Texnolollir

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CAPÍTULO 78 — MULTIVERSO 71: EL LUGAR SIN LEYES Y EL ENTRENAMIENTO ENTRE BESTIAS
La nave viajó más lejos que nunca. Cruzó fronteras que ni siquiera los mapas más antiguos registraban, atravesó capas de realidad que se deformaban al mirarlas, y finalmente emergió en un lugar que no se parecía a nada que hubieran visto antes. No había estrellas ni constelaciones que reconocer. El cielo no era azul ni negro, sino un tono gris neutro, sin brillo ni sombra. Y lo más extraño de todo: en este multiverso no existían las leyes. Ninguna. No había leyes de la física, ni de la naturaleza, ni de la magia. Las leyes que regían todo lo demás simplemente no llegaban hasta acá.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael. Y apenas pusieron un pie en el suelo, sintieron algo que no podían explicar. A veces la gravedad cambiaba sin razón. A veces el aire se volvía sólido como piedra por un segundo y luego volvía a ser aire. Las cosas caían hacia arriba o flotaban sin rumbo. Nada era predecible. Nada tenía reglas.
UN MUNDO DE BESTIAS PODEROSAS PERO SIMPLES
Mientras caminaban explorando, empezaron a verlas. Criaturas enormes que vagaban por ese espacio sin leyes. Había bestias que parecían hechas de roca que se derretía y se volvía a formar. Otras eran como nubes con ojos y dientes. Algunas tenían formas que no se podían describir, que cambiaban cada vez que uno las miraba. Eran inmensamente poderosas. Un solo movimiento de cualquiera de ellas podía haber destruido un universo entero sin esfuerzo. Pero al mismo tiempo… no eran inteligentes. No planeaban. No odiaban. No conspiraban. Eran simplemente animales. Hacían lo que hacían por instinto, por hambre, por instinto de protección, sin malicia, sin estrategia, sin comprender siquiera lo que su poder hacía.
Una de esas bestias, del tamaño de una montaña, con cuerpo de serpiente y seis patas que flotaban en el aire, se acercó a ellos. No atacó. Simplemente los miró con ojos grandes y brillantes, y soltó un rugido que hizo que el suelo se ondulara como agua.
JAGUAR, observándola con atención:
— Tiene fuerza suficiente para partir este multiverso en dos. Pero mírenla. No piensa. Solo reacciona. Si le hacés algo, te responde con todo lo que tiene. Pero si la dejás tranquila… no hace nada.
KAEL:
— Es como si su poder fuera un fuego enorme. Calienta todo, quema todo… pero no sabe por qué quema. Solo quema.
PERFECCIÓN, analizando cada movimiento:
— Aquí no hay reglas. Ellas no siguen ninguna ley. Y sin embargo, viven. Se mueven. Sobreviven. Porque su instinto es más fuerte que cualquier regla. Si intentás predecirlas, perdés. Porque ni siquiera ellas saben qué van a hacer.
LA DECISIÓN DE QUEDARSE A ENTRENAR
En ese momento, Texnolollir miró a todos, y una idea se formó en su mente.
— Nosotros venimos entrenando con técnicas, con estrategias, con reglas —dijo él—. Pero allá afuera, con Domi… vimos que las reglas no sirven. Él las rompe cuando quiere. Acá no hay leyes. Acá todo es pura fuerza, puro instinto, pura reacción. Creo que este es el lugar perfecto para entrenar de verdad. Para aprender a pelear sin reglas. Para aprender a moverse donde nada es predecible.
FRANCESCA, asintiendo con los ojos brillantes:
— Tiene razón. Si nos acostumbramos a que todo tenga un orden, cuando ese orden se rompa… no vamos a saber qué hacer. Acá el orden nunca existió. Acá tenemos que aprender a fluir. A reaccionar antes de pensar.
JAGUAR, soltando una risa de emoción:
— ¡Me encanta! ¡Entrenar contra bestias que pueden destruir todo pero que no tienen trucos mentales! ¡Solo fuerza pura! ¡Eso es justo lo que necesito!
Así que decidieron quedarse. No por días. No por semanas. Por mucho tiempo. Establecieron un campamento sencillo, sin estructuras grandes, porque a veces el suelo se movía y las montañas cambiaban de lugar. Y cada día, cada uno a su manera, empezaron a entrenar.
LOS DÍAS DE ENTRENAMIENTO
Texnolollir aprendió a calcular sin patrones. Antes sabía dónde iba a caer un golpe porque seguía leyes físicas. Acá los golpes no seguían ninguna ley. Podían doblarse, desaparecer, volver a aparecer. Aprendió a no confiar en lo que veía, sino en lo que sentía. Aprendió a moverse donde el espacio mismo no era estable, a usar la imprevisibilidad a su favor en lugar de luchar contra ella.
Terrari, en su forma Calamity, aprendió a liberar su poder sin contención. Las bestias no se asustaban ni se intimidaban. Cuanto más fuerte golpeaba, más fuerte respondían. Aprendió que la fuerza no es solo cantidad, sino también persistencia. Aprendió a mantener su poder fluyendo sin cansarse, sin detenerse, sin importar qué pasara a su alrededor.
La Reina Slime descubrió algo increíble: como no había leyes que definieran qué era ella y qué era el resto, podía expandirse más allá de cualquier límite que hubiera conocido. Podía volverse tan grande como una bestia, envolverla completa, absorberla sin que la bestia pudiera entender dónde terminaba una y dónde empezaba la otra. Aprendió que sin límites externos, ella podía ser tan grande como decidiera serlo.
Lirael y Kael entrenaron juntos como nunca. Si la luz no tenía reglas y la oscuridad tampoco, podían mezclarse de formas que nadie habría imaginado. Podían crear sombras que brillaban, luces que pesaban como montañas. Aprendieron que cuando no hay leyes que te digan qué es qué, la unión de dos cosas puede crear algo completamente nuevo.
Jaguar corrió y peleó junto a las bestias. Aprendió a moverse cuando el suelo se movía bajo sus pies. Aprendió a saltar cuando la gravedad cambiaba a mitad del salto. Aprendió a no planear el siguiente movimiento, porque el siguiente movimiento no dependía de él, ni de la bestia, sino de cómo el mundo decidiera comportarse en ese instante. Se volvió más rápido, más ágil, más instintivo que nunca.
El Dios Glotón encontró su lugar perfecto. Las bestias lo golpeaban con todo lo que tenían, ataques que habrían borrado continentes, y su cuerpo de goma simplemente los absorbía todos. Cuanto más lo golpeaban, más fuerte se volvía. Y como las bestias no sabían parar, lo golpeaban una y otra vez, haciéndolo crecer en poder sin que él tuviera que hacer casi nada.
Francesca aprendió a ver el orden en el caos. Aunque no había leyes, había ritmos. Patrones que se repetían sin que nadie los impusiera. Aprendió a encontrar esos ritmos, a seguirlos, a usarlos. Y aprendió también que a veces, cuando todo cambia constantemente, lo más poderoso es simplemente quedarse quieto.
Perfección fue quien más cambió. Estaba acostumbrado a calcular todo, a predecir cada variable. Acá no había variables que calcular. Todo era impredecible. Al principio se frustró. Luego entendió: no necesitaba predecir el mundo. Solo necesitaba predecirse a sí mismo. Y así, perfeccionó su capacidad de reacción instantánea, tomando decisiones en fracciones de segundo sin necesidad de procesar toda la información.
EL TIEMPO TRANSCURRIDO
Pasó mucho tiempo. No sabían cuánto. En un lugar sin leyes, el tiempo tampoco era confiable. A veces un día duraba lo que era un mes. A veces una hora parecía un segundo. Pero todos sentían el cambio. Sus cuerpos se habían vuelto más fuertes, más resistentes. Sus sentidos estaban más agudos. Ya no pensaban tanto. Simplemente actuaban. Ya no se sorprendían cuando las cosas cambiaban de la nada. Las esperaban.
Un día, se reunieron todos en el centro de ese mundo sin leyes. Las bestias los miraban a lo lejos, con sus ojos grandes y simples, sin entender por qué esos seres que llegaron débiles ahora brillaban con una intensidad que casi igualaba a la suya.
Texnolollir los miró a todos, y vio en ellos algo que no había visto antes: una calma nueva. Una confianza que no venía de saber qué iba a pasar, sino de saber que no importaba qué pasaría, iban a poder enfrentarlo.
— Estamos listos —dijo él—. Acá aprendimos lo que ninguna técnica ni ningún maestro nos podía enseñar. Aprendimos a estar donde no hay reglas. A movernos donde no hay caminos. A pelear donde no hay leyes. Y si Domi vive rompiendo las reglas… ahora nosotros también sabemos jugar ese juego.
FRANCESCA, mirando hacia el lugar donde la nave esperaba:
— Marcamos la diferencia acá. Antes éramos fuertes siguiendo las reglas. Ahora somos fuertes sin necesitarlas.
JAGUAR, estirando los brazos con una sonrisa feroz:
— Y ahora que nos enfrentemos a lo que venga… nada nos va a sorprender.
Y así, dejando atrás ese multiverso alejado de todo, donde las bestias poderosas pero simples seguían vagando sin saber que habían sido los maestros de los seres que cambiarían todo, subieron a la nave. Ya no eran los mismos que habían bajado. Habían entrenado. Habían crecido. Y ahora sabían algo que nadie más sabía: la verdadera fuerza no viene de seguir las leyes. Viene de poder prescindir de ellas cuando hace falta.




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