Texnolollir

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CAPÍTULO 74 — MULTIVERSO 67: EL MUNDO CREADO PARA ENTRENAR Y LOS HIJOS DE MEGA
La nave descendió en un lugar que no se parecía a ningún otro multiverso que hubieran visitado. No era un mundo de belleza perfecta, ni de ruina, ni de peligro evidente. Era un espacio infinito, donde el suelo era de una piedra lisa y blanca que se extendía hasta perderse de vista, y el cielo era de un color azul profundo sin sol, sin luna, sin estrellas, pero siempre iluminado por una luz suave que parecía venir de todas partes a la vez. Había montañas que parecían esculpidas con propósito, llanuras inmensas, y estructuras de formas geométricas perfectas que se alzaban aquí y allá, como herramientas dejadas al aire libre. No había ríos, ni ciudades, ni seres comunes. Solo espacio. Inmensidad. Y silencio.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón y Jaguar. Y apenas pusieron un pie en el suelo, Jaguar se detuvo de golpe, con los ojos muy abiertos, respirando hondo como si reconociera un olor que no sentía desde hacía años.
JAGUAR, con voz temblorosa:
— Conozco este lugar. Es… es el Campo de Entrenamiento. Él lo creó. Lo hizo él mismo, con sus propias manos, con su propio poder. No pertenece a nadie más. Este multiverso… fue hecho por Mega. Para Mega.
En ese momento, desde lo alto de una de esas estructuras de piedra, saltaron dos figuras. Cayeron con una ligereza que no parecía posible, sin hacer el más mínimo ruido, aterrizando de pie, perfectamente equilibrados. Eran dos hermanos gemelos: un hombre y una mujer. Tenían el mismo rostro, los mismos ojos, la misma estatura. Sus movimientos eran idénticos, como si compartieran el mismo ritmo, la misma respiración. Pero mientras él tenía el cabello oscuro y una mirada firme y serena, ella tenía el cabello de un tono más claro y una presencia que parecía traer consigo una sombra suave, como si la oscuridad misma la acompañara.
Estaban vestidos con ropas sencillas pero resistentes, marcadas por el uso, como quienes llevan mucho tiempo entrenando sin descanso. Y en cada uno de ellos se sentía un poder inmenso, contenido, controlado, como una tormenta que sabe quedarse quieta.
LOS HIJOS DE MEGA
— Bienvenidos —dijo el hermano, con voz que resonó con calma—. Sabíamos que vendrían. Él nos dijo que algún día pasarían por acá.
La hermana asintió, mirándolos a todos con una mirada profunda, como si pudiera ver dentro de cada uno sin necesidad de palabras.
— Soy Lirael —dijo ella—. Y él es Kael. Somos hijos de Mega.
Un silencio profundo cayó sobre todos. Terrari dio un paso adelante, con la respiración contenida. La Reina Slime apretó el brazo de Texnolollir, con los ojos brillantes de emoción. Jaguar los miraba con una mezcla de alegría y asombro, como reconociendo en ellos algo que había visto muchas veces al lado de su maestro.
JAGUAR
— Hijos de Mega… yo no sabía que ustedes existían. Él nunca me habló de ustedes.
KAEL, con una sonrisa suave:
— No muchos lo saben. Nosotros vivimos acá. En este mundo que él creó. Entrenamos. Esperamos. Y solo él venía a visitarnos. Cuando podía. Cuando el resto del universo se lo permitía.
EL MUNDO QUE MEGA HIZO PARA SÍ MISMO
Caminaron juntos hacia el centro de ese multiverso, hacia una plataforma de piedra que parecía el corazón de todo ese lugar. Mientras caminaban, Kael les fue explicando:
— Este lugar no existía. Mega lo creó desde la nada. Lo formó con sus manos. Cada montaña, cada plano, cada estructura. Lo hizo para él. Para poder entrenar sin lastimar a nadie. Para poder liberar todo su poder sin destruir mundos habitados. Acá podía darlo todo. Podía romper la realidad misma, y este lugar se reconstruía solo. Siempre igual. Siempre listo.
LIRAEL
— Y cuando nosotros nacimos… este lugar se convirtió en nuestro hogar. Él nos trajo acá. Nos dijo: "Aquí nadie los va a molestar. Aquí van a poder crecer tan grandes como quieran. Y si un día necesitan irse… sabrán que están listos".
Se detuvieron en el centro de la plataforma. A sus pies había marcas de golpes que habían partido la piedra en mil pedazos y que luego se habían vuelto a unir. Cicatrices que sanaban una y otra vez.
KAEL
— Acá lo vimos pelear. Acá lo vimos entrenar. Día tras día, año tras año. A veces venía feliz. A veces venía cansado. A veces venía con una tristeza tan grande que llenaba todo este mundo. Pero siempre… siempre se ponía de pie y seguía.
MEGA Y SU MADRE — DOS MUNDOS DIFERENTES
En ese momento, la expresión de Lirael cambió. Se volvió más seria, más profunda, como si fuera a hablar de algo que muy pocos entendían.
LIRAEL
— Muchos hablan de Mega. Muchos saben quién fue. Pero casi nadie sabe de nuestra madre. Y casi nadie entiende lo diferentes que eran ellos dos.
Se sentaron sobre la piedra lisa, y el silencio del mundo pareció volverse más atento.
LIRAEL
— Nuestra madre es la Reina del Abismo. Ella viene de un lugar donde no hay luz, donde no hay reglas, donde todo se devora a todo. Ella es la oscuridad más antigua. La que estaba antes de que existiera la creación. Su poder es profundo, infinito, pero también implacable. Ella no protege. Ella es. Y lo que es, permanece aunque todo lo demás se destruya.
KAEL
— Y Mega… Mega era lo opuesto. Él era el Protector de Todo. No vino de la nada para ser poderoso. Vino para cuidar. Donde nuestra madre es el abismo que todo lo envuelve, Mega era la mano que sostiene para que nadie caiga en él. Donde ella es el misterio que nadie puede comprender, él era la certeza de que no estabas solo.
Lirael miró hacia el horizonte infinito de ese mundo, con una sonrisa llena de cariño y respeto.
LIRAEL
— Eran como dos extremos. Ella era la profundidad sin fondo. Él era la luz que no se apaga. Y sin embargo… se encontraron. Y de esa unión tan diferente, tan imposible, nacimos nosotros.
KAEL
— A veces venían juntos acá. Y era impresionante verlos. Ella se quedaba quieta, silenciosa, como una sombra hermosa y terrible. Y él caminaba, hablaba, reía, enseñaba. Ella era el lugar donde las cosas descansan. Él era la razón por la que las cosas siguen caminando. Nadie entendería cómo podían estar juntos. Pero nosotros… nosotros lo entendíamos. Se necesitaban. Ella le daba la profundidad. Él le daba el propósito.
LA REINA SLIME, con voz suave:
— ¿Y ella? ¿Dónde está ahora? ¿Por qué no está con ustedes?
Lirael bajó la mirada, y por un momento esa sombra suave que la acompañaba pareció volverse un poco más oscura.
LIRAEL
— Cuando Mega desapareció… cuando Domi lo venció… ella se fue. No dijo adiós. Simplemente volvió al abismo. Dijo que si él ya no estaba… el mundo se había vuelto demasiado brillante para ella. Pero nos dijo algo antes de irse: "Si alguna vez necesitan saber quiénes son, miren a su padre. Y si alguna vez necesitan saber cuánto pueden llegar a ser, miren a su madre".
EL ENTRENAMIENTO Y LA ESPERA
Kael los miró a todos, y en sus ojos había algo que los hizo sentir que Mega mismo los estaba mirando a través de ellos.
KAEL
— Hemos estado entrenando todo este tiempo. Día y noche. Sin descansar. Cada golpe que aprendimos, cada técnica, cada forma de usar el poder… todo lo aprendimos acá, en este lugar que él construyó. Porque sabíamos que llegaría este momento. Sabíamos que un día vendrían ustedes. Y sabíamos que cuando eso pasara… tendríamos que estar listos.
LIRAEL
— Él nos dejó una esfera. La guardamos todo este tiempo. Sabíamos que era para ustedes. Pero también sabíamos que no se la podíamos entregar a cualquiera. Tenía que ser a quienes iban a continuar su camino. A quienes iban a luchar por él.
Sacó de entre sus ropas la esfera. Brillaba con una luz que no era como las demás: tenía dos colores entrelazados, uno dorado como el sol de Mega, y otro oscuro y profundo como el abismo de su madre. Dos fuerzas diferentes, unidas en una sola cosa.
FRANCESCA, tomándola con reverencia:
— Es la más hermosa de todas. Se nota que lleva algo de los dos.
KAEL
— Porque ella es la unión de lo que somos. Y ustedes también llevan algo de eso. Llevan su luz. Y llevan también la fuerza para enfrentar la oscuridad.
EL CIERRE
Antes de subir a la nave, Texnolollir se detuvo junto a Lirael y Kael, mirando ese mundo que Mega había creado solo para poder ser él mismo.
TEXNOLOLLIR
— ¿Vienen con nosotros? ¿O se quedan acá?
Lirael miró a su hermano, y ambos sonrieron con esa sincronía que solo los gemelos pueden tener.
LIRAEL
— Este lugar es nuestro hogar. Y vamos a volver. Pero primero… vamos con ustedes. Si somos hijos de Mega… entonces tenemos que estar ahí cuando él vuelva. Tenemos que estar ahí para verlo. Y para ayudarlo.
KAEL
— Y además… creo que él nos enseñó todo lo que sabía. Pero ahora creo que nos toca aprender de ustedes.
Y así, los dos hermanos subieron a la nave, llevando consigo el recuerdo de su padre y la fuerza de su madre. Y mientras la nave se alejaba de ese mundo de piedra blanca y luz eterna, todos entendieron algo más: que Mega no había estado solo. Que dejó algo más que esferas y recuerdos. Dejó hijos. Dos seres que llevaban en sí mismos la luz del protector y la profundidad del abismo. Y que cuando llegara el momento de enfrentar a Domi… ellos iban a estar ahí, listos para pelear.




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