Texnolollir

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CAPÍTULO 96 — MULTIVERSO 87: EL GUERRERO QUE CORRIÓ POR TODOS LOS MULTIVERSOS
La nave estaba anclada en un punto tranquilo entre realidades, cuando de repente todos los sistemas de comunicación y detección comenzaron a parpadear al mismo tiempo. No era una interferencia cualquiera. Era una señal que llegaba con tanta fuerza que hacía vibrar las paredes mismas de la nave, un mensaje que resonó directamente en la mente de Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael.
La voz que hablaba era potente, profunda, como el sonido de algo que se mueve más rápido que el tiempo mismo: era el Rey del multiverso de los veloces.
— Escuchen bien —les dijo—. No se muevan de donde están. Quédense ahí esperando. Mi mejor guerrero va hacia ustedes. Lleva las esferas restantes. Las ha juntado todas. Esperenlo. Y no lo pierdan de vista, porque cuando él llega, casi nadie logra verlo.
La señal se cortó tan rápido como llegó. Todos se miraron entre ellos. Francesca, que había estado buscando esas esferas durante tanto tiempo, apretó las manos con fuerza, con el corazón latiéndole a mil por hora.
— ¿Las esferas? —susurró ella—. ¿De verdad las trae todas?
No tuvieron que esperar mucho. En un instante, el aire frente a ellos se rompió. No fue una explosión ni una luz. Fue como si el espacio mismo se doblara bajo la presión de algo que se movía demasiado rápido para existir. Y de esa grieta en la realidad, apareció él. El Guerrero de los Veloces.
No estaba sin aliento. No tenía una sola marca de cansancio en el cuerpo. Su ropa apenas se había arrugado. Había recorrido cada rincón de todos los multiversos, cruzado realidades que nadie conocía, enfrentado peligros que ni siquiera podían imaginar... y lo había hecho en tres minutos. Tres minutos para recorrer lo que a ellos les habría llevado siglos.
Se detuvo frente a ellos y les entregó algo: una pequeña bolsita, tan pequeña que cabía en la palma de la mano, tan liviana que parecía vacía.
— Aquí están —dijo el guerrero con voz tranquila—. Todas las que faltaban.
La Reina Slime miró la bolsita con desconfianza.
— ¿Todas ahí adentro? ¿En algo tan pequeño?
El guerrero sonrió.
— Parece pequeña, sí. Pero tiene una tecnología de almacenamiento infinito. Por fuera pesa menos que una pluma. Por dentro... puede contener mundos enteros. Puede guardar cualquier cosa, sin importar qué tan grande, qué tan pesada o qué tan inmensa sea. No tiene fondo. No tiene límite. Todo lo que entra, cabe.
Francesca tomó la bolsita con manos temblorosas. La abrió con cuidado, y aunque parecía no haber nada dentro, ella sintió la energía. Sintió el poder acumulado de cada esfera, cada una guardada en su interior, todas juntas al fin.
— Faltaba la última —dijo el guerrero con seriedad—. Estaba en el Multiverso 101. Justo donde está Domi. Tuve que ir hasta allá. Tuve que tomar la esfera mientras él me miraba. Y cuando la tomé... tuve que correr. Correr más rápido que nunca. Rompí la realidad misma para poder escapar de él. Un segundo más y no habría salido. Pero lo logré. Aquí están todas.
Francesca cerró los ojos y sacó las esferas de la bolsa. Una por una, fueron apareciendo flotando en el aire. Brillaban con luces diferentes, cada una con su propia energía, su propia historia. Y cuando la última se unió a las demás, algo ocurrió. Las esferas comenzaron a girar entre sí, formando una esfera más grande, una luz blanca y dorada que iluminó todo el lugar, tan intensa que tuvieron que cubrirse los ojos. Y de esa luz, con una presencia que hizo que el aire se volviera más denso, más pesado, más real... apareció él.
Mega.
No era una aparición ni un espíritu. Estaba allí, de carne y hueso, más alto que cualquiera de ellos, con una presencia que hacía que las cosas se inclinaran hacia él como si la gravedad misma lo respetara. Sus ojos miraban con una profundidad que daba la impresión de que había visto el nacer y el morir de cada estrella. Y cuando habló, su voz no era fuerte ni imponente. Era tranquila. Segura. Como quien ya sabe todo lo que va a pasar.
— Gracias —dijo, mirando a todos, deteniéndose un instante en Francesca—. Gracias por no rendirse. Gracias por juntarlas.
Pero antes de que alguien pudiera hacerle preguntas, antes de que pudieran decirle cuánto lo extrañaban, Mega habló de nuevo, y esta vez su voz tenía un peso que hizo que todos se quedaran en silencio.
— Sé que quieren saber qué pasó. Sé que quieren saber contra quién nos enfrentamos. Les voy a decir la verdad, aunque duela escucharla. Cuando peleé contra Domi... fue una pelea que parecía reñida. Parecía que yo podía con él. Parecía que estábamos parejos. Pero eso fue una ilusión. Porque en ese momento... Domi solamente estaba usando su forma base. Su poder básico. Lo más mínimo que tiene.
Un murmullo de asombro recorrió el grupo. Mega negó con la cabeza lentamente.
— Domi no usó ni la décima parte de lo que es. Él tiene formas evolucionadas. Transformaciones que aumentan su poder de maneras que la mente no puede comprender. Y cuando peleamos... él evolucionó dos veces. Solo dos veces. Y con esas dos evoluciones... me ganó sin esfuerzo alguno. Como si yo no fuera nada. Como si yo fuera un niño jugando frente a un gigante.
Todos se quedaron helados. El ser que había derrotado a seres que destruían multiversos con un chasquido de dedos, el ser que Jaguar entrenó para superar, el ser que la Diosa del Abismo amaba... decía que había sido vencido sin esfuerzo con solo dos transformaciones.
— Pero eso no es lo peor —continuó Mega con gravedad—. Yo analicé todo. Cada movimiento, cada cambio en su aura, cada vez que su poder creció. Y descubrí algo que me heló la sangre. Domi tiene tres millones de evoluciones. Tres millones de formas diferentes, cada una más poderosa que la anterior. Y la última... la última evolución... es algo que no tengo palabras para describir. Algo que no debería existir. Algo que podría borrar todo lo que existe sin ni siquiera intentarlo.
Hizo una pausa, dejando que esas palabras se asentaran en cada uno de ellos.
— Y ahora les voy a decir algo que quizás no quieran escuchar. La única forma de derrotarlo... la única manera... sería igualándolo. Llegar a su mismo nivel. Superarlo. Pero eso es prácticamente imposible. Nunca demostró todo su poder. Todo lo que ha hecho, cada multiverso que ha destruido, cada ser que ha derrotado... lo hizo con su poder base. A mí me atacó con su segunda transformación. Y eso fue suficiente.
Mega miró hacia la nada, como si pudiera ver a Domi a lo lejos.
— Si algún día llega a usar sus formas más altas... no sé qué podría detenerlo. Pero mientras tanto... aquí estoy. Y no voy a dejar que llegue más lejos.
Texnolollir lo miró con determinación.
— Si tiene tres millones de evoluciones... entonces nosotros tenemos tres millones de razones para pelear.
Mega sonrió levemente, una sonrisa que tenía tristeza pero también esperanza.
— Esa es la respuesta que yo esperaba escuchar. Porque aunque parezca imposible... lo imposible es lo que ustedes siempre han logrado.
Y así, con la bolsa de almacenamiento infinito guardada con cuidado, con todas las esferas reunidas, y con Mega de regreso entre ellos, comprendieron por primera vez la verdadera escala de lo que enfrentaban. Domi no era solo poderoso. Domi era algo que ni siquiera el más poderoso de los seres podía comprender por completo. Pero ahora ya no estaban solos. Y ahora sabían la verdad. Y saber la verdad... es el primer paso para cambiarla.




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