La mañana llegó con luz suave atravesando las ventanas del antiguo hogar Roscent.
Aria ya no era la misma.
Ahora observaba cada detalle con una precisión distinta: los pasos de los sirvientes, los horarios de la casa, las conversaciones que antes ignoraba… todo era información.
Todo era una oportunidad.
El primer encuentroEn el jardín principal, risas delicadas flotaban entre las flores.
Ahí estaba ella.
Mielle.
Pequeña, impecable, con una expresión dulce que engañaría a cualquiera.
—Aria, ¿quieres jugar conmigo? —preguntó con una voz suave.
En su vida anterior, esa frase había sido el inicio de muchas cadenas invisibles.
Pero esta vez… Aria sonrió.
No una sonrisa inocente.
Una calculada.
—Claro —respondió.
El cambio invisibleMientras jugaban, Aria notó algo diferente.
Mielle no era tan cuidadosa como recordaba. Sus palabras aún no tenían el filo oculto de la adultez.
Este era el momento perfecto.
La oportunidad de cambiar pequeñas cosas… antes de que el veneno creciera.
La primera decisiónEn lugar de seguir el juego como antes, Aria tomó una ruta distinta.
Cada movimiento era silencioso.
Pero el destino… ya estaba reaccionando.
La sensación extrañaDe pronto, el reloj de arena en su bolsillo brilló tenuemente.
Aria se detuvo.
Algo había cambiado.
No mucho.
Pero suficiente para notarlo.
El futuro… ya no era exactamente el mismo.
Y eso significaba que el juego había comenzado de nuevo.