El salón del palacio estaba lleno de murmullos. La nobleza observaba en silencio, esperando el veredicto final.
Aria Roscent permanecía de pie en el centro, con las manos temblando apenas, pero la mirada firme. Había pasado años construyendo su posición dentro de la alta sociedad… y todo estaba a punto de derrumbarse.
La acusación era clara: traición.
Y detrás de todo, como siempre, estaba la influencia de Mielle, su hermanastra, cuya sonrisa inocente ocultaba una red de mentiras cuidadosamente tejidas.
La trampa perfectaCada palabra en su contra había sido calculada.
Aria comprendió demasiado tarde que no estaba enfrentando un simple conflicto familiar… sino una ejecución social cuidadosamente planeada.
Cuando intentó defenderse, el silencio del tribunal fue más pesado que cualquier sentencia.
El momento finalLa decisión llegó sin sorpresa.
Culpable.
La condena no necesitó gritos ni violencia. Solo una sentencia fría que borró todo lo que Aria había construido.
Mientras era escoltada fuera del salón, su mirada se cruzó con la de Mielle.
Ella sonreía.
No con nervios… sino con satisfacción.
El final… o algo másLa noche cayó sobre la prisión donde Aria fue encerrada.
El mundo afuera seguía su curso, como si ella nunca hubiera existido.
En la oscuridad, el único objeto que conservaba era un pequeño reloj de arena que había pertenecido a su madre. Un objeto inútil… o eso creía.
Mientras la arena caía lentamente, Aria cerró los ojos por última vez.
Y el tiempo… se rompió.