Texnolollir

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CAPÍTULO 79 — MULTIVERSO 72: EL DIOS DE LA GRAVEDAD Y LA FUERZA MÁS PESADA DE TODAS
La nave descendió en un multiverso donde nada estaba quieto. Las montañas no se alzaban hacia arriba, sino que se curvaban formando arcos gigantescos como si algo las estuviera atrayendo hacia el centro del mundo. Los ríos no corrían hacia abajo, sino que giraban en remolinos que subían y bajaban sin aviso. El cielo estaba surcado de corrientes de aire que caían como cascadas y luego se elevaban como columnas, y en todo lugar se sentía una fuerza invisible que tiraba de cada parte del cuerpo. Era un lugar donde la gravedad no era una regla fija: era una fuerza viva, consciente, que cambiaba de dirección y de intensidad cuando su dueño lo decidía.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael. Y apenas pusieron un pie en el suelo, sintieron que su peso cambió de golpe. Un momento se hundían en la tierra como si fueran de plomo, y al siguiente casi salían volando sin poder sostenerse.
EL DIOS DE LA GRAVEDAD
Del punto más alto del remolino más grande, descendió una figura imponente. Era alto, de presencia sólida como una montaña, vestido con una armadura de color gris oscuro que parecía absorber la luz. Sus ojos eran de un tono violeta profundo, y cuando miraba a alguien, esa persona sentía que su propio cuerpo se volvía más pesado. Era Vortigann, el Dios de la Gravedad.
Se detuvo frente a ellos, y con un simple movimiento de su mano, todo volvió a su peso normal. El suelo dejó de temblar. Los ríos recuperaron su curso. El aire dejó de tirar de ellos.
— Soy Vortigann —dijo con voz grave, lenta, como si cada palabra tuviera peso propio—. Bienvenidos a mi dominio. Acá no importa qué tan fuerte seas, qué tan rápido corras o qué tanto poder tengas. Acá lo que manda es cuánto pesas. Y yo soy quien decide cuánto pesa cada cosa.
LA PRUEBA DE FUERZA
Antes de que nadie pudiera hablar, Vortigann levantó una mano. Y de pronto, todos sintieron una presión enorme sobre sus hombros.
— Vamos a ver —dijo él—. Me han dicho que vienen de multiversos lejanos, que han peleado contra seres poderosos, que han resistido lo que pocos podrían. Pero quiero comprobarlo yo mismo. Quiero sentir cuánta fuerza tiene cada uno de ustedes.
Aumentó la gravedad poco a poco. Primero el doble, luego el triple, luego diez veces más de lo normal.
Texnolollir se mantuvo firme, sus sistemas ajustaban su peso constantemente, pero sentía que cada movimiento costaba el doble.
El Dios Glotón sonreía: cuanto más pesado se sentía, más absorbía esa fuerza, más fuerte se volvía.
Jaguar se agachó un poco, sus piernas temblaban pero no cedían, sus músculos trabajaban al máximo para sostener su cuerpo.
Lirael y Kael se sostuvieron el uno al otro, combinando luz y sombra para crear un campo que los protegía del peso aplastante.
La Reina Slime se aplanó contra el suelo, estirándose, adaptándose, sin que el peso pudiera romperla.
Perfección calculaba cada segundo, ajustando su postura, distribuyendo la carga para que nada se rompiera.
Y entonces, Vortigann miró a Terrari.
— Vos —dijo, sorprendido—. Vos no te mueves. Ni siquiera te estás esforzando.
Aumentó la gravedad al cien veces. Al mil veces. El suelo se agrietó bajo los pies de todos. Pero Terrari seguía de pie, tranquilo, sin que su postura cambiara ni un milímetro.
— Increíble —murmuró Vortigann—. He visto estrellas aplastarse con menos peso del que él soporta como si nada. Su cuerpo es tan denso, su masa es tan inmensa… que la gravedad común no le hace ni cosquillas. Él es el más fuerte de todos ustedes. No hay duda. Ninguno de los demás se le compara.
LA GRAVEDAD ABSOLUTA
Todos lo miraron asombrados. Terrari mismo se encogió de hombros, como si no fuera gran cosa. Pero Vortigann no terminó. Su expresión se volvió seria, casi desafiante.
— Pero si él es el más fuerte… entonces tengo que usar todo mi poder. Porque si quiero lograr que caiga al suelo, que se hunda, que sienta lo que es peso de verdad… necesito más que fuerza común. Necesito la Gravedad Absoluta.
Levantó ambas manos al cielo. Y en ese instante, todo cambió. No fue solo que pesaran más. Fue como si cada partícula de sus cuerpos fuera atraída hacia el suelo con una fuerza que no venía de afuera, sino de adentro. La Gravedad Absoluta no solo empuja: lo atrae todo, sin excepción, sin importar qué tan denso seas, qué tan fuerte seas, qué poder tengas. Es la fuerza que atrae incluso a la propia gravedad.
— ¡Esto es lo máximo que tengo! —gritó Vortigann—. ¡A ver si podés sostenerte!
Terrari apretó los dientes. Por primera vez, sus piernas temblaron. El suelo bajo sus pies se hundió formando un cráter enorme. Sus rodillas se doblaron poco a poco. Y finalmente… cayó de rodillas. No porque no tuviera fuerza, sino porque no había fuerza en el universo que pudiera resistir aquella atracción. La Gravedad Absoluta lo estaba venciendo.
— ¡Es imposible resistirla! —dijo Vortigann, bajando las manos y devolviendo todo a la normalidad—. ¡Nadie puede contra eso! ¡Ni el ser más fuerte que conozco! ¡Solo así, con la Gravedad Absoluta, pude tirarlo al suelo!
Terrari se levantó despacio, sacudiéndose el polvo, respirando hondo, con una sonrisa de respeto.
— Lo hiciste —dijo Terrari—. Me tiraste. Nadie lo había logrado.
LA ESFERA Y LA VERDAD
Vortigann sacó de entre sus ropas la esfera de ese multiverso. Era pesada, tan pesada que todos sentían su atracción desde donde estaban.
— Esta esfera contiene la Gravedad Absoluta —dijo—. Con ella pueden atraer cualquier cosa, pesar cualquier cosa, hacer caer cualquier cosa. Incluso a alguien tan fuerte como Terraria. Pero les advierto: úsenla con cuidado. Porque la misma fuerza que sostiene todo… también puede aplastarlo todo.
Miró a Terrari con respeto genuino.
— Y a vos… te felicito. Sostuviste la Gravedad Absoluta más tiempo que cualquier ser que yo haya conocido. Si no hubiera usado todo mi poder… nunca te habrías caído.
Texnolollir miró la esfera, luego miró a Terrari, y finalmente miró a Vortigann.
— Gracias —dijo Texnolollir—. Hoy aprendimos algo importante: que incluso la fuerza más grande del mundo tiene algo que la puede mover. Y que la verdadera fuerza no es nunca tener que caerse, sino poder levantarse después de que te tiren.
EL CIERRE
Antes de subir a la nave, Vortigann les dijo una última cosa:
— Recuerden esto: cuando lleguen a enfrentar a Domi, él va a intentar hacerlos sentir livianos. Como si nada importara. Como si no tuvieran peso. Pero ustedes… ustedes tienen peso. Tienen lazos. Tienen gente que los atrae. Y ese peso es lo que los va a mantener de pie cuando todo lo demás quiera hacerlos flotar en la nada.
Y así, dejando atrás ese mundo de montañas curvadas y ríos que subían y bajaban, subieron a la nave llevando consigo la esfera de la Gravedad Absoluta, y la certeza de que Terrari era el más fuerte de todos… pero que incluso el más fuerte podía caer, y que eso no era una derrota. Era simplemente la prueba de que había algo capaz de moverlo.




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