Mientras los sirvientes preparaban vestidos y joyas, Aria decidió recorrer sola los jardines de la mansión. Necesitaba pensar en cómo evitar los errores de su vida anterior.
Al llegar al invernadero, escuchó un ruido.
Un joven intentaba recoger unos libros que habían caído al suelo.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Aria mientras lo ayudaba.
El muchacho levantó la vista y sonrió con amabilidad.
—Gracias. Soy Asher, el nuevo tutor contratado por el conde.
Aria sintió un escalofrío.
En su vida anterior, Asher había sido despedido injustamente pocos días después de llegar a la mansión, acusado de un robo que nunca cometió. Nadie creyó en su inocencia.
Pero esta vez podía impedirlo.
—Espero que podamos llevarnos bien —dijo Aria con una sonrisa sincera.
Asher hizo una elegante reverencia.
—Será un honor, señorita.
Desde una ventana del segundo piso, Mielle observaba la escena con atención.
—¿Quién es ese joven... y por qué Aria parece conocerlo? —murmuró, frunciendo el ceño.
Aquella conversación, aparentemente insignificante, marcó un nuevo cambio en la historia.
Por primera vez, Aria había salvado a alguien antes de que el destino pudiera arrebatárselo.
Mientras el sol se ocultaba, el reloj de arena volvió a emitir un tenue resplandor.
Aria comprendió que cada decisión alteraba el futuro.
Y el banquete que se acercaba sería la primera gran prueba de su nueva vida.