CAPÍTULO 80 — MULTIVERSO 73: EL SER BESTIA Y LA LUCHA QUE DEJÓ DÉBIL A DOMI
La nave descendió en un multiverso que parecía haber sido reducido a cenizas. El cielo estaba rasgado, revelando capas de realidad que se desprendían como tela vieja. El suelo no era tierra sólida, sino fragmentos de mundos destruidos que flotaban en un vacío gris, chocando unos contra otros con un sonido sordo y constante. El aire estaba cargado de una energía que quemaba la piel y hacía doler los dientes. Era un campo de batalla que nadie había limpiado, donde la destrucción no era algo que pasaba… era algo que seguía pasando.
Bajaron Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael. Y apenas pusieron un pie en un fragmento de roca flotante, vieron lo que estaba ocurriendo. No era una pelea cualquiera. Era algo que hacía temblar la estructura misma de todo lo que existía.
EL SER QUE ERA INTELIGENCIA Y BESTIA
Allá, en el centro de la destrucción, peleaban dos figuras. Una era Domi. La otra era un ser que no se parecía a nada que hubieran visto antes. Era alto, imponente, su cuerpo era completamente de color negro, como si estuviera hecho de la sombra más profunda que existe. No tenía armadura, ni ropa, ni máquinas. Su cuerpo era pura carne y oscuridad, formado como una bestia erguida, con músculos que se movían bajo su piel negra como serpientes vivas. Sus ojos brillaban con la intensidad de multiversos enteros, y en su cuerpo, en los bordes de sus hombros, sus costillas y sus piernas, había cornisas que brillaban con una luz blanca y fría, como si por dentro estuviera ardiendo algo que no podía contenerse.
Era tan inteligente como Texnolollir, pero no había convertido su cuerpo en máquina. Lo había convertido en bestia. Y su mente, en lugar de ser fría y calculadora, era un huracán de astucia, crueldad y determinación absoluta. Era un psicópata completo: no peleaba por proteger, ni por venganza, ni por un plan. Peleaba porque disfrutaba el desafío. Porque cada vez que lo derribaban, se levantaba más emocionado, más decidido, más hambriento de ganar.
LA PELEA QUE NADIE PODÍA CREER
— ¡Vamos! —gritaba el ser bestia, con una voz que sonaba como mil voces a la vez—. ¡Más fuerte! ¡Eso es todo lo que tenés! ¡Dale, dale, destrúyeme! ¡Que me importa! ¡Yo vuelvo! ¡Yo siempre vuelvo!
Domi lo golpeaba con fuerza suficiente para borrar galaxias enteras. Cada golpe hacía que el ser bestia se desintegrara parcialmente, que pedazos de su cuerpo negro se perdieran en la nada… y sin embargo, volvía a formarse. Más rápido. Más fuerte. Más furioso.
— Es increíble —dijo Perfección, analizando cada movimiento con asombro—. Su inteligencia es absoluta. Calcula cada golpe de Domi antes de que lo lance. Sabe exactamente dónde va a caer, con qué fuerza, qué efecto va a tener. Pero no lo esquiva siempre. A veces lo recibe a propósito. Para aprender. Para sentirlo. Para saber qué se siente ser golpeado por él.
— Y mirá su determinación —susurró Francesca, con los ojos llenos de asombro—. Nadie resiste lo que él está resistiendo. Nadie se levanta después de ser borrado una y otra vez. Tiene algo que va más allá del poder. Tiene voluntad. Una voluntad que ni siquiera Domi puede romper.
Una y otra vez Domi lo aplastaba. Una y otra vez el ser bestia caía hecho pedazos. Y una y otra vez se levantaba, riendo, con la mente clara y fría, planeando el siguiente ataque. No importaba cuántas veces lo destruyeran. Él no se rendía. No sabía rendirse. No entendía esa palabra.
EL ATAQUE MÁS DESESPERADO
Entonces, el ser bestia hizo algo que nadie esperaba. Mientras Domi lo tenía agarrado del cuello, levantándolo en el aire, en lugar de golpearlo o intentar soltarse… se lanzó hacia la boca de Domi.
— ¿Qué hace? —gritó Jaguar, horrorizado.
— ¡Entra adentro! —respondió Terrari con voz tensa—. ¡Se metió por la boca! ¡Está adentro de Domi!
Todos contuvieron la respiración. Vieron a Domi temblar. Vieron cómo su cuerpo se deformaba por dentro, como si algo lo estuviera mordiendo, rompiendo, consumiendo desde el interior. El ser bestia, con su inteligencia absoluta, había calculado que si no podía vencerlo por fuera, lo haría por dentro. Que si lo consumía desde adentro, no habría defensa que sirviera.
— ¡Te voy a comer! —gritó la voz del ser bestia desde adentro—. ¡Te voy a desgarrar pedazo a pedazo! ¡Voy a saber qué te hace funcionar! ¡Y cuando lo sepa… te voy a destruir para siempre!
Domi se retorcía. Por primera vez, se veía afectado. Pero entonces… ocurrió lo que todos temían.
Domi simplemente lo borró.
No hubo explosión. No hubo grito. El ser bestia dejó de existir. No fue destruido. No fue herido. Fue borrado. Como si nunca hubiera estado ahí. Ni un rastro, ni una sombra, ni un eco. Se fue.
LO QUE QUEDÓ
Todos se quedaron en silencio. El ser bestia había desaparecido. Pero entonces, vieron algo que nunca habían visto. Domi se llevó una mano al pecho. Y se tambaleó. Como alguien que ha recibido un golpe que no esperaba.
— Se fue… —murmuró Texnolollir—. Pero lo dejó débil. Lo dejó herido.
Domi miró hacia donde estaban ellos por un instante. No los atacó. No dijo nada. Simplemente… se dio la vuelta y se fue. Desapareció. Por primera vez, se retiraba. Y todos sabían por qué. Ese ser bestia, el psicópata brillante que convertía su cuerpo en monstruo, lo había lastimado. Había hecho algo que nadie más había logrado: había dejado una marca en Domi.
EL LEGADO QUE QUEDÓ
Cuando se acercaron al lugar donde el ser bestia había estado, encontraron algo. No era una esfera como las demás. Era una pequeña esfera negra con cornisas brillantes, exactamente iguales a las que él tenía en el cuerpo. Y desde ella, se escuchó su voz, como si hubiera dejado grabado algo antes de desaparecer:
— Sé que van a venir. Sé que van a intentar lo mismo. Y les digo algo: no importa cuántas veces los borre. No importa cuántas veces los destruya. Si ustedes siguen volviendo… si tienen la misma determinación que yo… al final se cansa. Al final se debilita. Al final… hasta él tiene un límite.
Texnolollir tomó la esfera. Pesaba mucho. Pero no pesaba por la materia. Pesaba por la verdad que llevaba adentro.
— Él no perdió —dijo Texnolollir con voz firme—. Porque lo logró. Lo dejó débil. Lo hizo irse. Y nos dejó la prueba de que sí se puede. De que aunque te borren mil veces, si tu determinación es más fuerte que su poder… vos ganás.
La Reina Slime lo miró con los ojos brillantes: — Era un psicópata. Era aterrador. Pero… era el más valiente que jamás vi.
FRANCESCA: — No peleó con reglas. No peleó con técnicas. Peleó con voluntad pura. Y eso es lo que Domi no puede borrar. Porque no puede borrar lo que no entiende. Y él no entiende por qué alguien seguiría luchando aunque ya no tenga cuerpo.
EL CIERRE
Mientras subían a la nave, llevando consigo la esfera del ser bestia, todos sabían que algo había cambiado. Ya no pensaban que Domi era invencible. Porque habían visto a alguien que casi lo logra. Alguien que no tenía poder infinito, ni ser absoluto, ni ser supremo… pero tenía algo más fuerte que todo eso: la determinación de seguir una vez más, aunque ya no quedara nada de él mismo.
Y esa era la lección que se llevaban: el poder se puede romper. La inteligencia se puede burlar. Pero la voluntad de quien no se rinde… eso ni siquiera Domi puede borrarlo del todo.