CAPÍTULO 98 — MULTIVERSO 89: EL ENTRENAMIENTO QUE ROMPE Y RECONSTRUYE
La nave descendió en un lugar que no tenía cielo ni suelo, sino que todo era una inmensa extensión de luz dorada y blanca, tan brillante que parecía ser la sustancia misma de la perfección. En el centro de ese espacio infinito, de pie con esa calma que lo caracterizaba, estaba Infinity. No había nadie más. No había enemigos. No había mundos que salvar. Solo él, esperando. Y cuando Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael se acercaron, Infinity los miró con una seriedad que nunca antes habían visto en él.
— Llegó el momento —dijo Infinity con voz profunda—. Si van a enfrentar lo que viene, si van a llegar al Multiverso 101... necesitan algo más que poder. Necesitan que su ser mismo cambie. Y el cambio duele.
Se giró hacia Texnolollir.
— Vos primero —le dijo—. Vamos a empezar por vos.
Infinity alzó una mano, y sin tocarlo, sin lanzarle nada, hizo algo mucho más terrible: aumentó la presión sobre Texnolollir hasta el límite absoluto. No era una presión física solamente. Era una presión sobre todo lo que él era. Sobre su cuerpo, su mente, su espíritu, su tecnología. Cada circuito, cada hueso, cada pensamiento fue sometido a una fuerza tan inmensa que no hubo material en toda la creación capaz de resistirla.
Y entonces sucedió. Texnolollir se rompió.
No fue un golpe. No fue una explosión. Fue como si algo que estaba entero durante toda su vida se partiera en mil pedazos. Su cuerpo, mitad máquina y mitad ser vivo, crujió y se fracturó. Su armadura se agrietó. Su energía se descontroló. Cayó de rodillas, temblando de una manera que ninguno de ellos había visto jamás, con el rostro contraído por un dolor que iba más allá de lo que cualquier ser podría soportar.
— ¡Se rompió! —gritó Terrari dando un paso adelante, lista para transformarse en Calamity e intervenir.
— ¡No se muevan! —ordenó Infinity con firmeza—. Esto es necesario. Si no se rompe, no puede reconstruirse mejor. Si no cae, no puede levantarse más fuerte.
Y entonces, ante los ojos de todos, comenzó lo imposible. Texnolollir se reparó a sí mismo. Sus fragmentos volvieron a juntarse, su piel y su metal se soldaron, su energía se estabilizó. Pero apenas terminó de reconstruirse, apenas respiró hondo... Infinity volvió a aumentar la presión. Y otra vez. Se rompió de nuevo.
— ¡No! —gritó Texnolollir, cayendo una vez más.
— Reconstruite —le dijo Infinity, sin piedad pero con voz suave—. Más fuerte. Más resistente. De una manera que nunca te rompas tan fácil.
Y así comenzó el ciclo. Una y otra vez. Se rompía y se reparaba. Se rompía y se reparaba. Cada vez que volvía a armarse, su cuerpo era diferente. Más denso. Más sólido. Su tecnología se integraba mejor con su ser. Sus límites se corrían un poco más lejos. Pero cada vez que se rompía, el dolor era el mismo, agudo, terrible, como si le arrancaran todo lo que era.
Mientras tanto, a un lado, la Reina Slime no dejaba de animarlo. Saltaba de un lado a otro, con sus ojos brillantes, y le gritaba con toda su fuerza:
— ¡Dale, mi amor! ¡Vos podés! ¡Romperte es nada para vos! ¡Volvete a armar y demuéstrale quién sos! ¡Ese dolor es solo algo que te hace más fuerte! ¡Vamos, Texnolollir, dale! ¡No te rindas! ¡Rompeté si hace falta, pero volvete más fuerte que antes! ¡Yo te estoy mirando! ¡Yo te estoy aplaudiendo!
Y sus palabras, su energía juguetona pero llena de fe, llegaban a Texnolollir incluso en los momentos más oscuros. Cuando estaba hecho pedazos y no sabía si tenía fuerzas para volver a juntarse, escuchaba la voz de ella y sentía que algo lo empujaba desde adentro.
Pero no todos estaban de pie mirando. Francesca, que había estado observando todo con los ojos entrecerrados, dio un paso adelante. Su aura cambió. Ya no era la misma que venía siguiéndolos. Se giró hacia Infinity y le dijo con una firmeza que hizo que todos se callaran:
— Él no va a hacerlo solo. Si esto es una guerra contra sus propios límites... yo también me enlisto. Yo también entro en la batalla.
Y sin esperar respuesta, Francesca se colocó junto a Texnolollir. No para protegerlo. No para hacerlo más fácil. Sino para sumar su propia fuerza al entrenamiento. Comenzó a canalizar su energía, su poder, su propia esencia, y la vertió sobre él. No para aliviar el dolor, sino para aumentarlo. Para ponerle más peso, más exigencia, más presión.
— ¡Francesca! —exclamó Perfección—. ¿Qué hacés?
— Si va a ser más fuerte —respondió ella sin dejar de mirar a Texnolollir—, que sea de verdad. Que no se quede a medias. Si va a enfrentar lo que viene... necesita ser más fuerte de lo que él cree posible. Y yo voy a ayudarlo a llegar ahí.
Así que ahora eran dos contra uno. Infinity desde un lado, Francesca desde el otro, sometiendo a Texnolollir a una presión doble, un tormento que no tenía fin. Y él, entre gritos y silencios, entre la vida y la destrucción, se rompía y se reconstruía una y otra vez. Cada versión de sí mismo era mejor que la anterior. Cada vez que se armaba, entendía algo nuevo sobre su propio ser. Algo que no se aprende leyendo ni pensando. Algo que solo se aprende cuando te rompés y te levantás solo.
Horas pasaron. Días podrían haber pasado. Nadie lo sabía. En ese lugar el tiempo no corría igual. Y en todo ese tiempo, la Reina Slime no dejó de aplaudir ni un segundo. No dejó de alentarlo. No dejó de decirle lo orgullosa que estaba, aunque él no pudiera escucharla claramente en medio del dolor.
Hasta que llegó el momento. Texnolollir cayó una vez más. Se rompió en mil pedazos más que nunca. Todos pensaron que esta vez no se volvería a armar. Pero entonces, desde el centro de todos esos fragmentos, comenzó a brillar una luz tan intensa que tuvo que hacer sombra a Infinity mismo. Y cuando se reconstruyó... ya no era el mismo. Se puso de pie lentamente, sin temblar, sin rastro de dolor en su rostro. Respiró hondo, y el aire mismo se estremeció a su alrededor.
Infinity asintió con satisfacción profunda.
— Ya está —dijo—. Ya no se rompe tan fácil. Ya aprendió que romperse no es perderse. Romperse es volverse a armar mejor.
Texnolollir miró sus manos, sintió su cuerpo, supo que algo fundamental había cambiado dentro de él. Miró a Infinity, luego a Francesca, y finalmente a la Reina Slime que corrió a abrazarlo.
— ¡Lo hiciste! ¡Lo hiciste! —gritaba ella emocionada—. ¡Sabía que podías! ¡Estabas increíble!
Francesca sonrió levemente.
— Ahora sí —dijo ella—. Ahora sí está listo para lo que viene.
Y mientras todos lo miraban, sabían algo que antes no sabían: el verdadero poder no es nunca romperse. Es la capacidad de volver a armarse, una y otra vez, cada vez mejor que la anterior. Y Texnolollir acababa de aprenderlo en la carne.