Texnolollir

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CAPÍTULO 75 — MULTIVERSO 68: LA HORDA DE ARAÑAS HUMANOIDES Y LA ARAÑA MECÁNICA
La nave descendió en un mundo que parecía tejido. Por todas partes, desde el suelo hasta el cielo, se extendían hilos gruesos como árboles, de un brillo plateado y pegajoso, que conectaban todo con todo. No había tierra firme propiamente dicha: todo era una inmensa red. Y entre esos hilos, se movían miles de sombras rápidas, silenciosas, que se escondían apenas la nave tocó la red.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael. Y en cuanto pusieron los pies sobre los hilos, escucharon un sonido: el roce de muchas patas moviéndose al unísono.
LA HORDA
De entre las sombras salieron. Eran arañas humanoides. Tenían cuerpo de araña, con ocho patas que terminaban en manos con garras afiladas, y en la parte superior, troncos y rostros casi humanos, pero con ojos múltiples que brillaban con una luz fría y miradas llenas de odio. Miles de ellas. Cubrían cada rincón de esa red infinita. No venían a hablar. Vinieron a rodearlos.
JAGUAR, al verlas, apretó los dientes y sus ojos ámbar brillaron con rabia contenida:
— Las conozco. Son las mismas que me persiguieron durante años. Que destruyeron lugares donde yo ayudaba. Siempre enviadas por ella.
En ese momento, las arañas se apartaron abriendo un camino entre ellas. Y del fondo, avanzando con un sonido metálico fuerte y pesado, apareció ella.
LA ARAÑA MECÁNICA
Era enorme. Más grande que cualquier edificio. Su cuerpo no era de carne ni de seda, sino de acero pulido y engranajes que giraban con precisión chirriante. Ocho patas mecánicas, largas y afiladas como lanzas, la sostenían. En su rostro, que combinaba rasgos de araña y de máquina, tenía ojos de luz roja que apuntaron directamente a Jaguar. Y en su voz, que sonaba como hierro rozando contra hierro, se escuchó una satisfacción terrible.
— Por fin te tengo, Jaguar. Te perseguí por multiversos enteros. Te escapaste tantas veces… pero acá ya no hay dónde correr.
Jaguar dio un paso adelante, con los puños cerrados, temblando de furia.
— Vos… siempre fuiste vos. Destruiste todo lo que tocaba. Y ahora venís por mí.
— No vengo solo por vos —dijo la araña mecánica, mirando a todos con desdén—. Vengo por todos ustedes. Y cuando los destruya a todos… nada se interpondrá en mi camino.
LA BATALLA — TRABAJANDO EN EQUIPO
La horda atacó al mismo tiempo. Miles de arañas humanoides saltaron desde todos los lados, lanzando hilos pegajosos y golpes con sus garras. Y al frente, la araña mecánica avanzó hacia Jaguar, moviéndose con una velocidad que no se esperaba de algo tan grande.
Pero esta vez no estaba solo.
Jaguar se lanzó al frente, chocando contra la araña mecánica, pero sus golpes rebotaban en el acero sin hacerle mella. La araña mecánica lo golpeó con una pata metálica y Jaguar salió despedido hacia un lado.
— ¡Su armadura es demasiado dura! —gritó Jaguar, levantándose—. No puedo romperla solo.
Texnolollir avanzó disparando rayos de energía que golpeaban el cuerpo de metal, pero la araña mecánica tenía escudos que absorbían el impacto. Mientras tanto, la horda lo rodeaba por todos lados.
Terrari se transformó en su forma Calamity y desató una tormenta de poder que hizo retroceder a cientos de arañas, pero más seguían llegando. — ¡Son demasiadas! —gritó—. Si no las contenemos a todas, no vamos a poder concentrarnos en la jefa.
Lirael y Kael se colocaron espalda con espalda. Lirael envolvió a docenas de arañas en sombras que las inmovilizaban, mientras Kael las golpeaba con ráfagas de luz dorada, derribándolas con precisión. — ¡Trabajen juntos! —gritó Kael—. No las dejen rodearnos.
La Reina Slime se lanzó al medio de la horda, absorbiendo arañas de una en una, pero eran tantas que apenas podía mantener el ritmo. — ¡Vienen de todos lados! —gritó riendo pero esforzándose—. ¡Necesito que me ayuden a cerrarles el paso!
El Dios Glotón se puso al frente, recibiendo los ataques de las arañas más grandes. Golpes, mordiscos, rayos… todo golpeaba contra su cuerpo de goma y rebotaba o era absorbido. — ¡Vengan! —rugió—. ¡Cuanto más fuerte me golpeen, más fuerte me vuelvo! ¡Yo las sostengo acá!
Perfección analizaba la situación a toda velocidad. — ¡Escuchen! —gritó por encima del ruido de la batalla—. La araña mecánica no es invencible. Su armadura tiene junturas en las articulaciones de las patas. Y su núcleo de energía está en la parte trasera, protegido por placas que se abren brevemente cuando ella lanza un ataque. No pueden vencerla uno solo. Necesitan coordinarse.
Francesca asintió y creó pequeñas esferas de luz que flotaban sobre el campo de batalla. — ¡Les marco los puntos débiles! —gritó—. Sigan las luces. ¡Tienen que atacar al mismo tiempo!
EL PLAN CONJUNTO
Todo encajó en un instante.
— ¡Jaguar! —gritó Texnolollir—. ¡Atraela hacia adelante! ¡Que levante las patas delanteras!
Jaguar entendió de inmediato. Corrió hacia la araña mecánica, esquivando golpes, provocándola. La araña cayó en la trampa: se levantó sobre las seis patas traseras y lanzó un golpe brutal con las dos patas delanteras. Jaguar se apartó en el último segundo.
— ¡Ahora! —gritó Jaguar.
Kael y Lirael atacaron las patas traseras al mismo tiempo: luz y sombra combinadas golpearon las articulaciones, bloqueando los engranajes. La araña mecánica tambaleó.
Terrari aprovechó ese instante y lanzó un rayo concentrado de su forma Calamity contra las placas que cubrían el núcleo. Las placas se abrieron como había dicho Perfección.
— ¡Ahí está! —gritó Terrari.
Texnolollir lanzó una lluvia de proyectiles de energía que mantuvieron abiertas las placas. Y mientras la araña intentaba defenderse de todos esos ataques, la Reina Slime se lanzó hacia arriba, se estiró al máximo y envolvió el núcleo con su cuerpo, absorbiendo la energía que salía de él, impidiendo que se cerrara.
— ¡No la dejen cerrar! —gritó ella.
Y finalmente, Jaguar, corriendo con toda su fuerza, saltó sobre el cuerpo metálico, trepó hasta el centro, reunió todo el poder que había aprendido de Mega en sus puños, y golpeó directamente dentro del núcleo.
— Esto es por todo lo que hiciste —dijo Jaguar con voz firme.
El golpe resonó como un trueno. La araña mecánica tembló de pies a cabeza. Sus luces rojas parpadearon una, dos veces… y se apagaron. El metal crujió, los engranajes se detuvieron, y la enorme máquina cayó de lado, pesada y silenciosa.
Al ver caer a su líder, la horda de arañas humanoides entró en pánico. Ya no tenían orden. Ya no tenían propósito. Y el Dios Glotón, dando un paso adelante, absorbió la energía de su desesperación y lanzó una onda que las empujó a todas lejos, dispersándolas para siempre.
EL CIERRE
Todos quedaron de pie, respirando con dificultad, mirando el cuerpo inmóvil de la araña mecánica. Jaguar se acercó despacio, miró lo que había sido su enemiga toda la vida, y sintió que una carga inmensa se le caía de encima.
— Lo logramos —dijo Jaguar, mirando a todos—. Solo… solo porque estuvimos juntos. Yo nunca pude vencerla solo. Nunca supe cómo.
FRANCESCA, acercándose y poniéndole una mano en el hombro:
— Porque no estaba hecho para que lo vencieras solo. Nadie lo está.
PERFECCIÓN:
— Cada uno hizo lo que sabía hacer. Nadie sobró. Nadie pudo faltar. Eso es lo que nos hace diferentes a ellos. Ellas atacan todas juntas pero cada una por su cuenta. Nosotros… nosotros pensamos juntos.
Texnolollir miró a todos, viendo cómo se ayudaban, cómo se cubrían, cómo se entendían sin necesidad de muchas palabras. Y sonrió.
— Vamos —dijo—. Tenemos que seguir. Pero hoy aprendimos algo importante. Cuando trabajamos en equipo… no hay enemigo demasiado grande. Ni máquina demasiado dura. Ni horda demasiada numerosa.
Y así, dejando atrás la red infinita y el cuerpo de la araña mecánica que por fin había sido derrotada, subieron a la nave sabiendo que se habían vuelto más fuertes. No solo por el poder de cada uno. Sino porque ahora sabían que juntos… eran invencibles.




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