El día avanzó con normalidad en la mansión Roscent… o al menos eso parecía.
Pero Mielle no dejaba de pensar en Aria.
Había algo diferente en ella.
No era su sonrisa.
Ni su forma de hablar.
Era su silencio.
Un silencio que antes no existía.
La observadora invisibleMientras el té se servía en el salón, Mielle analizó cada gesto de su hermanastra.
Aria ya no reaccionaba como antes.
Ya no caía en pequeñas provocaciones.
Ya no mostraba sorpresa fácil.
Era como si… ya supiera lo que iba a pasar.
El primer error del pasadoEn la vida anterior, Mielle había logrado provocar una escena durante esa misma tarde.
Una caída “accidental”.
Un sirviente acusado injustamente.
Y una pequeña grieta en la reputación de Aria.
Pero esta vez…
Aria no estuvo donde debía estar.
El accidente nunca ocurrió.
La incomodidad creceMielle apretó ligeramente su taza.
—¿Coincidencia? —susurró para sí misma.
Pero algo en su interior le decía lo contrario.
Aria estaba cambiando la historia.
Y eso no era aceptable.
Aria observa de vueltaDesde el otro extremo del jardín, Aria observaba sin ser vista.
Ya no era la presa.
Ahora era la que estudiaba.
—Ya empezaste a notar el cambio… —pensó.
El reloj de arena en su bolsillo volvió a brillar débilmente.
El destino estaba empezando a tensarse.