Texnolollir

86

CAPÍTULO 86 — MULTIVERSO 77: PARTE 2 — EL ANÁLISIS DE PERFECCIÓN
La nave continuaba su trayecto entre realidades, y el silencio que siguió a las palabras de Texnolollir se rompió cuando Perfección dio un paso adelante. Había estado en silencio todo este tiempo, procesando cada dato, cada fragmento de información acumulada en cada multiverso, cada detalle de cada enfrentamiento, cada movimiento que Domi había hecho en todos los mundos que habían recorrido. Sus ojos, normalmente serenos, ahora brillaban con la claridad de quien ha conectado todas las piezas de un rompecabezas que nadie más había logrado ver completo.
— Esperen un momento —dijo Perfección, y su voz tenía esa cualidad que hacía que todos guardaran silencio al instante—. Lo que Texnolollir dice sobre el origen de Domi es correcto. Pero hay algo más. Algo que estuve analizando desde que vimos las huellas de su paso por el multiverso 65, cuando encontramos al Dios de la Fusión muerto. Y después lo confirmé con cada enfrentamiento, cada acción, cada decisión que tomó. Y ahora que Texnolollir lo dijo, todo encaja. Pero hay una diferencia fundamental entre él y nosotros. Una diferencia que puede ser la clave de todo.
Todos lo miraron con atención. Texnolollir lo observó, sabiendo que Perfección rara vez hablaba sin tener absolutamente todo comprobado.
— Domi no tiene inteligencia absoluta —anunció Perfección con firmeza—. No la tiene. Nunca la tuvo.
Hubo un instante de silencio total. La Reina Slime frunció el ceño. Terrari inclinó la cabeza. Jaguar, Lirael y Kael se miraron entre ellos.
— ¿Cómo que no? —preguntó Texnolollir, confundido—. Si es una versión paralela de mí...
— Eso es lo que todos suponemos —respondió Perfección—. Y es lo que él mismo quiere que creamos. Pero miren los hechos. Analicen cada cosa que hizo. Domi no calcula. Domi no anticipa. Domi no busca la solución más eficiente ni el camino más exacto. Domi simplemente hace. Cuando algo se le opone, no lo estudia para encontrar su punto débil. Lo destruye. Cuando algo no funciona como él quiere, no lo repara. Lo reemplaza. Cuando se enfrenta a un enemigo, no elabora una estrategia. Simplemente aplica poder suficiente para que deje de existir. Eso no es inteligencia absoluta. Eso es... algo completamente distinto.
Perfección hizo una pausa, ordenando sus pensamientos con la precisión que lo caracterizaba.
— Lo que Domi tiene no es mente. Es poder absoluto. Poder absoluto sobre la oscuridad y sobre la luz. Puede tomar lo más brillante y puro y convertirlo en sombra. Puede tomar lo más oscuro y terrible y hacerlo brillar con una luz que ciega. Puede mezclarlos, separarlos, moldearlos, borrarlos. Ese poder no tiene límites conocidos. No depende de cálculos, no depende de análisis, no depende de comprender el universo. Simplemente lo es. Y por eso parece tan inteligente: porque cuando podés hacer cualquier cosa, no necesitás saber cómo funciona nada. Si algo se rompe, lo reconstruís. Si alguien te desafía, lo hacés desaparecer. El poder absoluto le da la apariencia de que lo entiende todo, pero la realidad es otra: él no necesita entenderlo. Él lo cambia.
— Por eso tantas cosas que hace no tienen sentido lógico —comprendió Francesca—. Porque no las piensa. Simplemente las hace porque puede.
— Exacto —asintió Perfección—. Cuando mató al Dios de la Fusión, no buscó una estrategia para vencerlo. Simplemente lo hizo. Cuando derrotó al Dios de la Defensa Absoluta, no encontró la falla en su escudo. Lo anuló. Cuando se enfrentó al Dios Glotón, no devolvió el ataque calculando la proporción exacta. Simplemente lo borró con un gesto. Eso no es mente trabajando. Es voluntad imponiéndose sobre todo lo demás.
— Y yo que creía que pensaba más rápido que yo —murmuró Texnolollir, asimilando la revelación—. Pero en realidad... no piensa. Simplemente su poder resuelve todo antes de que tenga que pensar.
— Así es —dijo Perfección—. Y ahí está la gran diferencia entre vos y él. Vos tenés inteligencia absoluta: ves todo, lo entendés todo, lo calculás todo. Él tiene poder absoluto: hace todo, lo cambia todo, lo destruye todo. Vos comprendés el universo. Él lo impone. Y por eso, aunque vengan de la misma raíz, aunque sean versiones paralelas de un mismo ser, son opuestos. Vos sos la mente que comprende. Él es la mano que moldea.
— ¿Y eso significa que es más débil? —preguntó el Dios Glotón con su voz grave.
— No —respondió Perfección con seriedad—. No se equivoquen. No es más débil. Es diferente. Y en cierta forma, es más peligroso. Porque la inteligencia puede ser confundida. Puede ser engañada. Puede llegar a una conclusión equivocada. Pero el poder absoluto... el poder absoluto no se equivoca. Simplemente es. Y si te apunta, te golpea. Y si te golpea, duele. No hay trucos, no hay estrategias, no hay respuestas inteligentes que lo salven. Solo hay resistencia.
— Pero también tiene un punto débil —dijo Texnolollir, comprendiendo al fin—. Si no tiene inteligencia absoluta... entonces no puede ver todo lo que nosotros vemos. No puede anticipar cada paso. No puede calcular cada posibilidad.
— Exactamente —sonrió Perfección—. Él cree que lo sabe todo porque lo puede todo. Pero hay cosas que el poder no puede ver. Cosas que solo la mente entiende. Matemáticas, patrones, conexiones, decisiones que parecen ilógicas pero que tienen un propósito. Eso él no lo ve. Porque nunca lo necesitó. Y esa... esa puede ser nuestra ventaja.
Todos se quedaron en silencio, con una nueva comprensión instalándose en ellos. El enemigo no era la mente perfecta que temían. Era la fuerza infinita que nadie había logrado detener. Y eso cambiaba todo.
— Entonces cuando lleguemos al multiverso 101 —dijo Perfección, mirando a todos con determinación—, no vamos a enfrentar a alguien que nos supera en todo. Vamos a enfrentar a alguien que nos supera en poder, sí. Pero no en todo. Y donde el poder no llega... ahí es donde entramos nosotros.
Texnolollir asintió, sintiendo que por primera vez desde que supo de la existencia de Domi, tenía una esperanza real.
— Vos tenés la mente, yo tengo el poder —dijo Texnolollir—. Y él cree que por tener el poder, ya no necesita nada más.
— Y se equivoca —completó Perfección—. Porque el universo no se gobierna solo con fuerza. Se gobierna con entendimiento. Y eso... eso es algo que Domi nunca tuvo. Y nunca va a tener.
La nave siguió su curso, y ahora, cuando miraban hacia la oscuridad del espacio entre multiversos, no veían solo el miedo. Veían también la diferencia. Veían que Domi era poder puro, luz y oscuridad sin freno. Pero ellos... ellos eran algo más. Y algo más siempre vence a algo menos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.