Texnolollir

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CAPÍTULO 114 — MULTIVERSO 101: EL GUSANO QUE VUELVE Y LOS DESTINOS SEPARADOS
Domi vio que no podía borrar al gusano gigante. No importaba cuánto poder usara, cuántas técnicas prohibidas lanzara; el gusano seguía ahí, inmenso, inquebrantable, cubriendo el multiverso con su cuerpo como si fuera su propia piel. Entonces Domi cambió de estrategia. No intentó destruirlo. Lo tomó con toda su fuerza, lo levantó del campo de batalla, y lo mandó a otra dimensión, tan lejana y tan ajena que nadie debería haber podido regresar de ahí.
— Ahí te quedarás —dijo Domi con voz firme—. Lejos de aquí. Fuera de mi camino.
Pero apenas terminó de decirlo, una grieta se abrió justo al lado de él. Y de esa grieta salió la cabeza inmensa del gusano, luego su cuello, luego todo su cuerpo, volviendo al mismo lugar como si nunca se hubiera ido. Había abierto un portal. No le había costado nada. No había hecho ningún esfuerzo. Simplemente había dado un paso desde esa otra dimensión de vuelta a la batalla. Y volvió a colocarse en su lugar, listo para seguir peleando. Domi lo miró, con los ojos entrecerrados, sintiendo que cada vez había más cosas que no podía controlar.
Mientras tanto, en esa realidad donde Domi había enviado a Perfección, el escenario era aterrador. Seres de poder inimaginable, algunos incluso superiores al mismo Domi, lo rodeaban. Lo golpeaban. Lo destrozaban una y otra vez. Su cuerpo se rompía, se regeneraba, y volvían a destrozarlo. Pero Perfección no se rendía. No caía del todo. Y en medio de ese infierno, comprendió algo: iba a estar ahí un billón de años. Un billón de años recibiendo golpes, aprendiendo, adaptándose, haciéndose más fuerte cada vez que lo rompían. Y cuando saliera de ahí... sería el ser más poderoso de ese lugar. Nadie sabía cuánto tiempo pasaría allá afuera mientras él estuviera adentro, pero una cosa era segura: cuando regresara, ya no sería el mismo.
Y en la Nada Misma, Terrari seguía flotando en ese vacío oscuro, sin tiempo, sin espacio, sin nada que le diera una pista de cómo salir. Daba vueltas, buscaba, intentaba usar su poder, su forma Calamity, todo se desvanecía en esa oscuridad. Y entonces se puso a pensar. Se puso a pensar en Francesca. "¿Cómo lo hace? —se preguntó—. ¿Cómo hace para volver siempre? No importa cuántas veces la borren, cuántas veces la envíen lejos... ella siempre está de vuelta. ¿Qué tiene ella que yo no tengo?" Y mientras buscaba la respuesta, empezó a entender que no era cuestión de poder. Era algo más profundo. Algo que ni siquiera Domi había logrado comprender del todo.
De vuelta en el campo de batalla, la pelea se volvió más feroz que nunca. Texnolollir con la espada legendaria, Reina Slime Eclipse con su hoz y su energía infinita, el Dios Glotón recibiendo cada golpe, Francesca siempre volviendo, el gusano inmenso sosteniendo el cielo... todos empujaban a Domi al límite. Y entonces Domi miró hacia un lado, vio a Jaguar, y una sonrisa se le formó en los labios.
— Miren quién tenemos acá —dijo Domi con una voz que heló la sangre de todos—. Tenemos al aprendiz de Mega. Ya sé qué hacer contigo.
Antes de que Jaguar pudiera dar un paso, antes de que pudiera defenderse, Domi levantó un dedo y lo borró completamente de toda la existencia. No fue enviado a ningún lugar. No fue transportado. Simplemente dejó de estar. Dejó de haber estado. Como si nunca hubiera existido.
Y luego sus ojos se posaron en los hijos de Mega, que peleaban con todo lo que tenían, con la fuerza de su padre y de su madre juntos. Domi los miró, y por un instante mostró algo que parecía respeto.
— Vaya —les dijo—. Los aplaudo. Tienen valor por venir aquí. Pero los voy a mandar a un lugar que los hará cambiar de opinión sobre haber venido.
Los teletransportó a los dos al mismo tiempo. Aparecieron en una realidad alterna, un mundo que no era el suyo. Y cuando miraron a su alrededor, se quedaron helados. Ahí estaba ella: su madre, la Reina del Abismo. Pero no era la que ellos conocían. En esa realidad, ella era diferente. Era la causante de muertes incontables, una fuerza destructiva que no conocía piedad. Y su poder... era incluso mucho mayor que el de Domi. Ella los miró, no con amor, no con reconocimiento, sino con hambre. Y antes de que pudieran hablar, antes de que pudieran explicar quiénes eran, ella se abalanzó sobre ellos. Fueron devorados por su propia madre.
De vuelta en el campo de batalla, Domi miró a su alrededor. Faltaba Perfección, faltaba Terrari, faltaba Jaguar, faltaban los hijos de Mega. Y sin embargo, los que quedaban seguían de pie. El gusano inmenso seguía ahí. Reina Slime Eclipse levantaba su hoz. Texnolollir empuñaba la espada legendaria. Y la pelea se hizo más intensa que nunca, porque ahora sabían algo: Domi no dudaba en separarlos, en borrarlos, en enviarlos lejos. Y eso significaba que los estaba tomando en serio. Que los temía. Y que la verdadera batalla apenas estaba comenzando.




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