Texnolollir

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CAPÍTULO 91 — MULTIVERSO 82: LA GRAN BATALLA DE LAS DOS FUSIONES
Cuando la nave descendió, lo primero que escucharon fue el estruendo de millones de voces que gritaban al unísono, mezcladas con el choque de armas y el aleteo de miles de millones de alas. El cielo de ese multiverso estaba dividido en dos mitades perfectas: de un lado, un brillo dorado y amarillo que cubría el horizonte entero; del otro, un gris plateado que se extendía hasta el infinito. Y en medio de esa inmensidad, Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael contemplaron lo que jamás habrían imaginado ver.
Enormes ejércitos llenaban la tierra y el cielo. De un lado, los Patos: altos, erguidos, con plumas que brillaban bajo una luz que parecía nacer de ellos mismos, picos de oro pulido y ojos que destellaban determinación. Del otro, los Gansos: imponentes, de porte majestuoso, con plumas de un gris acerado que cambiaba de tono según se movían, cuellos largos y fuertes, y miradas que pesaban como montañas. Y entonces, ambos ejércitos comenzaron a moverse al mismo tiempo.
— ¡Se van a fusionar los dos! —exclamó Perfección, abriendo los ojos con asombro.
Y así fue. Los Patos, millones de ellos, caminaron unos hacia otros, entrelazaron sus alas, juntaron sus cuerpos con una precisión milimétrica, como si cada uno supiera exactamente dónde pertenecía. Y en medio de un estruendo que hizo temblar los cimientos del multiverso, todos los Patos se convirtieron en un solo ser. Un gigante inmenso, de plumas doradas y amarillas que cubrían su cuerpo como una armadura viva, con un pico tan grande como una montaña y ojos que contenían la mirada de millones de seres a la vez. Era la Esencia de los Patos, la totalidad de su raza convertida en una sola figura imparable.
Del otro lado, ocurrió exactamente lo mismo. Los Gansos se juntaron, se entrelazaron, y con un rugido que atravesó las nubes, todos los Gansos se convirtieron en un solo ser. Un gigante aún más alto, de plumas grises y blancas que parecían nubes hechas carne, con un cuello que se alzaba como una torre y ojos que tenían la frialdad del viento del norte. Era la Esencia de los Gansos, la totalidad de su raza convertida en una sola figura imponente.
— ¡Esto va a ser épico! —murmuró Terrari, apretando los puños mientras miraba ambos gigantes.
La batalla comenzó al instante. Fue el choque de dos mundos. El gigante de los Patos golpeó al gigante de los Gansos con un ala que podía derribar ciudades enteras, y el sonido del impacto resonó en todos los multiversos cercanos. El gigante de los Gansos respondió con un golpe de su pico que hizo que el cielo mismo se agrietara. Cada movimiento era tan poderoso que las estrellas cercanas temblaban. Cada paso que daban hacía que los océanos se desplazaran. Pelearon durante días, durante semanas, durante años enteros. No había descanso, no había tregua. Ambos eran la totalidad de sus razas, y ninguno estaba dispuesto a ceder.
Pero en el momento más intenso, cuando ambos gigantes se aferraban con todas sus fuerzas, el gigante de los Patos comenzó a brillar. No era un brillo cualquiera. Era una luz tan intensa que dolía mirarla, una luz que venía de algo mucho más antiguo que cualquiera de ellos. Y en ese instante, Texnolollir sintió una visión golpearlo con tanta fuerza que tuvo que llevarse una mano al pecho. Vio tiempos inmensos, eras que se perdían en la noche de los tiempos, mucho antes de que él naciera, mucho antes de que existiera casi todo. Y vio esa misma fusión, esa misma luz, usada hace eones, en una batalla que nadie recordaba ya. Una batalla tan antigua que ni las estrellas habían nacido todavía.
— Esa técnica... es anterior a todo —dijo Texnolollir con voz temblorosa—. Nadie la inventó. Siempre estuvo ahí, durmiendo en la memoria de todo lo que vive.
Con esa fuerza antigua fluyendo a través de él, el gigante de los Patos lanzó un golpe que no fue solo fuerza física: fue la acumulación de toda su historia, de todos sus antepasados, de cada vida que su raza había vivido. El golpe atravesó la defensa del gigante de los Gansos, lo hizo retroceder kilómetros enteros, y antes de que pudiera reaccionar, el gigante de los Patos lo sujetó con ambas manos, lo giró con una fuerza que rompió el aire, y con un solo movimiento limpio, terrible, definitivo... le cortó la cabeza.
El sonido fue como si se rompiera el mundo entero. Y en ese instante, algo aterrador sucedió: el cuerpo del gigante de los Gansos comenzó a deshacerse, a desmoronarse, a desvanecerse en partículas de luz gris que se perdían en el viento. Y con él, todos los Gansos murieron. Cada uno de ellos, en cada rincón de ese multiverso, dejó de existir al mismo tiempo. Porque estaban fusionados. Eran uno solo. Y cuando el uno cayó, cayeron todos.
El gigante de los Patos se quedó de pie, inmenso y brillante, pero su luz se fue apagando poco a poco. El cansancio lo venció. Había usado una fuerza que venía de antes del tiempo, y ahora esa fuerza se retiraba. Poco a poco comenzó a deshacerse. Millones de Patos se separaron, volvieron a ser ellos mismos, exhaustos, con las alas bajas, con los ojos llenos de lágrimas y de alivio a la vez. Habían ganado. Pero sabían que habían librado una batalla que no habían buscado.
El silencio que siguió fue profundo, casi sagrado. Y entonces, del frente de los Patos, tres figuras se adelantaron. Todos se apartaban para dejarlas pasar. Eran el trío más poderoso de toda su raza, los que habían guiado la fusión, los que sostenían la memoria de su pueblo desde hacía milenios. Se acercaron al grupo de Texnolollir y se detuvieron frente a él. El primero, el más anciano de los tres, habló con una voz que sonaba como el agua corriendo sobre piedras desde el principio del mundo.
— Sabíamos que vendrían —dijo—. Sabíamos que alguien que comprende el peso de lo que se pierde llegaría. Esa fusión que vieron... no es solo nuestra. Es la forma en que todo lo que vive recuerda quién es. Pero no la usamos por gusto. La usamos porque no nos quedó otra.
— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó Texnolollir con respeto—. ¿Por qué la guerra? ¿Por qué tuvieron que llegar hasta esto?
El segundo del trío bajó la mirada, con tristeza profunda.
— Los Gansos —dijo con amargura—. Ellos son los que van por todos los multiversos. Ellos son los que se meten en todo, molestan a todos los mundos, llenan cada rincón de las realidades sembrando discordia. Llegaron a nuestro multiverso y nos hicieron creer que nosotros éramos los que veníamos a destruirlos. Nos llenaron de dudas, de miedos, de sospechas. Nos hicieron atacar primero. Y cuando nos dimos cuenta de la verdad... ya estaban todos aquí, invadidos, listos para acabar con nosotros. Ellos son los que molestan a todo el mundo. Ellos son los que se meten en todo. Y esta vez, por primera vez, alguien los detuvo.
El tercero del trío asintió con gravedad.
— Ganamos. Pero el precio fue terrible. Ahora sabemos lo que hacen. Van de multiverso en multiverso, metiéndose en todo, molestando a todos, sembrando mentiras para que unos se maten a otros. Y cuando ya están todos divididos... llegan ellos. Pero ahora sabemos su secreto: cuando se unen, son imparables. Pero cuando nosotros nos unimos también... podemos detenerlos.
Texnolollir miró a sus compañeros y comprendió todo. Comprendió por qué la fusión era tan poderosa, pero también por qué era tan peligrosa: cuando todos son uno, la victoria es total, pero la derrota también es total. Y cuando cae el líder, caen todos.
— Gracias por contárnoslo —dijo Texnolollir con respeto profundo—. Gracias por enseñarnos quiénes son los verdaderos enemigos. Y gracias por recordarnos que la única forma de detenerlos es nunca dejar de estar juntos.
El anciano del trío asintió.
— Vayan con cuidado —les dijo—. Donde vayan, si notan que empiezan a desconfiar unos de otros, si sienten que cada uno piensa solo en sí mismo... acuérdense de nosotros. Acuérdense de quién está detrás de todo. Y únanse. Porque mientras estén juntos, pueden luchar. Pero si se separan... ellos ganan. Siempre.
Mientras la nave se elevaba, dejando atrás ese mundo donde el cielo ya no tenía el color de los Gansos, todos llevaban consigo algo más que una historia. Llevaban la verdad: que los Gansos son los que se meten en todo el multiverso, molestan a todos los mundos, y que la única defensa verdadera contra ellos es nunca dejar de ser uno.




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