Texnolollir

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CAPÍTULO 119 — MULTIVERSO 101: LA AUTODESTRUCCIÓN (LA FINAL)
Domi gritó con toda la fuerza que le quedaba, una voz que se rompió en el vacío, cargada de rabia, hastío y algo que parecía derrotación:
— ¡Me tienen harto! ¡Voy a hacer lo que nunca pensé que iba a hacer! ¡Voy a autodestruirme!
Antes de que nadie pudiera reaccionar, antes de que pudieran intentar detenerlo, su cuerpo comenzó a brillar. No con la luz de su poder, sino con una luz blanca, cegadora, terrible. La autodestrucción fue tan poderosa que el propio multiverso comenzó a desmoronarse. Los cielos se rompieron, el suelo desapareció, la realidad misma se volvía frágil como cristal. Cualquier ser normal habría sido borrado de la existencia en un instante. Incluso ellos, con todo su poder, tuvieron que hacer un esfuerzo para poder soportar tal destrucción.
La luz se intensificó hasta que nada más se veía. Y en ese instante:
- Reina Slime Eclipse se transformó en vapor de un solo golpe. Desapareció, volviendo a su morada, el lugar donde había nacido, donde se sentía segura, alejada de toda esa destrucción.
- Francesca fue borrada completamente de existencia. Se desvaneció como si nunca hubiera estado. Pero como siempre, como todos ya esperaban, un instante después reapareció, intacta, en el mismo lugar, con esa calma que nunca abandonaba.
- Texnolollir se había hecho tangible para intentar soportar el impacto, y terminó completamente borrado. Su cuerpo seguía ahí, flotando en el vacío, pero todo lo demás no estaba más. No había alma, no había energía, no había la tecnología que se había fusionado con él. Solo el cuerpo, vacío.
Y el cuerpo de Domi también quedó flotando, junto al de Texnolollir. Pero ya no existía. Ya no había nada dentro de él. No había poder, no había voluntad, no había ser. Había desaparecido con la autodestrucción.
La luz se apagó. El silencio volvió. La batalla se había terminado.
Solo quedaban ellos tres: el cuerpo vacío de Texnolollir flotando en el vacío, Francesca de pie, y entonces Reina Slime Eclipse volvió de su morada. Se acercó al cuerpo de Texnolollir, y por primera vez en toda su existencia, comenzó a llorar. Lágrimas de su sustancia caían sobre el cuerpo vacío, brillando como perlas en el espacio.
Francesca se acercó con suavidad y la consoló, colocando una mano sobre su hombro. No dijo nada. No hacía falta. La calma de Francesca era suficiente para hacerle sentir que no estaba sola.
Al día siguiente, cuando el multiverso comenzó a recomponerse, cuando las primeras estrellas volvieron a aparecer en el cielo nuevo, las tres se quedaron mirándolas. Reina Slime Eclipse ya no lloraba, pero su mirada estaba cargada de recuerdos. Francesca estaba a su lado, tranquila. Y el cuerpo de Texnolollir seguía ahí, flotando, como un recuerdo de todo lo que habían pasado, de todo lo que habían luchado.
El multiverso era nuevo. Diferente. Y ellos eran los únicos que recordaban la batalla que había cambiado todo.




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