CAPÍTULO 106 — MULTIVERSO 97: EL MULTIVERSO VACÍO
La nave no descendió. Se quedó flotando en el borde de ese multiverso que aún no era nada, un lugar donde la creación apenas empezaba a respirar, donde no había montañas ni mares, solo una luz suave que esperaba tomar forma. Pero ellos no bajaron. Se quedaron dentro de la nave.
Reina Slime Eclipse tomó a Texnolollir de la mano y lo llevó hasta un pequeño cuarto, un espacio apartado, tranquilo, que habían acondicionado hacía tiempo solamente para ellos dos. Un lugar donde nadie entraba. Donde podían hablar sin que nadie escuchara. Cerraron la puerta, y allí, en ese rincón que era solo suyo, se sentaron a conversar en voz baja, creyéndose completamente solos.
Pero Francesca andaba curiosa. Andaba de chusma. Los vio irse, vio cerrar la puerta, y en lugar de seguir su camino, se acercó despacio, sin hacer ruido, pegó la espalda a la pared y luego el oído a la puerta, dispuesta a escuchar cada palabra.
Y desde adentro, la voz de Reina Slime Eclipse sonó clara y directa:
— A que no quieres tener un hijo... y tú no quieres decírmelo.
Francesca contuvo el aliento, con los ojos muy abiertos. No esperaba escuchar eso. Pero en ese instante, justo cuando iba a seguir escuchando con más atención, sucedió. El suelo de la nave vibró levemente. Una alarma silenciosa que solo Texnolollir podía detectar se activó. Él se calló de golpe, miró hacia la puerta, y con una sonrisa que mezclaba cariño y burla, dijo lo suficientemente fuerte para que se oyera del otro lado:
— Sé que estás ahí, Francesca. La puerta filtra sonido. Y además... te escuché respirar.
Francesca se quedó helada. Quiso irse, quiso fingir que no había estado ahí, pero sus pies no se movieron. Y entonces la puerta se abrió. Reina Slime Eclipse la miró con una sonrisa traviesa, pero sin dejar de ser firme.
— ¿Te gustó lo que escuchaste? —le dijo—. O ¿querés entrar y contarnos qué opinás?
Francesca se puso roja de la vergüenza. Había ido de chusma, se había escondido para escuchar lo que no era suyo, y había sido descubierta. Se llevó un chasco en toda regla. No supo qué decir. Bajó la mirada, avergonzada.
— Yo... solo pasaba por acá —murmuró.
— Claro que sí —le dijo Reina Slime Eclipse riendo suavemente—. Pasabas justo pegada a la puerta. Bueno, ya que estás ahí... ¿entrás o te quedás escuchando desde afuera?
Y así, con el corazón latiéndole rápido por haber sido descubierta, Francesca entendió que la curiosidad le había jugado una mala pasada. Que cuando dos personas hablan en voz baja y a puerta cerrada, es porque lo que dicen no es para oídos de nadie más. Y que por andar de chusma, se había llevado el chasco que se merecía.