Aria abrió los ojos de golpe.
No había oscuridad, ni frío, ni barro de prisión. En su lugar, el techo decorado con telas suaves y luces doradas la rodeaba.
Parpadeó varias veces.
—Esto… no puede ser…
Su voz sonó más aguda, más ligera. Su cuerpo… era pequeño.
Se levantó de la cama y corrió hacia el espejo.
Lo que vio la dejó sin aire: una niña de nuevo.
El tiempo se ha revertidoEl corazón le golpeaba el pecho con fuerza.
Reconocía cada detalle de aquella habitación: los muebles, las cortinas, incluso el perfume en el aire.
Era su cuarto… años atrás.
Antes de la caída. Antes de Mielle. Antes de todo.
El reloj de arena… seguía en su mano.
La primera comprensiónAria cayó de rodillas.
Por un momento, no sintió alegría.
Sintió miedo.
Porque si esto era real… entonces todo lo que había vivido también lo era.
Y eso significaba algo aún más importante:
Tenía la oportunidad de cambiarlo todo.
La promesaLa niña frente al espejo ya no era la misma.
Sus ojos, aunque jóvenes, tenían una profundidad distinta. Una decisión ya estaba naciendo dentro de ella.
—No voy a perder otra vez…
Sus dedos se cerraron alrededor del reloj de arena.
—Esta vez… seré yo quien decida el final.