CAPÍTULO 111 — MULTIVERSO 101: EL ENCUENTRO DEFINITIVO (CONTINUACIÓN)
El silencio pesaba más que cualquier explosión. Quedaban dos minutos y medio. Y en ese silencio, Domi habló. No con odio, no con burla, sino con una voz que venía de muy lejos, como si estuviera recordando algo que había sucedido antes de que el tiempo mismo existiera.
— Ustedes creen que saben de poder —dijo Domi mirándolos a todos—. Pero no saben lo que es enfrentarse a alguien que lo tiene todo. Alguien que estaba a mi altura. Alguien que me hizo dudar. Ese fue Mega.
Hizo una pausa, y por un instante, su expresión se suavizó, como si reviviera cada momento de aquella batalla.
— La pelea con Mega fue feroz —continuó él—. Golpe tras golpe, técnica tras técnica. Él me igualaba. Me superaba en momentos. Y lo que más me asombró... fue ver que Mega, al darse cuenta de que no iba a poder conmigo en esa batalla, no se rindió. No se detuvo. Hizo algo que nadie se atrevería a hacer. Lanzó una técnica que rompió el tiempo mismo. Viajó al pasado. Viajó hasta el instante en que yo estaba naciendo. Cuando yo era un niño recién nacido, indefenso, antes de tener ningún poder. Fue a matarme antes de que empezara.
Todos contuvieron el aliento. Eso era algo que no se podía imaginar. Ir al pasado para matar al enemigo antes de que naciera. La jugada más desesperada y más definitiva.
— ¿Y qué pasó? —preguntó Texnolollir, aunque temía la respuesta.
Domi miró hacia el vacío, como si viera aquella escena.
— Cuando Mega llegó ahí, al lado de la cuna donde yo estaba recién nacido, listo para acabar con todo... yo, desde el futuro, simplemente crují los dedos. Y dije: "Quiero una bendición. Que este niño recién nacido esté protegido. Que nadie pueda tocarlo. Ni siquiera el que lo va a crear." Y así fue. Mega no pudo acercarse. No pudo tocarme. No pudo hacerme nada. Yo mismo me puse fuera de su alcance. Y Texnolollir... vos tampoco podrías haberme tocado ahí. Nadie podría.
El silencio que siguió fue aterrador. Comprendieron entonces la magnitud de quien tenían enfrente. No era solo poder. Era control sobre todo. Sobre el tiempo, sobre la vida, sobre lo que era y lo que sería.
— Y ahora —dijo Domi, cambiando el tono de su voz—, basta de palabras.
Domi levantó ambas manos, reunió toda su energía, todo su poder, toda su forma definitiva en un solo ataque, y lo lanzó contra ellos. Fue una técnica que no tenía nombre, una luz que habría borrado la existencia misma si tocaba algo. Pero antes de que pudiera llegar a nadie, el Dios Glotón se interpuso. Recibió todo ese poder directamente en su cuerpo indestructible, lo absorbió, lo contuvo, y en un instante lo devolvió multiplicado por cien. Una ola de energía cien veces más grande se dirigió hacia Domi.
Pero Domi simplemente levantó una mano. Sin esfuerzo. Sin moverse más que eso. Y rompiendo toda lógica, toda ley de la física, toda regla de la realidad... la técnica desapareció. No la bloqueó. No la desvió. Simplemente la borró. Absorbió toda esa energía como si fuera nada.
— ¡Ahora! —gritó Texnolollir.
Todos atacaron al mismo tiempo. Terrari con toda su fuerza oscura. Perfección con ataques calculados al milímetro. Francesca con sus nieblas y luces. Jaguar, Lirael, Kael, el Titán... todos cayeron sobre él. Y en medio de todos, Texnolollir corrió hacia Domi con la espada legendaria en la mano. La espada que esperaba desde siempre. La espada hecha para él.
Domi vio venir el golpe. Intentó defenderse. Intentó detenerlo. Pero cuando la espada lo tocó, cortó a través de todo. A través de su energía, a través de su defensa, a través de su forma más poderosa. Le hizo daño. De verdad. Domi retrocedió, sorprendido, llevándose la mano al lugar donde la espada lo había herido. Miró la sangre que le corría por los dedos, y con una expresión que mezclaba dolor y asombro, dijo:
— No puedo curarme... esta herida no se cierra. Y ahora entiendo... cómo se siente no poder matar.
En ese instante, cuando todos creían que no podía ponerse peor, cuando la espada había demostrado su poder, Reina Slime Eclipse dio un paso adelante. La sombra del eclipse que siempre la rodeaba se hizo más grande, más oscura, cubriendo todo el cielo. Su cuerpo comenzó a brillar con una luz que no era de este mundo. Y con una voz que hizo temblar el suelo mismo, dijo:
— Tengo una técnica. La guardé para este momento. Se llama... Apocalipsis.
Al decir eso, su poder se disparó hacia arriba. Se volvió más grande, más denso, más absoluto. Su cuerpo cambió, se volvió más imponente, su coraza de obsidiana con bordes dorados brilló con una intensidad que cegaba a todos. Su poder aumentó sin límite, sin techo, sin fin. Y entonces, detrás de ella, abriéndose en el cielo mismo, aparecieron un montón de bestias legendarias. Seres que nadie había visto jamás, criaturas de poder antiguo, monstruos de leyenda, todos convocados por esa técnica, todos listos para luchar junto a ella.
Reina Slime Eclipse no se había transformado solo en poder. Había abierto la puerta a algo más grande. Algo que nadie esperaba. Y mientras las bestias legendarias rugían detrás de ella, Domi la miró, y por primera vez... mostró verdadera sorpresa.