Texnolollir

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CAPÍTULO 85 — MULTIVERSO 77: EL ORIGEN PARALELO DE DOMI
Antes de que la nave descendiera hacia ningún mundo, antes de que cruzaran el umbral hacia la siguiente realidad, Texnolollir detuvo a todos en la sala de mandos. La luz de los paneles brillaba suavemente sobre ellos: Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael. Todos lo miraron, notando que su postura era seria, que en sus ojos brillaba esa clase de comprensión que llega después de pensar durante días, semanas, años enteros.
Texnolollir miró a cada uno de sus compañeros, uno por uno, antes de hablar.
— Tengo que decirles algo —comenzó con voz firme, pero con un tono que revelaba cuánto le había costado llegar a esa conclusión—. Algo que estuve armando poco a poco, juntando pistas de cada multiverso que visitamos, de cada ser que conocimos, de cada eco que escuchamos. Sobre Domi.
Al escuchar ese nombre, el aire pareció volverse más denso. Era el ser que esperaban en el multiverso 101, el que había destruido y recorrido realidades enteras, el que había dejado huellas en cada mundo que habían visitado.
— Lo que descubrí —continuó Texnolollir— es que Domi no es un ser que nació de la nada. No apareció de la oscuridad sin más. Domi vendría a ser el producto de una versión paralela. De una versión de nosotros. De una versión de mí.
Un murmullo suave recorrió el grupo. La Reina Slime abrió los ojos con sorpresa. Lirael y Kael se miraron entre ellos. Jaguar apretó los puños.
— ¿Una versión de vos? —preguntó Terrari, con la voz llena de incredulidad.
— Así es —respondió Texnolollir—. Pensénlo. En cada multiverso, yo soy yo, pero con variaciones. En uno tengo más fuerza física, en otro más inteligencia, en otro nací en otro lugar, con otra vida. En la inmensa mayoría, esa versión de mí crece, elige caminos, ayuda, construye, se une a otros. Pero en algún lugar, en una de esas realidades paralelas, existió una versión de mí donde todo fue diferente. Donde cada elección que yo tomé para proteger, esa versión la tomó para dominar. Donde cada cosa que yo aprendí para entender el universo, esa versión la usó para controlarlo. Donde cada vez que yo elegí acompañado, esa versión eligió solo.
Hizo una pausa, dejando que las palabras se asentaran.
— Esa versión... esa versión de mí, que se alejó de todo lo que nos une, que se convirtió en algo que no necesita a nadie, que cree que todo debe someterse a su voluntad... esa versión es Domi.
— Por eso es tan poderoso —dijo Perfección, comprendiendo al instante—. Porque tiene tu misma esencia. Tu misma capacidad de aprender, de crecer, de superar cualquier límite. Pero sin el freno, sin el lazo que los une a los demás. Y además —agregó con su habitual claridad—, hay algo más que acabo de ver. Domi no tiene inteligencia absoluta. No la necesita. No piensa como nosotros, calculando cada paso. Lo que tiene es poder absoluto: poder sobre la luz y sobre la oscuridad, sobre todo lo que existe. No calcula porque no tiene que calcular. Si algo lo quiere, simplemente lo hace. Su fuerza no viene de entender el mundo, sino de poder imponerse a él.
— Exacto —asintió Texnolollir—. Es como si yo hubiera tomado cada parte de mí que quiere ser fuerte, cada parte que quiere cargar con todo, y la hubiera dejado crecer sin nada que la detenga, sin nadie que la guíe. Esa versión llegó a ser tan grande, tan inmensa, que dejó su propio multiverso atrás. Ya no necesitó su mundo. Ya no necesitó a nadie. Y se convirtió en lo que vemos ahora: un ser que recorre todas las realidades, imponiendo su voluntad, porque para él, todo lo que existe es simplemente algo que debe ser ordenado por él.
— Y por eso nos conoce tan bien —dijo Francesca, comprendiendo la profundidad de todo—. Porque él es como vos, pero al revés. Sabe cómo pensás. Sabe cómo actuás. Porque en el fondo... es lo mismo, pero tomó el camino opuesto.
— Y por eso también nos desafía de esa forma —agregó el Dios Glotón con su voz grave—. Porque en el fondo, se está enfrentando a sí mismo. A la versión de él que pudo ser y no fue.
Texnolollir miró hacia la ventana de la nave, donde millones de estrellas brillaban en la inmensidad.
— Es algo que me costó mucho aceptar —dijo en voz más baja—. Que el ser más peligroso que existe sea... yo. Pero yo sin ustedes. Yo sin todo lo que aprendí caminando junto a todos. Yo sin la Reina Slime que me molesta y me hace reír. Sin Terrari que con su transformación Calamity me recuerda que hay formas de ser poderoso sin perder quién sos. Sin Perfección que me muestra que la estrategia no es controlar, sino cuidar. Sin Francesca, sin el Dios Glotón, sin Jaguar, sin Lirael y Kael. Si yo no los hubiera conocido a ustedes... si hubiera caminado solo todo este camino... capaz yo también sería Domi.
La Reina Slime se acercó y le tomó la mano. No dijo nada, pero su gesto lo dijo todo.
— Entonces, cuando lleguemos al multiverso 101 —continuó Texnolollir, recuperando la firmeza—, no vamos a enfrentar a un monstruo. Vamos a enfrentar a lo que yo podría haber sido. Vamos a enfrentar la versión de mí que ganó todo, pero lo perdió todo al mismo tiempo. Y vamos a demostrarle algo que él nunca entendió: que la mayor fuerza no está en ser el único que se mantiene de pie. La mayor fuerza está en tener a quién sostener la mano.
Todos se quedaron en silencio. Y por un momento, antes de que la nave comenzara a descender, todos sintieron el peso de lo que venía. Pero también sintieron algo más: que no iban solos. Que el mismo origen que los unía a Domi era también la razón por la que iban a poder detenerlo.
— Ahora sí —dijo Texnolollir, mirando a todos con determinación—. Bajemos. Tenemos multiversos que recorrer. Y tenemos que llegar al 101.




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