Texnolollir

118

CAPÍTULO 118 — MULTIVERSO 101: LA ESPADA Y LAS ALAS
Francesca se movía a una velocidad que la realidad misma apenas podía seguir. No se veía su figura, solo un rastro de luz roja que aparecía y desaparecía en cada rincón del campo de batalla, golpeando, esquivando, reapareciendo detrás de Domi, a su lado, encima de él, sin darle un segundo de respiro. Sus ojos seguían rojos, brillando con una intensidad que quemaba el aire, y cada golpe que lanzaba era tan rápido que Domi apenas tenía tiempo de levantar las manos para defenderse. Y así, como ella quería, Domi se enfocó solamente en ella. Todo su poder, toda su atención, toda su furia se dirigieron contra Francesca, perdiendo de vista por un instante al resto.
Aprovechando ese momento, Texnolollir extendió las manos. Y el cielo se llenó de luces. Millones y billones de portales se abrieron por todo el multiverso, girando, brillando, conectando cada punto con cada otro punto. Portales que él podía usar para moverse de un lado a otro al instante, sin perder tiempo, sin que nadie pudiera predecir de dónde vendría. Y entre esa red infinita de luces, Texnolollir desapareció. Pasó de un portal a otro, saltando por todos lados, apareciendo aquí y allá, una sombra que se movía entre realidades.
Mientras Francesca mantenía a Domi ocupado, golpeándolo y haciéndolo girar sobre sí mismo, Texnolollir apareció de golpe detrás de él. Empuñó la espada legendaria con ambas manos, sintió el poder que corría por ella, y con un grito que resonó en todos los portales, cortó. Una tras otra, atravesó el aire y cortó todas esas alas infinitas. Miles, millones, trillones de alas cayeron al mismo tiempo, desprendidas de la espalda de Domi, cayendo como una lluvia de plumas que habría podido cubrir galaxias enteras.
Pero en lugar de debilitarlo, todo empeoró. Domi no cayó. No se debilitó. Al contrario, su aura explotó hacia afuera, haciéndose más grande, más terrible, más absoluta. Su cuerpo se rodeó de una electricidad de color negro, rayos que no caían del cielo, sino que nacían de él mismo, retorciendo la realidad a su alrededor. Y las alas que habían sido cortadas, que estaban cayendo... no desaparecieron. Se transformaron. Dejaron de ser plumas y se convirtieron en alas de energía pura, negras, brillantes, más grandes y más aterradoras que antes. Había sido cortado, y eso lo había hecho más fuerte.
— ¿Creen que eso basta? —rugió Domi, y su voz hizo temblar cada portal que Texnolollir había abierto—. ¡Cada vez que me corten, me hago más poderoso! ¡Cada vez que me lastimen, mi poder sube!
En ese instante, Reina Slime Eclipse se lanzó hacia adelante con todo su poder. Su forma brillaba con la sombra del eclipse detrás de ella, su hoz en la mano, su energía infinita fluyendo sin límite. Y mientras Domi estaba ocupado con Francesca y con Texnolollir, ella se acercó por el lado que nadie esperaba. Con un movimiento fluido, rápido, preciso, le cortó las nuevas alas de energía a Domi, y al mismo tiempo, con un segundo golpe que siguió al primero sin interrupción, le cortó ambos brazos.
Domi se quedó inmóvil un instante. Las alas desaparecieron en un destello. Sus brazos cayeron al suelo. Y por primera vez en toda la batalla, Domi se quedó sin palabras. Miró sus muñones, miró la sangre que corría, y con una expresión de asombro genuino, susurró:
— ¿Cómo pudiste tocarme? ¿Cómo pudiste... hacerme daño?
Intentó entonces hacer lo que siempre hacía. Movió la mente para borrarlos. Para teletransportarlos. Para cambiar la realidad y hacer que esos cortes nunca hubieran existido. Pero nada pasó. Intentó técnicas prohibidas que nadie había visto jamás, gestos que habrían reescrito la historia del multiverso... y no funcionó nada. No podía borrar los golpes. No podía sanar los brazos. No podía hacer que el daño desapareciera. La espada legendaria y la hoz de Reina Slime Eclipse habían hecho algo que ni él podía deshacer.
Y así la pelea continuó, más extensa y más feroz que nunca. Domi sin brazos, sin alas, pero todavía siendo Domi, lanzando ataques con la sola fuerza de su voluntad, mientras Francesca lo golpeaba desde todos los lados, Texnolollir saltaba por los portales apareciendo donde menos lo esperaba, y Reina Slime Eclipse avanzaba paso a paso, sabiendo que cada golpe que le daba era algo que él no podía borrar. Una batalla que se extendió por horas, por días, por un tiempo que ya no se medía igual, donde cada uno daba todo lo que tenía, y donde Domi, por primera vez en su existencia, estaba realmente acorralado




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