un mundo de selvas imponentes donde los árboles crecían hasta tocar el límite del cielo. Sus troncos eran de piedra oscura y sus hojas brillaban con un resplandor dorado que iluminaba todo el suelo como si siempre fuera atardecer. El aire olía a tierra húmeda y flores que no existían en ningún otro lugar. Y en medio de esa inmensidad verde, había una presencia que no pasaba desapercibida: alguien se movía entre las sombras, rápido, silencioso, como si la selva misma lo estuviera guiando.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca y el Dios Glotón. Apenas pusieron un pie en el suelo, sintieron que no estaban solos. Algo los observaba desde lo alto de los árboles. Algo que sabía que habían llegado antes de que ellos mismos se dieran cuenta.
EL QUE YA ESTABA AHÍ
— Llegaron tarde —dijo una voz profunda, firme, que parecía venir de todas partes a la vez—. Yo ya la encontré.
Desde la rama más alta, saltó una figura que cayó al suelo sin hacer el más mínimo ruido. Era Jaguar. Un jaguar humanoide, alto, fuerte, cubierto de pelaje negro que brillaba con reflejos dorados bajo la luz de las hojas. Tenía la cabeza de un jaguar, con ojos de color ámbar que miraban con una intensidad que parecía ver dentro de cada uno de ellos. Su cuerpo era humanoide, de pie, con brazos fuertes y piernas poderosas, y en cada movimiento se notaba la gracia y la fuerza de un depredador que nunca fallaba. En su mano sostenía una esfera que brillaba con fuerza: la esfera de ese multiverso. La había encontrado antes que ellos.
Se puso de pie, con la esfera apretada entre sus dedos, y los miró a todos con una mezcla de orgullo y dureza.
— Soy Jaguar —dijo—. Fui el aprendiz de Mega. Y estuve buscando estas esferas desde mucho antes de que ustedes empezaran su camino. Nadie me dijo que vendrían. Nadie me dio permiso para confiar en ustedes. Y ahora… aparecen de la nada queriendo llevarse lo que yo encontré.
EL ATAQUE
Sin darles tiempo a responder, Jaguar dio un paso adelante. Sus ojos ámbar brillaron con más intensidad. Se preparó para lanzarse sobre Texnolollir. Su postura era la de alguien que había entrenado con el ser más poderoso de todos. Cada músculo estaba listo. Cada movimiento calculado. Iba a atacar. Y por la forma en que se movía, todos entendieron que no era un ataque cualquiera: era la técnica que Mega le había enseñado, concentrada, precisa, letal.
— No sé quiénes son —dijo Jaguar, con la voz tensa—. Pero no voy a dejar que nadie se lleve estas esferas. No sé si trabajan para Domi. No sé si vienen a destruir lo que Mega dejó. Y no voy a arriesgarme.
Levantó la mano, la energía comenzó a acumularse alrededor de su cuerpo, dorada y feroz, lista para lanzarse contra Texnolollir.
LA VOZ QUE LO DETUVO
Y justo cuando estaba a punto de soltar el ataque, cuando el aire mismo temblaba por la fuerza que iba a liberar, una voz suave pero firme cortó el momento:
— Espera. Espera, compañero. Está todo bien.
Jaguar se detuvo en seco. La energía se quedó flotando alrededor de él, sin soltarse, sin desaparecer. Se giró bruscamente y vio a Francesca dar un paso hacia él, con las manos levantadas, sin ninguna arma, sin ninguna intención de pelear.
FRANCESCA
— Baja la mano. No somos enemigos. Yo sé quién sos. Sé que fuiste el aprendiz de Mega. Sé cuánto lo querías. Y sé por qué estás haciendo todo esto.
Jaguar la miró con desconfianza, pero no atacó. La energía seguía ahí, contenida, pero no avanzó.
JAGUAR
— ¿Cómo sabés quién soy? Nadie se acuerda de mí. Cuando Mega se fue… todos se olvidaron de su aprendiz.
FRANCESCA
— Yo no me olvidé. Y tampoco ellos. Estamos juntando las esferas igual que vos. Buscamos las ciento una. Para que Mega vuelva. Igual que vos.
Jaguar la miró fijamente, y poco a poco la luz dorada alrededor de su cuerpo se fue apagando. Pero no soltó la esfera. No bajó la guardia del todo.
JAGUAR
— ¿Y cómo sé que dicen la verdad? ¿Cómo sé que no son espías de Domi? Él manda a gente a hacer estas cosas. Sabe que buscamos las esferas.
FRANCESCA
— Porque si fuéramos de Domi, ya te habríamos atacado. Y no estaríamos hablando. Estaríamos peleando. Y porque te voy a decir algo que solo alguien que conoce a Mega sabría: él no te enseñó solo a pelear. Te enseñó a cuidar. Te enseñó a proteger. Y te enseñó que la fuerza más grande no es la que destruye, sino la que sabe esperar. ¿Te suena familiar?
Jaguar dio un paso atrás, con los ojos muy abiertos. Esa frase… esa era exactamente la que Mega le decía todos los días antes de empezar a entrenar. Nadie más la conocía. Nadie más podía haberla sabido.
LA VERDAD Y LA UNIÓN
La esfera tembló en la mano de Jaguar. Sus dedos se relajaron lentamente. Y por primera vez, su postura de combate se deshizo. Se quedó de pie, simplemente, como alguien que lleva mucho tiempo cargando algo pesado y por fin encuentra a alguien que entiende por qué lo hace.
JAGUAR
— Me dijo que algún día vendrían personas que seguirían el mismo camino. Me dijo que si alguna vez dejaba de estar… ustedes aparecerían. Pero nunca creí que fuera verdad. Pensé que me lo decía para que no me sintiera solo.
LA REINA SLIME, acercándose despacio:
— No te dijo eso para consolarte. Te lo dijo porque sabía. Sabía que no ibas a estar solo para siempre.
Jaguar miró a Texnolollir, y por primera vez lo miró a los ojos sin intención de atacarlo.
JAGUAR
— Perdón. Estaba tan seguro de que todos eran enemigos… que casi te ataco. Casi cometo el error de pelear contra los únicos que están de mi lado.
Texnolollir negó con la cabeza con una sonrisa tranquila.
TEXNOLOLLIR
— No hay nada que perdonar. Estabas cuidando lo que te importaba. Y eso es lo que haría cualquiera de nosotros.
Jaguar miró la esfera que tenía en la mano, luego miró a Francesca, y finalmente se acercó y se la entregó.
JAGUAR
— La encontré hace dos días. La cuidé todo este tiempo. No la dejé sola ni un segundo. Pero ahora… creo que está más segura con ustedes. Y creo que yo también.
FRANCESCA, tomando la esfera con cuidado:
— No te vas a quedar solo. Venís con nosotros. Si fuiste el aprendiz de Mega… entonces tenés mucho que enseñarnos. Y mucho que ayudarnos.
Jaguar asintió, y por primera vez desde que apareció, sonrió. Una sonrisa que iluminó su rostro y le dio un brillo diferente a esos ojos ámbar que habían visto tantas cosas.
JAGUAR
— Me gustaría eso. Me gustaría mucho.
LA PARTIDA
Cuando subieron a la nave, Jaguar no se quedó solo en un rincón. Se sentó junto a ellos, escuchando todo, contando historias de cuando entrenaba con Mega, de las cosas que le enseñaba, de los lugares que visitaban juntos. Y mientras la nave se alejaba de ese mundo de selvas doradas, todos sabían que algo había cambiado. No solo habían encontrado una esfera más. Habían encontrado a alguien que conocía a Mega de cerca. Alguien que había aprendido de él. Alguien que podía mostrarles partes de él que nadie más conocía.
La Reina Slime lo miró de reojo y le dijo bajito:
— Menos mal que Francesca te detuvo. Porque si no… te hubiéramos tenido que pelear contra vos. Y me parece que hubiera sido muy difícil.
Jaguar soltó una risa profunda y cálida.
— Sí… menos mal que lo hizo. Porque yo también me di cuenta de que iba a cometer un error. Y de que por fin… ya no estoy solo.




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