Texnolollir

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CAPÍTULO 102 — MULTIVERSO 93: EL ENCUENTRO QUE DOLIÓ MÁS QUE LA DISTANCIA
La nave descendió en un multiverso que parecía hecho de ecos y recuerdos. El cielo tenía un tono grisáceo, como si hubiera estado llorando durante siglos, y el viento traía consigo un nombre que se repetía una y otra vez, en cada susurro, en cada rincón de ese mundo. No era un lugar de batallas ni de monstruos. Era un lugar de espera. De una espera que había durado años enteros.
Cuando Texnolollir, Terrari, Perfección, la Reina Slime, Francesca, el Dios Glotón, Jaguar, Lirael y Kael bajaron de la nave, sintieron de inmediato que algo estaba por suceder. Algo que no era parte de sus planes, algo que ninguno de ellos había previsto. Y entonces la vieron.
Apareció entre la niebla, caminando hacia ellos con paso lento, como si cada paso le costara más de lo que el cuerpo podía soportar. Era ella. La hija de Texnolollir. La que había sido llamada con el nombre del lugar donde nació, la que llevaba grabado en su ser el Séptimo Código de Tenochtitlan. Su ropa estaba desgastada, sus ojos estaban hinchados de tanto llorar, y su mirada tenía algo que hizo que todos se detuvieran: era la mirada de alguien que había buscado por todos lados, que había preguntado a cada ser, que había cruzado multiversos enteros con una sola pregunta en los labios.
Y al final, después de años de caminar, de llorar, de preguntar... lo encontró.
Se detuvo frente a él. Temblaba. No sabía si abrazarlo o si caer de rodillas. Había soñado este momento mil veces, un millón de veces. Se lo imaginaba diferente. Se lo imaginaba diciéndole cuánto lo extrañaba, cuántas noches había llorado sin saber si estaba vivo, sin saber si alguna vez lo volvería a ver. Pero cuando lo tuvo enfrente, cuando lo tuvo tan cerca que podía tocarlo, las palabras se le atoraron en la garganta.
— Papá... —susurró ella, con la voz quebrada, apenas audible—. Te encontré. Por fin te encontré.
Todos esperaban verlo emocionado. Esperaban que la abrazara, que le dijera que también la había extrañado, que no había día en que no pensara en ella. Pero Texnolollir no hizo nada de eso. Su rostro no se iluminó. No dio un paso hacia ella. Al contrario, su expresión se endureció. Y con una voz fría, que no tenía ni un rastro de cariño, le dijo:
— ¿Qué hacés acá? Te dije que te quedaras en tu planeta. Te dije que no vinieras. Debiste haberte quedado allá. A salvo.
El silencio que siguió fue más terrible que cualquier explosión. Ella se quedó helada, como si le hubieran golpeado en el pecho. Las lágrimas que ya tenía en los ojos comenzaron a caer con más fuerza, pero esta vez no eran lágrimas de alegría. Eran lágrimas de dolor. De un dolor que no esperaba.
— ¿Qué... qué decís? —preguntó ella, con los ojos llenos de confusión—. Lloré años enteros. Busqué por todos lados. Crucé lugares que no se le desearían a nadie. Y cuando por fin te encuentro... ¿me decís eso?
— Dije que te quedaras —repitió Texnolollir, sin bajar la mirada, sin suavizar su tono—. Este no es lugar para vos. Debiste obedecer. Debiste quedarte donde estaba seguro.
La Reina Slime dio un paso adelante, con los ojos brillantes de indignación, sin entender lo que estaba viendo.
— ¿Estás loco? —le dijo ella—. Vino buscándote. Te extrañó. Te recorrió todo el universo y vos la recibís así?
— No entendés —respondió Texnolollir, pero no la miró a ella. Seguía mirando a su hija—. No sabés lo que hay allá afuera. No sabés lo que nos espera. Cuanto más lejos estés de esto, mejor. Debiste haberte quedado.
— ¿Y yo debía estar sin saber si estabas vivo? —le preguntó ella, con la voz quebrada pero con una firmeza que le salió de lo más profundo—. ¿Sin saber si te habían matado? ¿Sin saber si alguna vez te volvería a ver? ¿Eso era lo que querías para mí? Vivir sin saber de vos?
Texnolollir calló. No tenía respuesta para eso. O quizás sí la tenía, pero no se atrevía a decirla. Todos lo miraban. Terrari bajó la mirada, comprendiendo algo que los demás aún no veían. Perfección apretó los puños, entendiendo que había algo más detrás de esa frialdad. Francesca tenía los ojos llenos de lágrimas, viendo a esa chica que había recorrido todo para encontrar a su padre y que lo único que recibía era un reproche.
— Caminé años —continuó ella, limpiándose las lágrimas con la manga, con rabia y tristeza a la vez—. Dormí en cualquier lugar. Pedí ayuda a seres que me querían lastimar. Lloré tantas veces que pensé que ya no me quedaban lágrimas. Y todo para encontrarte. Y cuando lo hago... me decís que debí haberme quedado. Como si yo no tuviera derecho a buscarte. Como si vos no fueras mi padre.
Texnolollir respiró hondo. Por un instante, su expresión se quebró. Se vio en sus ojos algo que había estado oculto detrás de esa pared que había levantado. Pero no dijo nada más. No se disculpó. No la abrazó. Solo se dio vuelta y comenzó a caminar hacia la nave.
— Ya me encontraste —dijo él sin mirarla—. Ahora ya sabés que estoy vivo. Volvete. Volvete a tu planeta.
Ella se quedó parada. Lo vio irse. Y por primera vez en años, no lloró de tristeza. Lloró de desolación. Porque lo había encontrado, sí. Pero lo que encontró no era lo que esperaba.
La Reina Slime corrió hacia ella y la abrazó con fuerza, sin decirle nada, solo sosteniéndola mientras ella se rompía. Francesca se acercó también, poniéndole una mano en el hombro. Y todos comprendieron algo: Texnolollir no la había recibido así porque no la quisiera. La había recibido así porque tenía miedo. Miedo de que algo le pasara. Miedo de involucrarla en todo lo que venía. Miedo de que la perdiera. Y en lugar de decirle "te amo y por eso quiero que estés lejos", le dijo "debiste haberte quedado".
Una frase que dolió más que cualquier golpe. Y que dejó a ambos con el corazón roto: ella porque no entendía por qué la rechazaba, y él porque no sabía cómo decirle que la rechazaba precisamente porque la amaba más que a nada.
Y mientras subían a la nave, ninguno hablaba. El silencio pesaba más que cualquier batalla que hubieran librado. Y la pregunta que todos tenían en la mente era la misma: ¿cuándo va a ser el día en que Texnolollir deje de proteger a la gente alejándola de él, y empiece a protegerla teniéndola cerca?




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