Texnolollir

77

CAPÍTULO 77 — MULTIVERSO 70: EL DIOS GLOTÓN, LA BURBUJA DE MAGNITUD Y LA LLEGADA DE INFINITY
La nave descendió en un multiverso que no era como los demás. No tenía ruinas, ni belleza, ni miedo. Era un espacio amplio, sereno, de un tono gris claro y profundo, donde el suelo parecía hecho de una materia sólida pero suave, y el cielo no tenía límites visibles. En el centro de ese lugar, flotaba la esfera negra que habían encontrado en el reino del Dios de la Fusión: la prisión creada para encerrar a los seres más poderosos que existieran. Y esperando junto a ella, estaba el Dios de la Defensa Absoluta, que había venido siguiendo el rastro que todos ellos dejaban.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, Jaguar, Lirael, Kael y el Dios Glotón. Y en cuanto pusieron un pie en el suelo, el aire se volvió pesado. No era una sensación de peligro que venía. Era la certeza de que ya estaba ahí.
EL DIOS GLOTÓN SE OFRECE
Antes de que nadie pudiera hablar, el Dios Glotón dio un paso adelante. Su cuerpo, que ya era grande, pareció ensancharse más, llenando el espacio con su presencia. Se acercó a la esfera negra, la tomó con sus manos enormes, y la sostuvo como si fuera algo que le pertenecía.
— Quédense atrás —dijo, con una voz que no admitía réplica—. Esto me corresponde a mí. Yo me encargo de Domi.
Todos lo miraron sorprendidos. Francesca dio un paso hacia él, preocupada:
— Tío… no sabemos de qué es capaz. Nadie pudo detenerlo. Ni siquiera el Dios de la Defensa Absoluta.
EL DIOS GLOTÓN, sin soltar la esfera, con una confianza inmensa:
— Yo sé lo que hago. Mi cuerpo absorbe todo. Cuanto más fuerte me golpeen, más fuerte me vuelvo. Él puede ser poderoso. Puede ser terrible. Pero yo soy indestructible. Y todo lo que me lance… se queda adentro. Y se vuelve mi fuerza. Yo lo espero. Yo lo recibo. Y yo lo encierro. Eso es todo.
LLEGÓ DOMI
En ese instante, el cielo se oscureció. No fue una nube. No fue una sombra. Fue como si la luz misma se hubiera apagado. Y en medio de esa oscuridad, apareció él. Domi. No necesitó aterrizar. No necesitó caminar. Simplemente estuvo ahí. Y con su sola presencia, el multiverso entero pareció encogerse.
El Dios Glotón no retrocedió. Lo miró a los ojos, firme, sosteniendo la esfera negra con ambas manos.
— Domi —dijo—. Vinimos por vos. Hoy termina todo.
Domi no respondió con palabras. Levantó una mano. Y de sus dedos salió un ataque. No era fuego, ni rayo, ni magia. Era una fuerza pura, devastadora, que atravesaba el aire como un martillo golpeando la realidad misma. Chocó contra el Dios Glotón con un estruendo que hizo temblar los cimientos de todo el multiverso.
El Dios Glotón no se movió. Su cuerpo de goma absorbió el impacto por completo. Se hundió, se deformó, recibió toda la fuerza… y luego, con una sonrisa feroz, la devolvió.
— ¡Esto fue todo lo que tenías! —rugió—. ¡Recibelo multiplicado por cien!
El mismo ataque, cien veces más poderoso, salió del cuerpo del Dios Glotón y voló hacia Domi, capaz de destruir galaxias enteras en su camino. Pero Domi simplemente levantó la mano otra vez. Hizo un gesto suave, como apartar una hoja que caía. Y el ataque… desapareció. Como si nunca hubiera existido. Ni se dispersó, ni se desvió. Simplemente dejó de estar ahí.
El Dios Glotón se quedó con la mano extendida, sin poder creer lo que acababa de ver.
— ¿Cómo… cómo hizo eso? —murmuró—. No lo bloqueó. No lo devolvió. Lo borró. Como si mi fuerza no fuera nada.
LA MAGNITUD DEL DIOS DE LA DEFENSA ABSOLUTA
En ese momento, el Dios de la Defensa Absoluta dio un paso adelante. Sus dos escudos brillaron con una luz antigua que nadie había visto jamás. Su voz resonó con una autoridad que hizo que incluso el aire se detuviera.
— Yo lo vi —dijo—. Vi lo que hizo. Y sé que mi defensa no sirvió. Pero hay algo que él no espera. Algo que yo preparé hace mucho tiempo, por si acaso.
Levantó ambos brazos. Y de pronto, una esfera inmensa apareció rodeándolos a todos. No era un escudo. No era una barrera. Era una burbuja perfecta, transparente, hecha de la esencia misma de la Magnitud. No bloqueaba nada. No empujaba nada. Simplemente… contenía todo.
— Esta técnica se llama Magnitud —explicó él—. No se puede romper. No se puede atravesar. Y lo que está adentro… no se puede borrar.
Domi frunció el ceño. Por primera vez, algo parecido a la sorpresa apareció en su rostro. Levantó ambas manos y lanzó su técnica más terrible: la onda de borrado, aquella que hacía que las cosas dejaran de existir sin dejar rastro. La onda golpeó contra la burbuja… y la burbuja la absorbió. La luz de la burbuja brilló un poco más fuerte, y el ataque de Domi simplemente se fundió con ella, como agua en el mar.
— No puede borrar lo que está adentro —dijo el Dios de la Defensa Absoluta—. Mientras esta burbuja exista, nada desaparece. Todo se queda. Todo se sostiene.
LA BATALLA TREMENDA
Entonces comenzó la batalla. Fue algo que ninguno de ellos jamás podría describir con palabras. Domi golpeaba la burbuja con ataques que habrían destruido multiversos enteros. Cada golpe hacía temblar todo lo que había dentro. La burbuja se deformaba, se estiraba, se ponía tensa… pero nunca se rompía. Y mientras él gastaba su fuerza afuera, adentro todos se preparaban.
El Dios Glotón, recuperado de su asombro, se colocó al frente junto al Dios de la Defensa Absoluta.
— Él no puede entrar —dijo el Dios Glotón—. Y nosotros podemos salir. ¡Ahora!
Todos atacaron al mismo tiempo. Texnolollir lanzó sus rayos más precisos. Terrari, en su forma Calamity, desató una tormenta de energía que llenó todo el espacio. La Reina Slime se estiró hasta alcanzar a Domi intentando envolverlo. Lirael y Kael combinaron sombra y luz creando cadenas que lo ataron por un instante. Jaguar lanzó su técnica más poderosa, la que había aprendido de Mega. Francesca preparó esferas de contención. Y el Dios Glotón, con la esfera negra en la mano, esperó el momento exacto.
Domi los enfrentaba a todos sin esfuerzo visible. Los esquivaba, los empujaba, los golpeaba con la mano libre. Pero la burbuja impedía que los borrara. Podía lastimarlos. Podía derribarlos. Pero no podía hacerlos desaparecer por completo. Y por primera vez… él estaba bajo presión.
El Dios de la Defensa Absoluta, sosteniendo la burbuja con todo su poder, gritó:
— ¡Ahora! ¡Es el momento!
El Dios Glotón se lanzó hacia adelante. Pasó por encima de todos los ataques, recibió un golpe que lo mandó volando, pero rebotó en el suelo como si fuera de goma y volvió a levantarse. Corrió con la esfera negra en alto, y cuando Domi estaba ocupado defendiéndose de todos los demás, el Dios Glotón llegó hasta él y lo encerró.
— ¡ADENTRO! —rugió.
La esfera negra se abrió. Y por un instante, Domi desapareció dentro de ella. La esfera se cerró con un sonido seco, como el cierre de una puerta que no se vuelve a abrir. Todos se detuvieron, sin respirar, mirando esa esfera que contenía al ser más poderoso que existía.
— ¡Lo logramos! —gritó la Reina Slime—. ¡Lo encerramos!
Pero la alegría duró menos de un segundo.
La esfera se rompió.
No fue un estruendo. No fue una explosión. Simplemente… se hizo pedazos en un abrir y cerrar de ojos. Como si fuera de vidrio golpeada por un soplo de aire. Y ahí estaba Domi. De pie. Intacto. Como si nada hubiera pasado. Miró a todos con una expresión que no era ni enojo ni sorpresa. Era aburrimiento.
Todos retrocedieron. El Dios Glotón dejó caer los pedazos de la esfera negra al suelo. Nadie tenía más fuerza. Nadie sabía qué más hacer. Habían usado todo. Habían dado todo. Y él simplemente… había roto la prisión más poderosa que existía como si fuera papel.
CUANDO TODO PARECÍA PERDIDO
Domi dio un paso hacia adelante. Y en ese instante, todos entendieron que no había nada más que pudieran hacer. Que la pelea estaba perdida. Que habían llegado hasta donde podían llegar.
Pero entonces… detrás de ellos, se escuchó un sonido. No fue un grito. No fue un ataque. Fue el sonido de algo enorme moviéndose con una calma absoluta. Todos se dieron la vuelta. Y lo vieron.
Infinity. El espinosaurio humanoide de color blanco, alto, imponente, con su cabeza alargada como la de un cocodrilo, su cresta en la espalda, sus garras relucientes y su cuerpo que parecía hecho de luz sólida. Apareció de la nada. Sin ruido. Sin advertencia. Simplemente estuvo ahí.
Domi se detuvo. Por primera vez, su expresión cambió. Lo miró a Infinity. Y Infinity lo miró a él. No hubo palabras. No hubo ataques. Y entonces… Domi desapareció. Así de simple. Como si nunca hubiera estado ahí. Y un instante después… Infinity también desapareció.
La burbuja de Magnitud se desvaneció suavemente. El cielo recuperó su calma. Y todos se quedaron solos, mirando el lugar donde hacía un momento estaban los dos seres más poderosos que existían.
EL CIERRE
Nadie habló durante mucho tiempo. Finalmente, el Dios de la Defensa Absoluta rompió el silencio.
— ¿Quién era? —preguntó, con voz temblorosa—. Lo vi en sus ojos. Domi… Domi se fue. No peleó. Simplemente se fue.
Francesca miró hacia el lugar donde había estado Infinity, con una expresión de asombro y comprensión.
— Eso significa que hay alguien más —dijo ella—. Alguien que ni siquiera Domi se atreve a enfrentar. Alguien que apareció de la nada y lo hizo irse sin decir una palabra.
Texnolollir miró el espacio vacío donde Infinity había estado de pie, y sintió algo que nunca había sentido: esperanza. Pero también una responsabilidad más grande que antes.
— No sabemos quién es —dijo Texnolollir—. No sabemos de dónde vino ni a dónde fue. Pero sabemos algo: cuando más lo necesitábamos… él apareció. Y nos dio tiempo. Tiempo para prepararnos. Tiempo para seguir.
Y mientras la burbuja se desvanecía por completo y el multiverso recuperaba su silencio, todos entendieron que la historia era más grande de lo que creían. Que había fuerzas que no conocían. Y que el camino que tenían por delante… acababa de volverse mucho más misterioso, pero también mucho más posible.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.